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Marihuana y trufas mágicas: Así es el transparente negocio alucinógeno en Ámsterdam

La venta y consumo de drogas está regulada en la capital holandesa, siendo uno de los atractivos turísticos más potentes.

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Ámsterdam, la liberal capital de Holanda, cuenta con muchos mercados, museos como los del pintor Vincent van Gogh o la casa de la niña judía Anna Frank, canales y barrios que están abiertos a que uno descubra sus misterios, pero la mayoría de las preferencias turísticas van por lo que realmente está prohibido en el resto del mundo, mientras que ahí está completamente regulado: la venta y consumo de cannabis.

Vincent Vega, el ondero personaje de John Travolta en Pulp Fiction, sostuvo un memorable diálogo sobre su estadía en Ámsterdam y la marihuana: “It’s legal to buy it, it’s legal to own it, and if you’re the proprietor of a hash bar, it’s legal to sell it” (Es legal comprarla, es legal poseerla, y si eres dueño de un coffeeshop, es legal venderla).

Efectivamente, tal como decía el popular sicario salido de la mente de Quentin Tarantino, ya en el primer acercamiento a esta ciudad el fuerte olor a cannabis, ya sea en su estado puro o mezclada con tabaco, es el primer aroma que uno recibe al caminar por sus calles.

Ahí aparecen la figura de los coffeeshops, pequeñas cafeterías administradas por personas naturales, donde la venta y consumo de cannabis está despenalizada para mayores de 18 años, pero hasta cierto punto.

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El límite de venta son los cinco gramos, es decir, en cualquier condición puedes portar hasta 5 gramos en la calle sin problemas, pero si la policía te sorprende con algo más de esa cantidad puede multarte o incluso llevarte detenido.

Pero eso es relativo, ya que son pocas veces en que la policía interviene ante la enorme cantidad de consumidores que existe y que no sólo la fuman en estos locales, sino que también la fuman en la calle, plazas, parques y casas. En todos lados.

Previa presentación del documento de identidad o pasaporte para demostrar la mayoría de edad, uno tiene distintas opciones para adquirir la cannabis.

Los catálogos ofrecen sus distintas variedades en ventas por gramo o por cigarro, ya sea para consumir en el local o llevarla sin ningún problema. Los precios fluctúan entre 3 euros el pitillo mezclado con tabaco, 10 euros el natural y hasta 20 euros por gramo de la planta.

Y aunque en el último tiempo, las autoridades holandesas han puesto cierta mano firme con la proliferación de ellos, reduciendo las patentes de los locales a menos de la mitad comparado con hace 10 años, estos son muy populares. Incluso en pleno Barrio Rojo existe un museo de la marihuana que enaltece sus beneficios y su consumo.

Las trufas alucinógenas

Populares también se han vuelto los Smartshops, locales o tiendas que venden distintos productos derivados de la marihuana, como dulces o galletas, y también las famosas “trufas mágicas” que se han vuelto también una peligrosa atracción.

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Derivadas de los prohibidos hongos alucinógenos, es posible comprar las trufas mágicas por 20 euros en cualquiera de estos locales, teniendo distintas variedades que son más propensas a generar efectos como alucinaciones, viajes internos y hasta hipersensorialidad.

Las trufas, cuyo nombre oficial es esclerotia, contienen los mismos componentes psicoactivos que los hongos: la Psilocibina y la Psilocina, siendo las más conocidas la Psilocybe Tampanensis, la Psilocybe Mexicana y la Psilocybe Atlantis.

En Ámsterdam sólo es posible conseguir las trufas, ya que los hongos o mushrooms fueron prohibidos por ley hace 10 años, debido a las múltiples intoxicaciones y muertes que se producían por los efectos de su consumo.

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Una vitrina típica del mercado de la marihuana en Ámsterdam.

Por ejemplo, una ciudadana francesa murió el 2007 por los fuertes efectos que sintió cuando pretendió ser un pájaro y se lanzó al vacío desde un puente, poniendo en alerta a las autoridades sobre la pertinencia de restringir este tipo de alucinógenos.

De hecho, es muy común ver en las calles de Ámsterdam a distintas personas bajo los efectos de las trufas o también padeciéndolas, ya que no son pocos los casos en que sus efectos no son los deseados.

En el mismo envoltorio de las trufas salen recomendaciones para evitar sus resultados contraproducentes, debido a negativos estados emocionales previos, el consumo de alcohol u otras drogas asociadas.

De todos modos, y como siempre debe ser, las autoridades holandesas así como el respectivo ministerio de salud o sanidad apelan a la responsabilidad individual sobre el consumo de este tipo de drogas, teniendo instructivos y una fuerte regulación sobre las tiendas para su expendio.

Por último, debido a que el mercado funciona con la cannabis y los trufas, también se ha abierto la posibilidad de abrir tiendas para la venta de la droga psicoactiva denominada éxtasis, no cumpliendo hasta ahora con las expectativas de sus consumidores, lo que ha sido duramente cuestionado por organizaciones juveniles y partidos políticos de carácter liberal.

De igual manera, y tal como funciona con las otras drogas mencionadas, además de la cocaína y el LSD, el consumo se da a nivel clandestino a todo nivel, ya sea en clubes, tocatas, conciertos y festivales, pudiendo comprar cada pastilla en algo más de 10 euros.

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