Leah Roberts: La historia de la joven desaparecida a la que recuerdan cada año con caravana masiva en EE.UU.

El 18 de marzo de 2000, se encontró su auto abandonado en un terraplén.

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Con solo 24 años, Leah Roberts vivió hechos sumamente dramáticos: su madre falleció por una enfermedad cardíaca, su padre por un problema pulmonar y, como si no fuera suficiente, casi pierde la vida en un accidente de auto que le perforó un pulmón.

Quienes la conocían, en especial su hermana Kara, sabían que esas experiencias la afectaron de sobre manera, a tal punto que estaba cuestionándose sus ganas de vivir.

El 13 de marzo de 2000, su desaparición fue denunciada a la policía. Cinco días más tarde, su auto fue encontrado abandonado en un terraplén en Canyon Creek, en el estado de Washington.

Un testigo dijo que la vio caminando desorientada en una gasolinera. Cuando los investigadores le pidieron más datos, cortó el teléfono, pero de igual manera siguieron su rastro.

Roberts nació en 1976, en Carolina del Norte, y era la menor de los hermanos. Tras la muerte de su mamá en 1996, se tomó un tiempo libre de la universidad y regresó recién dos años más tarde.

Leah-Roberts

Roberts vivió muchas emociones fuertes antes de desaparecer.

Precisamente, en 1998 estuvo a punto de fallecer tras chocar de frente con un camión. “Fue como nacer de nuevo”, le contó a sus cercanos cuando comenzó su recuperación.

Semanas antes de marcharse a Costa Rica,  en 1999, perdió a su papá. Kara quedó a cargo de todas sus cuentas bancarias y, en una decisión que cambió su vida, abandonó los estudios pese a estar cerca de licenciarse de antropología.

Aprendió a tocar guitarra y pasaba su tiempo libre disfrutando de la fotografía. Junto a esto, empezó a escribir poesía en cafeterías locales y comentó que quería hacer un viaje por la costa oeste de Estados Unidos.

9 de marzo de 2000. Habló por teléfono con su hermana y quedaron de juntarse. Ese mismo día, su compañera de cuarto Nicole notó que el jeep Cherokee de Leah no estaba.

No le pareció extraño… hasta que pasaron las horas y nadie tuvo noticias de ella. Fue entonces cuando, en conjunto con los familiares de Roberts, anunciaron que estaba desaparecida.

Faltaba una enorme cantidad de ropa y tampoco hallaron al gato que juntas habían adoptado: Bea. “No soy suicida, sino que todo lo contrario”, fue la nota que encontraron en su pieza.

Kara Roberts

Kara hizo todo lo posible por encontrar a su hermana.

Kara revisó las cuentas de su hermana y notó que no solo sacó miles de dólares, sino que además pagó con su tarjeta un motel ubicado en Memphis, Tennessee.

Días más tarde, los rastros de las compras terminaron y, a más de una semana de su abrupta partida, una pareja encontró el vehículo, lo que motivó la participación del FBI en la investigación.

Y aquí es donde aparecen detalles bastante extraños. El motor había sido manipulado, sus objetos personales seguían en el interior y no había ninguna gota de sangre.

Otras pertenencias de Leah, como su ropa, pasaporte, CD’s y su guitarra se encontraron dispersas en la zona donde apareció el auto. Sin embargo, como también se hallaron cerca de US$ 3 mil y joyas, quedó descartado cualquier robo.

Investigadores revisaron el video de la cámara de seguridad una bencinera ubicada en Oregon, al sur de Washington. La vieron en buenas condiciones y aparentemente sola, pero tampoco pudieron confirmarlo porque en el estacionamiento no había cámaras.

Fue tal el impacto que generó las circunstancias de su desaparición, que su hermana se contacto con Monica Caison, una mujer que ya había ayudado a otras familias a buscar a personas.

Ella misma organizó una caravana por todo el país para que nadie la olvidara, y crear conciencia sobre otros casos de personas desaparecidas. Además, apareció junto a Kara en entrevista con Larry King en CNN, diciendo que “queremos que todo el mundo la recuerde”.

De hecho, todos los años en la fecha de su desaparición, la caravana se sigue realizando, con el fin de que Leah Roberts nunca quede en el pasado.

La última pista de este escalofriante caso llegó en 2006. Otros detectives encontraron una huella debajo del capo y ADN masculino en una de sus prendas de vestir.

Sin embargo, no pudieron resolverlo, pues el sospechoso que tenían, un hombre que confesó haber conversado con ella horas después de su desaparición y que trabajaba como mecánico, se fue a vivir a Canadá. En consecuencia, no pudieron corroborar su huella digital.

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