La fraudulenta vida del cirujano top que involucró incluso al Papa Francisco y al Nobel

Alcanzó el estrellato en su área tras crear el trasplante de tráquea artificial con células madre, aunque como dice el adagio, no todo lo que brilla es oro…

Guía de: Internacional

Macchiarini, cuando la vida le sonreía. Foto: Infobae.

Macchiarini, cuando la vida le sonreía. Foto: Infobae.

Paolo Macchiarini, (59) era un cirujano estrella en lo que a vías respiratorias se refiere, aunque últimamente su prestigio ha sido severamente cuestionado, e incluso, para ciertos círculos, su nombre es un tema tabú.

Por largo tiempo Macchiarini gozó de gran autoridad profesional en el mundo de la medicina, principalmente porque saltó a la fama en 2008 tras especializarse en el trasplante de tráquea biosintética, una operación milagrosa y que lo catapultó a nuevos niveles. Tiempo después Macchiarini era una autentica leyenda viva de la medicina, y las universidades más prestigiosas del mundo lo codiciaban entre los suyos, e incluso llegó a ser portada alguna vez del New York Times. En un viaje a Suecia, se perfeccionó en la técnica de utilizar tráqueas sintéticas con células madre del paciente.

Según señala el diario español El País en 2010 fue contratado como investigador asociado por el prestigioso Instituto Karolinska, con sede en Suecia, que es el encargado de seleccionar los premios Nobel de Medicina. Posteriormente el suizo realizó tres trasplantes de tráqueas sintéticas entre 2011 y 2012. ¿Sus resultados? Dos de sus pacientes murieron tras las operaciones y otro sigue hospitalizado en Estados Unidos. No contento con ello, el médico intentó a todo costo esconder esos resultados para mantenerse en la cúspide, lo que no fue posible.

Así luce una tráquea sintética. Foto: BBC Mundo.

Así luce una tráquea sintética. Foto: BBC Mundo.

Después salió a la luz que el primer receptor de una tráquea biosintética, murió tras una lenta agonía por la falla del órgano. En el programa suizo Experimenten (Los experimentos), un detractor de Macchiarini y experto en vías respiratorias, el belga Pierre Delaere, señaló que “Si tuviera la opción de una tráquea artificial o un pelotón de fusilamiento, elegiría el pelotón, porque sería una forma de ejecución menos dolorosa”. En Experimenten se explicó que realmente las “tráqueas artificiales no eran las maravillas que salvarían vidas, como todo el mundo creía. Al contrario, parecían hacer más daño que bien, algo que Macchiarini ocultó o minimizó durante años en sus artículos científicos, sus comunicados de prensa y sus entrevistas” señaló el espacio de televisión.

Tras el escándalo, Macchiarini se mudó a la república rusa de Tartaristán, donde por un tiempo trabajó en la Universidad Federal de Kazán. Pero su pasado lo siguió hasta allá, debido a que una misiva firmada por un grupo de científicos suecos solicitó una investigación criminal en su contra, por lo que al poco tiempo fue despedido.

Toda esta situación supuso un gran golpe para el Instituto Karolinska, y de paso al premio Nobel, el cual es elegido por 50 profesores de esa institución. Trascendió hace algunas semanas que el secretario de la Asamblea pidió la dimisión de dos de sus miembros por su relación con el caso debido a que, pese a las advertencias y constantes denuncias de malas prácticas y exageraciones en sus resultados, el médico durante largo tiempo fue tenazmente respaldado. Además, el propio instituto, enceguecido por el éxito de Macchiarini, le autorizó a colocar las tráqueas plásticas en personas sin haberlas probado anteriormente en animales y sin el necesario consentimiento del comité.

La vida amorosa del médico suizo también se desmoronó. Foto: Infobae.

La vida amorosa del médico suizo también se desmoronó. Foto: Infobae.

Vida amorosa al banquillo

Pero el escándalo de Macchiarini también tocó otro aspecto de su vida: El amor.

Cuando aún tenía reputación de buen médico la periodista de la NBC Meredith Vieira realizó un documental acerca de su experiencia denominado ‘A Leap of Faith’ (Un voto de confianza) y además escogió a la laureada productora Benita Alexander para que la acompañara en su labor. Una cosa llevó a la otra…Benita Alexander se enamoró perdidamente de Macchiarini cuando estaban preparando el documental y vivieron un tórrido romance.

Tanto fue así que la pareja siguió consolidando su relación y planificó una boda descomunal, pese a que la mujer era divorciada y por ese hecho no podía tener un matrimonio católico. Ante ese escenario, Macchiarini le prometió que solucionaría el entuerto con un amigo que ‘tenía’ en el Vaticano, señaló el medio Vanity Fair.

La pareja planeaba una gran celebración de boda. Foto: Infobae.

La pareja planeaba una gran celebración de boda. Foto: Infobae.

Macchiarini le explicó a su prometida que el contacto en el Vaticano era el argentino Mario Bergoglio, más conocido como el Papa Francisco, quien, en las palabras del suizo, realizaría la dispensa necesaria, junto con ofrecer su residencia de verano, el palacio apostólico de Castel Gandolfo, para que se efectuase una gran y romántica ceremonia. En Infobae se asegura que en la lista original del magno evento la enamorada pareja planeaba invitar a Barack y Michelle Obama, Bill y Hillary Clinton, e incluso al presidente de la Federación rusa Vladimir Putin. Además, se suponía que el propio Andrea Bocelli cantaría en honor a los novios.

Pero como era de esperarse, todo era solamente una mentira, porque al poco tiempo Alexander tomó conocimiento de que su novio, Paolo Macchiarini, en verdad estaba casado desde hacía 30 años con Emanuela Pecchia, e incluso tenía dos hijos. Y nuevamente una cosa llevó a la otra, porque junto con indagar su vida amorosa, se empezó a investigar casi al mismo tiempo su nefasto trabajo como médico.

Al ser consultado por BBC Mundo Macchiarini no quiso formular declaraciones. De ese modo el castillo de naipes construido alrededor de su vida, comenzó a desmoronarse con suma facilidad.

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