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Turquía, ¿un modelo para el mundo árabe?

Con un gran potencial económico, una ubicación geopolítica privilegiada, una población cercana a los 80 millones de habitantes y una sociedad musulmana, pero laica, Turquía es, para muchos árabes, un ejemplo a seguir. Aquí algunas observaciones.

Hace algunos años, la relación entre Turquía y la Unión Europea (UE) era bastante cercana, pues a pesar de las condiciones que imponía el bloque europeo, los nexos diplomáticos apuntaban hacia un objetivo común, que era la integración de Turquía como un nuevo miembro de la UE. Esto último es algo que se remonta a 1959, año en el cual  Turquía efectuó su candidatura como miembro asociado de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), pero, hilando aún más fino, podría decirse que el comienzo de este proceso se inició en la etapa de Mustafá Kemal Atatürk, conocido como el padre de la República de Turquía y quien realizó grandes reformas en pos del acercamiento con el mundo europeo. A partir de 1919 y hasta su muerte, en 1938, Atatürk convirtió al ex Imperio Turco Otomano en la Turquía moderna, entregando libertades a la mujer, fomento el laicismo de la sociedad y acercando su cultura con la europea, entre otras modificaciones de gran relevancia.

Volviendo al presente, lo iniciado por Mustafá Kemal Atatürk se ha mantenido en pie hasta hoy, aunque ya desde hace algunos años que el gobierno de Turquía y, también, los ciudadanos turcos se han alejado del viejo anhelo de ser parte de Europa. La ambigüedad de la Unión Europea, el fuerte y abierto rechazo por parte de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, entre otros gobernantes del Viejo Continente y la Islamofobia, entre otras variables, han jugando en contra del proceso de adhesión de Turquía a la Unión Europea. Es así que en los últimos cinco años se ha producido un vuelco en la política exterior de Turquía.

Turquía

Foto: EFE

Muchos ven a Turquía como un modelo para el mundo árabe por su estabilidad respecto al resto de los países de la región.

El gobierno liderado por el primer ministro Recep Tayyip Erdogan -miembro del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), que es mayoría en el Parlamento- ha iniciado un camino de integración con tres de sus áreas más próximas (no necesariamente en el plano físico), es decir, Medio Oriente, el universo musulmán y el mundo turcomano. A modo de ejemplo, Turquía ha tenido un importante rol en diversos acontecimientos políticos de Medio Oriente, dentro de los cuales se puedan contar la mediación entre Palestina e Israel, el papel de mediador entre Irán y Occidente y, ahora último, apoyando abiertamente a los manifestantes árabes que han luchado y luchan por reformas democráticas en sus países. Todo esto ha significado una importante popularidad de Erdgoan y una aprobación del sistema político turco.

En paralelo, ha sabido imponerse de manera firme, aunque diplomática, ante la Unión Europea. En varias oportunidades, Erdogan ha respondido con claridad ante las poco claras posturas de la Unión Europea respecto al ingreso de Turquía al bloque de integración europeo.

Otro hecho destacable es que el gobierno turco ha ido tejiendo sólidos y profundos nexos con los países turcomanos (especialmente con Turkmenistán y Azerbaiyán), al mismo tiempo que ha reforzado su política con los vecinos de Medio Oriente. Respecto a lo primero, siempre se ha especulado sobre un proyecto de integración turcomana de importancia y una demostración ha sido la mediación turca entre Azerbaiyán y Turkmenistán. Otro ejemplo es el trabajo conjunto de estos países (más otros como Kazajstán y Kirguistán) en materia energética. En cuanto a lo segundo, últimamente se ha hablado de la posibilidad de crear un espacio de tránsito libre, al estilo del “Espacio Schengen” europeo, entre Irán, Iraq, Siria y Turquía.

Sin embargo, lo que más agrada a muchos árabes es la postura del gobierno turco respecto al Islam. Bajo la influencia de Recep Tayyip Erdogan, la sociedad turca ha mantenido el laicismo, pero cada vez con menos prohibiciones. Hace algunos años se generó polémica, pues la mujer de Erdogan apareció, públicamente, usando un velo, pero esta situación ha ido variando con el tiempo. Una parte importante de la población turca aún apoya el concepto de una sociedad laica, pero en la cual haya libertad para, en el caso de las mujeres, usar velo. Ahora, más allá de este punto, lo relevante es que en Turquía, o al menos en una parte del país, se fusionan, de buena forma, la tradición del Islam con la estructura moderna y democrática de los estados.

Si bien aún se deben resolver importantes problemas internos (la situación de los kurdos, la pobreza del sureste de Turquía, libertad de prensa e influencia de los militares) y otros externos (relaciones con Armenia y Chipre), a nivel de sociedad, el sistema político turco parecer ser un modelo a imitar para muchos árabes. El hecho que laicos e islamistas puedan participar en la política y que las Fuerzas Armadas tengan cada vez menos influencia, es un interesante proyecto para muchas personas. Resumiendo, el gobierno turco ha sido capaz de mantener un estado democrático y laico, pero sin reprimir al Islam. Aún quedan tareas pendientes, pero no queda duda que junto al Líbano e Israel son los sistemas más democráticos de Medio Oriente y zonas cercanas.

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