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Desnutrición, violaciones y baños con serpientes: Las penurias de las soldados en Corea del Norte

Detalles del relato de Lee So Yeon, ex militar norcoreana de 41 años que desertó en el 2009.

Escalofriantes han resultado los relatos que en las últimas semanas dio a conocer la ex soldado de Corea del Norte Lee So Yeon, hoy de 41 años, y quien desertó a la milicia de su país natal el año 2009.

Radicada en la vecina Corea del Sur, Yeon contó a la BBC algunos de los vejámenes por los cuales deben pasar las mujeres que entran a la milicia en norcorea. Una vida tan dura que, según Lee So Yean, hace que muchas de las soldados dejen de tener la menstruación.

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“Luego de entre seis meses y un año de entrenamiento, dejábamos de tener la menstruación, debido a la malnutrición y el ambiente estresante”, relató So Yeon.

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“Las mujeres soldados decían que estaban contentas por no tener sus períodos. Decían que estaban contentas porque la situación era tan mala que tener sus períodos la hubiera hecho aún peor”, agregó.

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Proveniente de una familia militar e hija de un profesor universitario, esta ex soldado del régimen de Kim Jong-un contó que se unió a la milicia a principio de los 90, cuando el país pasaba por una hambruna que acaparó la atención del resto del mundo.

 

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Entonces, Yeon pensó que pertenecer al régimen militar sería la única forma para que no le faltara qué comer. Y así fue, pero solo en un principio.

Rápidamente la alegría de pertenecer a la milicia se acabó. Su pieza la compartía con una decena de otras funcionarias en un espacio que terminaba siendo asqueroso, según relató.

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“Sudábamos bastante. El colchón donde dormíamos estaba hecho de cascarilla de arroz, así que quedaba impregnado de todo el olor corporal. No está hecho de algodón. Como era cascarilla de arroz, el olor del sudor y de otras cosas se queda ahí. No era muy agradable”, dijo la ex soldado.

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Tampoco era agradable el ducharse. Yeon cuenta que el agua caliente no existía y que las instalaciones proveían agua desde una montaña a través de unas cañerías que no contaban con filtros, o sea tenían que ducharse con el peligro de entraran a la bañera ranas y serpientes.

¿Los entrenamientos? Para los hombres eran brutales y para las mujeres lo eran en menor medida. De todas maneras, nada comparable con el abuso que ejercían las autoridades de cada repartición militar.

“El comandante de la compañía se quedaba en su habitación en la unidad hasta tarde y violaba a las mujeres soldados que estaban bajo su mando. Esto pasaba una y otra vez, sin fin”, afirmó.

Y así vivió Yeon hasta los 28 años, cuando decidió desertar de Corea del Norte. En una primera oportunidad no tuvo éxito, ya que fue descubierta por el personal de frontera. Pero, en el segundo intento sí logró la ansiada libertad tras cruzar el río Tumen hacia China, nación que fue un puente para llegar posteriormente a su país actual, Corea del Sur.

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