Joven se transformó en investigadora privada para descubrir al asesino de su mejor amiga: Lo encontró más de 20 años después

Ángela Samota fue asesinada en 1984.

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El 13 de octubre de 1984 ocurrió uno de los crímenes más horrendos en toda la historia de Estados Unidos: Ángela Samota, de tan solo 20 años, fue asesinada en su propio departamento de 18 puñaladas.

La noche anterior, había ido con unos amigos a una discoteque. Llegó pasadas las una de la mañana a su casa, y llamó a su novio al escuchar ruidos al interior de su vivienda.

“Habla conmigo”, le dijo a Ben McCall, quien se encontraba durmiendo debido a que al día siguiente debía despertarse temprano para ir a trabajar en una construcción.

Instantes después, colgó el teléfono y le dijo que lo volvería a llamar. Como eso no ocurrió, fue el joven quien desesperadamente comenzó discar el número de su pareja.

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Ángela Samota.

Nadie contestaba. Completamente asustado, se dirigió al edificio donde vivía. Tampoco tuvo respuesta cuando tocó la puerta, por lo que se contactó inmediatamente con la policía.

Una dupla llega aproximadamente a las 02:15 de la madrugada. Una vez que lograron acceder al interior, se encontraron con una escena absolutamente brutal.

Angela estaba desnuda sobre su cama. Tiene los ojos abiertos, sus piernas colgando y, lo más horripilante de todo, el corazón encima de su pecho después de que el asesino se lo sacara.

Rápidamente se armó la lista de sospechosos: Russell Buchanan, uno de los amigos que la había acompañado a la fiesta, fue uno de ellos. Pero siempre negó ser el autor, y testificó que apenas llegó a su casa se quedó dormido.

McCall también fue investigado, al igual que el ex pololo de Samota. De hecho, algunos oficiales lo consideraron culpable por un antecedente previo: En una discusión, le cortó la ropa y la amenazó con un cuchillo.

Buchanan

Russell Buchanan, en 2012.

Semanas después llegó un hallazgo clave: Al estudiar la sangre y saliva encontrada, se supo que el atacante poseía una mutación genética que evitaba que su grupo sanguíneo apareciera en sus fluidos. ¿Quién tenía esta condición? Solo Buchanan.

Pero no fue lo más determinante del caso. La aparición de Sheila Gibbons, la mejor amiga de Angela, terminó siendo decisiva no solo por cómo colaboró con los detectives, si no que por su propia investigación.

Cuando la policía aceptó su ayuda, se reunió con Russell a comer. La historia que él le contó fue la misma que le mencionó a las autoridades, y era 100% verdad: Que no se enteró del asesinato hasta horas después.

2004. Han pasado 20 años y Gibbons, una noche durmiendo en su casa, ve en sus sueños a quien era su más cercana confidente. Se despertó y llamó al departamento de Dallas. Le dejó un mensaje al oficial que más conocía, pero nunca recibió un llamado de vuelta.

Gibbons

Sheila Gibbons.

Fue esa actitud la que la llevó a estudiar investigación privada. En entrevista con la revista People, confesó que en todo ese tiempo trató de contactarse más de 750 veces con los detectives. Y su insistencia valió el esfuerzo.

Gibbons logró que el crimen fuera nuevamente examinado. A cargo quedó la investigadora Linda Crum, quien en 2006 consiguió la prueba de ADN que dio con el culpable al hacerle estudios a las uñas de Samota.

¿Buchanan? Para nada. El asesino resultó ser Donald Andrew Bess Jr, quien en 1984 estaba en libertad condicional pese a que, en 1978, había sido condenado a 25 años de prisión por secuestro y violación.

8 de junio de 2010: El veredicto en el juicio contra el sujeto apodado “La Bestia” es categórico. “Culpable y condenado a muerte”, dice a viva voz el juez. La satisfacción de Sheila es evidente.

¿Y Russell, el que todos pensaban que era el culpable? En la actualidad es un arquitecto de renombre en Estados Unidos, y Gibbons reconoció que reunió con él para pedirle perdón, y que incluso en más de una ocasión han visitado juntos la tumba de Ángela.

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