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El dramático caso de Marilyn y Sam Sheppard: Un mediático asesinato que nunca pudo resolverse

La mujer del destacado cirujano murió en su casa en 1954.

Durante nueve años, Marilyn y Sam Sheppard fueron un matrimonio ejemplar. Hasta que llegó el fatal 3 de julio de 1954. Ahí ocurrió un asesinato con una verdad imposible de encontrar, y una conmoción mediática que transformó la vida del doctor en una pesadilla.

Esa noche, la pareja se encontraba junto a parte de sus vecinos en su casa del Lago Erie en Cleveland. Mientras veían una película, el neurocirujano se quedó dormido en el living, por lo que fue su mujer la que cerró la velada y despidió a los invitados.

No se sabe por qué, pero la mujer no despertó a su marido, si no que fue a acostarse sola al dormitorio principal. Horas más tarde, en la madrugada del 4 de julio, Marilyn fue golpeada al menos 20 veces en la cabeza, falleciendo de forma instantánea dentro de su propia cama.

Sam escuchó los ruidos y subió, solo para ser noqueado por lo que describió en su testimonio como una “forma blanca”. Una vez que recuperó la consciencia, llamó a un vecino alrededor de las 05:30. Cuando él y su esposa llegaron, lo encontraron semidesnudo, completamente desorientado y con una mancha de sangre en su pantalón.

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Marilyn y Sam Sheppard junto a su pequeño hijo.

Increíblemente, ni el perro de la familia ladró para alertar de un posible intruso, y Reese Sheppard, el hijo de siete años quien dormía en la pieza de al lado, no escuchó el ataque.

Cuando arribó a la escena, el juez de primera instancia, Sam Gerber, le dijo a un periodista que “es obvio que es culpable”, y en eso se basaron los medios para exigir públicamente que pagara por el crimen.

Las semanas siguientes, Sheppard se transformó en el centro de atención. La prensa quería que fuera condenado, más aún con las primeras pruebas: no había entrada forzada a la vivienda, el supuesto sospechoso no robó nada y, para peor, en una bolsa se encontraron su anillo, llaves y reloj cubiertos de sangre.

Un mes más tarde, el médico fue arrestado por la muerte de su fallecida pareja. Uno de los motivos con los que se especuló fue su romance con Susan Hayes, una técnica de laboratorio en el hospital donde trabajaba. Aunque al principio lo negó, finalmente admitió que llevaban dos años juntos.

Recién en diciembre de ese año llegó la condena para Sheppard, luego de que el juicio se realizara en octubre. Fue condenado a cadena perpetua, con la posibilidad de libertad condicional al pasar 10 años. Pero eso no fue lo más dramático que le ocurrió.

Sheppard Juicio

El primer juicio contra el doctor fue descrito como un “circo mediático”.

Tras conocerse la noticia, su madre se suicidó y, solo días más tarde, su padre también murió. Sabiendo del impacto familiar, sus hermanos lo siguieron apoyando y se encargaron de contratar a un científico forense para reexaminar la evidencia contra Sam.

Años después, en 1961, el nuevo abogado de Sheppard logró que el caso se reabriera. Lee Bailey acusó al juez Edward Blythin de ser parcial, de dejarse llevar por la presión mediática para encontrarlo culpable y de buscar ganancia propia para ser reelegido.

Blythin pasó al escrutinio público cuando la columnista Dorothy Kilgallen, quien estuvo en el primer juicio, reveló que él le dijo en una conversación privada que “Sheppard no puede ser más culpable”. Si la confesión la hubiera dicho en 1954, al magistrado lo hubieran despedido y el veredicto hubiera cambiado drásticamente.

Pasaron otros cinco años para tener un segundo juicio, luego de que a Sam lo liberaran de prisión tras revocar la primera condena por ser injusta y parcial de parte de Blythin, quien finalmente fue removido.

Fue en esa instancia en la que el doctor Paul Leeland, el forense que contrataron sus familiares, dijo que el asesino debió quedar cubierto de sangre, pero que Sam solo tenía una pequeña muestra. Además, mencionó que el criminal era zurdo, y Sheppard era diestro. La evidencia más importante a favor del cirujano, eso sí, fue que la mancha encontrada en la puerta del clóset no pertenecía a él ni Marilyn, por lo que hubo una tercera persona en la habitación.

Hayes

Hayes terminó confesando que fue la amante del neurocirujano.

Y claro, hubo que investigar a otros sospechosos. Uno fue Richard Eberling, quien trabajaba para los Sheppard. Si bien pasó una prueba de polígrafo en un primer momento, cuando se le encarceló por el asesinato de otra mujer confesó que también mató a Marilyn. Sin embargo, murió al poco tiempo y nunca fue condenado.

Quien también estuvo bajo investigación fue Esther Houk, la señora del alcalde del pueblo Spencer, y el supuesto amante de la mujer que fue asesinada. De todos modos, jamás se encontró evidencia en su contra ni tampoco pruebas de que el marido la haya engañado con Marilyn.

No hubo más motivos para mantener a Sam en la cárcel, y fue liberado. Después se casó en dos oportunidades, perdió su licencia por el fallecimiento de dos pacientes y murió a los 46 años por fallas en su hígado tras volverse alcohólico, y sin nunca saber quién cambió su vida para siempre esa noche de verano en Estados Unidos.

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