La otra cara de la crisis venezolana: Niños crecen sin la compañía de sus padres por éxodo masivo

La situación de las familias ha cambiado diametralmente en el último tiempo y sus principales víctimas son los menores.

Guía de: Internacional

Los niños se están quedando sin sus padres en Venezuela.

Los niños se están quedando sin sus padres en Venezuela.

Rubén, un niño venezolano de tan solo 11 años al ser consultado por la tristeza define ese estado como “un vacío por dentro”. A pesar de su corta edad sabe bien qué se siente el no contar con su madre, quien se encuentra en Colombia para desarrollarse profesionalmente y poder enviar dinero a casa, señala BBC Mundo.

La diáspora venezolana mayormente emigra a la tierra cafetalera, huyendo de la grave crisis económica que azota a su nación y que desvive a sus aproximadamente 31 millones de ciudadanos. Según señala el prestigioso medio británico, actualmente Venezuela es el cuarto país en gestionar nuevas solicitudes de asilo en el mundo, sólo detrás de naciones prácticamente asediadas por feroces guerras como son Afganistán, Siria e Irak.

Incluso, un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) indica que la salida de venezolanos de su patria asciende a más de 1,5 millones de personas. A tanto ha llegado que en países limítrofes como Colombia y Brasil la recepción de ellos es una instalada crisis migratoria y para la cual ya están tomando medidas.

Efectos en Venezuela

Hoy Colombia es el destino principal de los venezolanos que huyen de la peor crisis económica de la historia para probar suerte y oportunidades en otros lugares. Aunque eso indudablemente tiene un costo, porque la madre de Rubén ya no puede acompañar a su hijo en sus actividades diarias, como jugar fútbol los domingos. Rubén es uno más de los niños que se están quedando sin sus padres debido a al éxodo masivo y que, por su parte, quedan al cuidado de abuelas, tías o incluso vecinos.

Los padres deben despedirse de sus hijos con consecuencias insospechadas para ambos.

Los padres deben despedirse de sus hijos con consecuencias insospechadas para ambos.

El pequeño Rubén, al ser consultado por cómo le fue comunicada la noticia de que su madre se iría del país, asume que fue un momento tormentoso. “Lo sentí como una presión. Me asusté, pensé que era algo malo. Ella me contó y lo entendí: se fue para lograr una mejor vida para ella, para mí y para mi hermano. No se fue por ella, sino por nosotros”, repite como un mantra. Es la versión que le dieron los adultos y que explica lógicamente el por qué crece separado de su madre.

Hoy Rubén recuerda a su mamá, quien debió llevarse a su hermano, puesto que al no tenerla empezó a tener mal comportamiento en el colegio. Por ese motivo la mujer se lo llevó y dentro de sus planes es lograr que en julio, Rubén pueda unírseles, lo que él espera muy emocionado porque en sus palabras “será como una nueva experiencia, muy emocionante”.

Quien al principio quedó a cargo de los niños fue la denominada “tía Leivis”, quien explica que la madre de los menores debió trasladarse a Colombia porque “vendía café y no ganaba lo suficiente para el bienestar de los niños”. Ella también es madre y debe salir a trabajar y en no pocas oportunidades su pequeña hija de 3 años ha quedado bajo el cuidado del pequeño Rubén.

Hoy en los barrios de Caracas es cada vez es más frecuente ver a madres, tías y abuelas que sacan adelante, con mucho esfuerzo y sacrificio de por medio, a sus familias, generalmente numerosas.

Rubén espera fervientemente  el llamado de su madre para vivir con ella y su hermano en Colombia.

Rubén espera fervientemente el llamado de su madre para vivir con ella y su hermano en Colombia.

Consecuencias

Se desprende que gracias al traslado de su madre, hoy Rubén puede vivir con sus necesidades materiales prácticamente cubiertas, aunque hay otra clase de necesidades que no están resueltas y son las mismas que afectan a niños en situaciones similares. Noelbis Aguilar, directora nacional del Programa Escuela de Fe y Alegría, agrega que “los niños pueden entender que los papás se tienen que ir. Sin embargo, no están preparados para manejar el abandono. Sentirse solos, triste y sin orientación los afecta anímica y psicológicamente, y eso también se verá reflejado en su desarrollo”. Por esta situación finalmente los niños pueden volverse retraídos o incluso violentos, expresa Aguilar. Eso, sin mencionar de las consecuencias de vivir en un país que posee una hiperinflación del 100% mensual y con constante desabastecimiento de alimentos y productos básicos.

En opinión del psicoterapeuta Óscar Misle, quien es fundador de Cecodap, una organización de derechos humanos encargada de promover el buen trato a la niñez y la adolescencia en Venezuela, el abandono por migración “va creciendo en intensidad. Estamos viendo que es el problema más frecuente y el que te genera mayor impotencia por no tener las respuestas”.

Aunque es difícil de contrastar la opinión de Misle, debido a que no existen datos oficiales, hay tendencias que no se pueden obviar. Nelson Villasmil, consejero de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes del municipio Sucre indica que diariamente “nos visitan entre 30 y 40 personas pidiendo asesorías porque se van del país y quieren saber cómo delegar derechos o cómo pueden obtener una autorización para llevarse a los niños”. Según la publicación de BBC Mundo, las consecuencias de este fenómeno aún son difíciles de dimensionar y recién podrá evaluarse su impacto en el largo plazo.

“Niñez dejada atrás”

Así se conoce a los menores que  deben hacerse cargo de otros menores, como es el caso de Luiz, de 11 años, quien prácticamente se ha tenido que convertir en una especie de segunda madre para su hermanito Alonzo, de tan sólo 8. Esto porque la madre de los pequeños se trasladó a Colombia y quedaron en Venezuela al cuidado de su padre. Al ser consultada, Luiz no esconde que extraña a su mamá. “Me quiero ir con ella porque me hace falta y ya no es igual”.

En Caracas es frecuente ver a madres, tías y abuelas que sacan adelante a sus numerosas familias.

En Caracas es frecuente ver a madres, tías y abuelas que sacan adelante a sus numerosas familias.

Sentimiento de culpa

Todo padre que se marcha en busca de una mejor situación económica para sus hijos, arrastra culpa. En BBC Mundo, Vanesa Uribe, quien hace tan sólo cinco meses viajó a la ciudad colombiana de Valledupar buscando un mejor pasar para los suyos, entregó a sus hijos mientras tanto al cuidado de una institución de protección privada en Caracas.  “No tenía cómo mantener a mis hijos. Me arrepiento (de haberlos dejado)”. El plan fraguado por la mujer contempla establecerse económicamente en Colombia y de ese modo poder llevarse a sus vástagos.

Sin lugar a dudas, la crisis que azota a Venezuela parece no tener fin y tiene múltiples aristas que influyen a millones de personas y en este caso al eslabón más débil de la cadena, los niños.

Más sobre Internacional