Venta de niñas-esposas puede concretarse por dos euros: Investigación muestra dramática realidad

En un mercado es posible comprar a una cónyuge como si se negociara un objeto.

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Una mujer con la clásica burka, en el ‘Mercado de los Pájaros’ en Kabul donde se venden menores de edad. Foto: El Mundo.

Desde 2007 en Afganistán se implementó el Plan Nacional de Acción para la Mujer, proyecto cuyo propósito era “comprometerse con la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres mediante la protección de los derechos constitucionales y la aplicación de reformas integrales en las instituciones de seguridad, jurídicas y judiciales para combatir la impunidad”, según señala el sitio de ONU Mujeres.

Aunque suena bonito, esas palabras más que ajustarse a la realidad suenan a ficción. En ese mismo plan, según revela el diario El Mundo de España, se creó una estrategia que busca acabar con el matrimonio infantil, lo que a todas luces no se ha logrado. Un informe realizado por Human Rights Watch, expresa que para detener esa antigua práctica “falta la voluntad del Gobierno afgano a la hora de implementarlo”, junto con señalar que “las niñas esposas afganas necesitan algo más que promesas vacías”.

Comprar una niña-esposa

Kabul es la ciudad más poblada de Afganistán y uno de sus lugares característicos es “el mercado de los Pájaros’ en el cual se transan toda clase de mercancías. Recientemente el diario El Mundo, a través del periodista y fotógrafo Amador Guallar, se infiltró en el mundo oculto en el cual es posible comprar una niña-esposa y de esa forma lograr una “facilitación”, lo que solamente es un eufemismo para referirse a acceder a una cónyuge “joven, pero lo suficientemente madura para ser una esposa prolífica”. Guallar llegó a ‘negociar’ tras establecer variadas conversaciones telefónicas con Akbar, quien oficia como intermediario “para hombres que buscan buenas esposas”, según desprende de sus palabras. En esta parte del mundo, todo tiene su precio.

“El mercado de los Pájaros” tiene al menos 500 años de antigüedad y se ubica a un costado del río Kabul, y en este sitio es posible comprar animales, utensilios para la casa, herramientas, comida, especias y ropa. Si cuenta con el dinero suficiente también puede encontrar y comprar una esposa para sí mismo o incluso para ‘llevar’ a alguno de sus familiares. Por supuesto, para acceder a una niña-esposa, es necesario contar con la discreción necesaria y recorrer algunas callejuelas y pasillos para llegar a la ‘mercancía’.

Debido a la tensa situación económica que atraviesan muchas personas en esa nación asiática, las más desesperadas, y en condición de extrema pobreza, han decidido transar a sus hijas.

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Tradición

Akbar es un hombre que a simple vista ronda los treinta años de edad y es de etnia pastún. Cuando Guallar llega al punto de encuentro establecido para la ocasión, Akbar saluda al estilo afgano, mezclando una reverencia y un abrazo, luciendo un Pakul, el sombrero típico de su país.  Al conversar Akbar no muestra ningún signo de arrepentimiento, porque según sus palabras él no secuestra niñas; más bien realiza un acto que corresponde a su “cultura”. De todos modos, se debe entender que en Afganistán el matrimonio infantil es ilegal, aunque de todas formas no es mal visto socialmente.

Akbar asevera, sin ninguna clase de remordimientos, que “no hago nada que no se haya hecho durante cientos, incluso miles de años. Desde antes del Profeta, Dios lo tenga en su gloria. La mujer debe formar una familia, yo las ayudo a encontrar un marido. No secuestro a niñas, ni obligo a nadie a darme a sus hijas. Lo que hago es poner en contacto a las familias que han decidido casarlas con hombres que necesitan una mujer”.

Para acceder a tener una niña-esposa, siempre y cuando la familia de la ‘prometida’ acceda, se debe pagar la módica suma de 150 Afganis, lo que equivale a solamente dos euros, mientras que se deben cancelar 10.000 Afganis, lo que son aproximadamente 123 euros, por los servicios de intermediación y la dote. Akbar siempre pregunta a los interesados de acceder a una esposa sus preferencias, debido a que busca saber la edad, el origen y si prefieren a alguien que sepa escribir. Akbar asegura tener contactos en todo el país, por lo que encontrar una esposa para sus clientes es una tarea relativamente sencilla para él. “Aquí es fácil encontrar a una buena esposa de unos 15 años, obediente y preparada (…) En las provincias se puede encontrar una esposa más joven”.

Muestrario de terror

Akbar, al momento de la negociación muestra en un teléfono celular las fotografías de las ‘niñas-esposas’ disponibles, como si fuera un muestrario triste y sombrío. Todas ellas son evidentemente menores de edad y en la opinión de Guallar, lucen con la mirada perdida en las imágenes.

El que relata el periodista de El Mundo corresponde solamente al primer encuentro entre las partes. Para seguir adelante con el macabro proceso Akbar indica que debe reunirse con la familia de las elegidas, quienes están dispuestas a entregar a sus hijas debido a que una transacción de este tipo puede ayudarlos a sobrevivir por varios meses en una sociedad y cultura en la que lamentablemente las mujeres siguen siendo exclusivamente un objeto.

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