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Protestas en Turquía: Claves para entender la crisis y sus proyecciones

¿Qué sucede en Turquía? Este artículo recoge y explica los principales componentes del difícil momento que vive este país.

El fallecimiento de Berkin Elvan a comienzos de marzo, ha reactivado las protestas masivas en contra del Primer Ministro turco Recep Tayyip Erdogan. El adolescente llevaba 257 días en coma producto de recibir el impacto de un bote de gas disparado por la policía en las manifestaciones de junio pasado. Estas estuvieron marcadas por un descontento generalizado contra el gobierno turco y fuerte represión a los jóvenes asentados en plaza Taksim y el Parque Gezi. A su funeral asistieron decenas de miles de personas.

Si bien los ánimos de Taksim y Gezi lograron ser apaciguados, nuevos antecedentes han hecho que en las últimas semanas, la oposición política y buena parte de la sociedad haya encendido nuevamente su alarma ante lo que perciben como un sentimiento de autoritarismo creciente por parte del Gobierno.

Turquía Protestas

Foto: Internet

En el mismo hospital donde falleció Berkiyn Elvan comenzaron las protestas. Según declaraciones de la diputada Hürriyet Melda Onur, perteneciente a la oposición al Gobierno, las fuerzas antidisturbios llegaron hasta el lugar y reprimieron las protestas con fuerza desmedida y gases lacrimógenos. Rápidamente las manifestaciones se contagiaron a través de Estambul, con centenares de detenidos y heridos.

Desatado en diciembre pasado un escándalo de corrupción en que estaría involucrado el primer ministro y su círculo más cercano, cercanos a Tayyip Erdogan, incluyendo a hijos de tres ministros que luego dimitirían, fueron detenidos.

Asimismo, a mediados de febrero, se hizo pública una grabación en que se oiría al primer ministro aconsejando a su hijo Bilal Erdogan sobre ocultar cantidades importantes de dinero. El monto ascendería a más de 700 millones de euros. No obstante el primer ministro ha negado tajantemente la veracidad de dichas conversaciones, el gobierno respondió con represalias consistentes en la relevación de sus cargos de aproximadamente 7.000 policías y 300 jueces y fiscales. Dentro de ellos, quienes dirigían la investigación sobre corrupción en su contra.

El primer ministro apuntó a Fetulah Gülen, clérigo islámico, pues en su opinión habría sido éste quien habría planeado el escándalo. Según Erdogan los seguidores de este último habrían estado infiltrados en la policía, el Poder Judicial y los servicios de inteligencia, conspirando en su contra. Así los despidos masivos apuntan a alejar a los “gülenistas” de cargos con influencia.

El Gobierno, con mayoría aplastante en el Congreso, ha dado pasos en dirección al absoluto control del Poder Judicial y los medios de comunicación. A fines de febrero, el presidente, Abdulá Gül, promulgó una debatida ley que da al Gobierno un mayor control sobre el nombramiento de jueces y fiscales. Dicha promulgación se percibe como la necesidad del Ejecutivo de someter a la magistratura tomando resguardos ante el caso de corrupción que lo aqueja.

Una semana antes, Gül había firmado otra ley que faculta al Ejecutivo para bloquear páginas web en pocas horas. Se estima, según cifras de Engelli Web, que ya exiten más de 40.400 páginas web bloqueadas por el actual Gobierno turco.

Redes sociales

Las redes sociales fueron la principal vía para dar a conocer la situación política interna al resto del mundo en las masivas protestas de junio pasado. Facebook y YouTube asoman como posibles objetivos. En esta última se publicó la conversación entre el primer ministro y su hijo que lo inculpan por corrupción. Twitter, por lo demás, fue bloqueada el jueves pasado, horas después de que Erdogan, amenazara con “borrar del mapa” dicha página. Los administradores de la red social respondieron asegurando que sus usuarios turcos podrían burlar dicho bloqueo mandando mensajes de texto. En Bruselas, Neelie Kroes, comisaria europea para las Nuevas Tecnologías aseguró que “la prohibición de Twitter en Turquía no tiene fundamento, es inútil y cobarde”.

Durante los diez años que han durado sus tres mandatos, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan elevó la imagen país de Turquía, triplicó la renta anual de su pueblo, y resaltó la heterogeneidad de su gente volcando su país a Europa.

Además logró abrir las negociaciones para ser admitido en la Unión Europea, e inició un proceso de paz con la minoría kurda. Por lo mismo, cuenta con gran apoyo en ciertas partes de la sociedad -especialmente la más conservadora e islámica-, quienes enarbolan como bandera el reconocimiento ganado como país y las buenas cifras económicas.

No obstante el amplio apoyo con que en algún momento contó Erdogán por sus cifras económicas, su primavera parece haber llegado a su fin. Los críticos del Gobierno aseguran que las leyes promulgadas pretenden terminar con la separación de poderes, además de limitar la libertad de prensa, permitir la censura en Internet y que sientan bases definitivas para el arraigo del autoritarismo y un Estado represor en Turquía. Por lo demás, Bruselas mira de reojo a Ankara, y duda cada vez más de su integración a Europa.

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