La triste historia del mayordomo del Papa que traicionó su confianza revelando intimidades del Vaticano

Muchos especulan que el escándalo motivó la intempestiva renuncia de Benedicto XVI a su pontificado.

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El Mayordomo acompañaba a todas partes  al Papa y lo terminó traicionando, a su juico para "ayudarlo".

El Mayordomo acompañaba a todas partes al Papa y lo terminó traicionando, a su juicio para “ayudarlo”.

El 10 el abril de 2005 Joseph Ratzinger fue el encargado de suceder a Juan Pablo II en el trono de San Pedro teniendo la difícil labor de suceder a un carismático pontífice que hizo historia en su cargo. 7 años, 10 meses, y 18 días después, el 28 de febrero de 2013 renunció al privilegio en una decisión inédita y que muchos creen debido a una traición.

El papado de Ratzinger se caracterizó por ser hermético, aunque una filtración de documentos causó un escándalo mayúsculo.  En 2013 muchos de los secretos salieron a la luz, dejando de manifiesto que la Curia romana tenia poco de celestial y mucho de humano. Paolo Gabriele, el mayordomo de Ratzinger fue el encargado facilitarle información a la prensa que con semejante regaló acumuló valiosas portadas a nivel mundial.

Gabriele al ser mayordomo le correspondía servir su comida, despertarlo en las mañanas, ayudarlo a vestirse y ser quien lo acompaña en los viajes papales. Nunca se supo cómo llegó a convertirse en uno de los hombres de confianza del Papa. El secretario privado del Sumo Pontífice, Georg Gänswein, le señaló al biógrafo de Ratzinger, Peter Seewald, que “estaba obsesionado con los servicios secretos y cosas así”.

Ratzinger renunció inéditamente a su cargo en 2013.

Ratzinger renunció inéditamente a su cargo en 2013.

El escándalo se empezó a destapar a comienzos de 2012, cuando el periodista Gianluigi Nuzzi señaló en el programa de televisión Gli intoccabili (Los intocables) que existían dos epístolas enviadas por monseñor Carlo María Viganó, nuncio apostólico en Estados Unidos, en las que denunció la “corrupción y la mala gestión” en la gestión del Vaticano. Por lo que se sabía Viganó había tenido roces con el secretario de Estado Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone y por ese motivo fue enviado a Washington, señala Infobae.

Nuzzi llegaría a escribir el libro ‘Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI’ en las que también informó de la existencia de unos informes sobre cardenales masones, e incluso de cartas de algunos obispos al Papa que los llegaban a comprometer como infames encubridores de casos de pederastia. Incluso un documento señalaba que Benedicto se quejó amargamente de que el nuncio de Alemania no se imponía ante la laureada canciller Ángela Merkel. Además, se filtró una declaración del Papa acerca del financiamiento de la Iglesia católica alemana con dinero público. “(…) Un catolicismo bien dotado económicamente, con católicos contratados que luego se relacionan con la Iglesia con mentalidad de sindicalistas”.  El coctel incluyó chantajes contra obispos homosexuales. Otros documentos filtrados incluyeron historias de auténticas luchas de poder en el Vaticano y falta de transparencia financiera.

El culpable

Luego de la vergüenza que causó este episodio vino la búsqueda de él o los culpables que filtraron los documentos a la prensa. En un comienzo Gabrielle, quien era apodado por el Papa como “Paoletto” dijo no saber. Pero finalmente dieron con su autoría lo que él aceptó. De todos modos, el periodista Nuzzi nunca reconoció que su fuente fue el mayordomo de Su santidad. Después de muchos años se estima que “Paoletto” fue ayudado por un alto prelado del vaticano e incluso una mujer. Para saber más al respecto Benedicto XVI designó a tres cardenales para investigar los hechos, ayudados por la policía. Incluso en mayo de 2021se encontró en poder de Gabriele la impresionante suma de ochenta y dos cajas de documentos en su hogar.

Ratzinger visitó y extendió el perdón a Paolo Gabriele en prisión.

Ratzinger visitó y extendió el perdón a Paolo Gabriele en prisión.

Por esta filtración “Paoletto” debió purgar una condena carcelaria luego de confesar que él había sido el responsable de la filtración a la prensa. En su defensa señaló que se consideraba un “infiltrado del Espíritu Santo” y que todo fue para ayudar a Su Santidad en su lucha contra su entorno que le negaba la realidad. La justicia determinó que Paolo Gabriele, luego de las pericias psiquiátricas de rigor que era “un sujeto sugestionable y socialmente peligroso”. El periodista Giacomo Galeazzi lo calificó de “una mezcla desconcertante de ingenuidad, tonos apocalípticos y sugestiones de chifladura”.

Fue juzgado de forma exprés. Ocho años recibió por la filtración de los documentos denominado “posesión ilegal de documentos pertenecientes al jefe de Estado”. Posteriormente, el 13 de agosto acusaron a “Paoletto” de robo agravado. En el juicio Gabriele dijo que lo hizo para “luchar contra el mal y la corrupción y para poner al Vaticano de nuevo en marcha”. En ese periodo fue sometido a evaluaciones psicológicas que determinaron que lamentablemente sufría “una frágil personalidad, con tendencia a la paranoia, que cubrían una profunda inseguridad personal”. Incluso una arrojó, al contrario de lo que se creía, que no mostraba señales de un trastorno psicológico importante y que el acusado tampoco representaba un tipo de amenaza para terceros.

Finalmente, Paolo Gabriele fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a purgar tres años de prisión, aunque terminó pagando solo 18 meses. Allí recibió la visita de Ratzinger quien puso la otra mejilla y lo perdonó sabiamente. En febrero de 2013 Ratzinger renunció a su cargo, aunque el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi expresó que “Benedicto no renunció por culpa del pobre y mal aconsejado mayordomo, ni por los demás chismes que circularon por Roma como moneda falsa y se comerciaron en el resto del mundo como lingotes de oro. Ningún traidor, cuervo o periodista cualquiera habría podido empujarlo a tomar esa decisión. Era un escándalo muy pequeño para algo tan grande”.

Tras su vuelta a la libertad Gabriele encontró trabajo en el hospital “Bambino Gesú” de Roma, institución médica dependiente del Vaticano donde curiosamente estaba encargado de fotocopiar… documentos. Allí nunca se volvió a referir al escándalo que marcó su breve vida pública hasta que encontró la muerte a los 54 años, el 24 de noviembre de 2020.

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