Suecia cuestiona su liderazgo en cambios de género por diversos casos que han salido a la luz

En una década el número total de diagnósticos de disforia de género entre niñas de entre 13 y 17 años aumentó un insólito 1.500%.

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El caso de Keira Bell recorrió el mundo y golpeó en Suecia.

El caso de Keira Bell recorrió el mundo y golpeó en Suecia.

Recientemente el Diario El País de España realizó una inquietante nota acerca de los cambios que ha experimentado Suecia, quien fue pionero a nivel global en cambio de género, muchas veces en niños y sin el consentimiento de sus padres lo que ha traído serias consecuencias para su vida futura.

Se menciona en el artículo periodístico el caso de Keira Bell, del Reino Unido , quien cuando tenía 14 años empezó a sentirse incómoda con los cambios que a esa altura experimentaba su cuerpo debido a que no se sentía mujer. Dos años más tarde, luego de tres consultas con expertos, comenzó a recibir hormonas del sexo opuesto y a los 20 se le practicó una doble mastectomía para extirpar las mamas.

Cuando Bell cumplió los 20 demandó a la clínica Tavistock and Portman por no haber resuelto su disforia y haber descartado de plano otras causas de su problema como pudieron ser la depresión, el odio a sí misma o incluso la confusión. “Los dos años previos estuve atrapada en una depresión y ansiedad severa. Me sentía extremadamente fuera de lugar en el mundo y no sabía que estaba luchando contra la pubertad porque no tenía a nadie con quien hablar. Me identificaba con las lesbianas y sentí que había encontrado mi tribu”, señaló ante el Tribunal Superior de Justicia británico, que finalmente le otorgó la razón.

El caso de Bell se conoció en el mundo y causó impacto en la sociedad y sobre todo en el Hospital Infantil Astrid Lindgren, de Suecia, el cual desde 2000 trata la disforia en menores de edad con los mismos procedimientos a los que fue expuesta Bell y que teme llenarse de demandas del mismo tipo, debido a los tratamientos desarrollados por largo tiempo. La dirección del recinto hospitalario anunció en mayo que debido a esas experiencias ponía fin de inmediato a todos los nuevos tratamientos para menores que fueran diagnosticados con disforia de género debido a que son “tratamientos controvertidos y que pueden implicar riesgos”.

Suecia lideró los temas acerca de la disforia en el mundo.

Suecia lideró los temas acerca de la disforia en el mundo.

Desde el 2000, más de 700 adolescentes han sido diagnosticados con disforia de género recibiendo tratamiento hormonal en el Hospital Karolinska y numerosos consejos médicos han percibido déficits éticos y científicos en algunos procedimientos, pero debido al pavor que causaba que la entidad perdiera su prestigio en el área se declinó realizar decisiones drásticas, incluso a pesar de las enormes críticas recibidas en el tiempo.

Un comité investigador, denominado ‘Assignment Review’ señaló que en muchos casos existían falta de pruebas científicas y que los riesgos por tratamientos hormonales pueden provocar efectos severos, hasta irreversibles, en la salud de las personas. Muchas mujeres que se sometieron al tratamiento se arrepintieron amargamente de haberlo hecho.

Algunos testimonios recogieron la experiencia de Mika, quien llegó a señalar “no sabes lo que estás haciendo y ellos tampoco, te dejas llevar por médicos con batas blancas, pero no hay ciencia detrás de lo que hacen… de hecho no hay ninguna otra área de la medicina donde se prueben tratamientos directamente sobre una población joven y con consecuencias irreversibles”.

Uno de los casos más desoladores fue el de Jennifer Ring, mujer trans de 32 años, quien se ahorcó cuatro años después de someterse a una cirugía. Su padre, quien ejercía como profesor de neurofisiología, reveló el informe médico de su hija, quien claramente desde su primera ida al médico había mostrado signos de psicosis, en lugar de disforia de género. Aunque por esos años era una adolescente de 14 años a sus padres no se les permitió opinar acerca del proceso.

La disforia de sexo fue abordada por más de una década por Suecia.

La disforia de sexo fue abordada por más de una década por Suecia.

En 2019 uno de los fundadores del equipo médico defendía el tratamiento dispensado a los adolescentes, pero sus mismos colegas albergaban serias dudas de lo que estaban realizando debido a que tras veinte años de experiencia, existían serias vacilaciones. Esto porque existen pruebas de efectos secundarios como osteoporosis, enfermedades cardiovasculares, cáncer, infertilidad y enfermedades trombóticas. Incluso el hospital reconoció que finalmente el tratamiento tiene poca evidencia de lograr los efectos deseados y existe casi nulo conocimiento de su seguridad en el largo plazo.

A contar de mayo se instauraron nuevas directrices como que ningún menor recibirá tratamiento hormonal, salvo en el marco de estudios clínicos. Para quienes se encuentran actualmente en tratamiento, los médicos deben realizar indispensablemente una evaluación individual acerca de si el tratamiento este debe ser interrumpido o continuado.

El profesor Christopher Gillberg, que llevaba años advirtiendo acerca de lo nefastos que pueden llegar a ser los tratamientos con hormonas y las mutilaciones genitales en adolescentes y jóvenes. “Que cientos de niños en Suecia hayan estado expuestos cada año a correcciones biológicas de género sin que haya nada que se pueda comparar siquiera con una base razonable en términos de ciencia o experiencia comprobada. Los niños generalmente no estaban incluidos en ningún estudio científico probado éticamente. No es raro que el tratamiento se realizase en contra de la voluntad de los padres de los menores. Y todo ha sucedido con el visto bueno de la Junta Nacional de Salud y Bienestar. Este es seguramente el peor escándalo médico de este país”.

Hoy las autoridades suecas hacen un mea culpa, por haber liderado en el mundo “el derecho de las personas transgénero” y la prestación pública de servicios de cambio de género. Los datos del Ministerio de Salud indican que entre 2008 y 2018 el número total de diagnósticos de disforia de género entre niñas de entre 13 y 17 años aumentó en un impresionante 1.500%. Este hecho fue aparejado al cambio en la ley que permitió que los niños de 12 años tuvieran acceso sin el consentimiento de sus padres a un cambio de género. Según expresa el periódico español “el sentimiento generalizado en la sociedad sueca es que el gobierno socialdemócrata cedió entonces a la presión de la organización RFSL, que lucha por los derechos LGTBIQ”.

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