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Goleada 7-1 de la U a O’Higgins, razones para la final

La U está en la final por merecimientos propios, derrotó por paliza al capo de provincia que no tuvo propuestas ni respuestas en un partido unilateral.

Guía de: La U

No sólo hubo vértigo y velocidad el sábado en la tarde en el Nacional, hubo mucho y muy buen fútbol. A diferencia de los ya tradicionales comentarios tendenciosos que minimizan el espectáculo que brinda la U a sus seguidores, vimos un equipo frontal que jugó en un nivel distinto y superior del que ofreció el celeste. El resultado global de 8-1 ahorra todo tipo de comentarios y fortalece la moral azul de cara a los partidos de la final.

Pese a su escaso aporte del sábado, el capo de provincia pegó primero con el centro que conectó a la carrera Enzo Gutiérrez (8’) al segundo palo de un Herrera que no tuvo reacción ante un balón frente al que debió volar hacia su izquierda.

Rápidamente el guardapalos azul enmendó su error realizando un tremendo despeje con el pie desde el área que Eduardo Vargas ganó en velocidad sobre la marca de su cancerbero Olate, arrimándose hasta las barbas de Marín para derrotarlo e igualar el marcador (10’).

Azules

Foto: El Mercurio

La U apabulló a O'Higgins en el Nacional.

Lo que siguió fue una tromba azul que asoló el fondo rancagüino en cada ataque que de haber tenido mayor precisión frente al pórtico norte podría haber alcanzado guarismos catastróficos para la gente de Bassay. Cuatro minutos después una muy buena jugada de Marino por la derecha que cede para Charles Aránguiz (14’), quien recibe sin marca a la entrada del área y con remate bajo derrota nuevamente a Marín poniendo en ventaja a la U.

Pronto llegó la guinda de la torta: una lujosa jugada que incluyó un doble taco que recibe Matías Rodríguez para acelerar y desbordar en el área y ceder para el anhelado gol de Canales (25’), el hincha azul ya tenía la panza llena de fútbol. Pocos minutos después un córner que cae en el punto penal lo caza Albert Acevedo (33’) con un cabezazo de pinball entre el horizontal y la línea de gol.

Enorme diferencia futbolística en la cancha: la propuesta de Bassay, inexistente, “O’Higgins se quedó en Angostura” diría Julio Martínez en este tipo de situaciones, la superioridad de la U, incuestionable. El problema para el capo es que aún restaban cerca de cincuenta minutos de juego.

Hubo otros cambios que permitieron rotar piezas en el equipo de Sampaoli, un foul sobre Marino permite al recién ingresado Marcelo Díaz probar suerte desde dieciocho metros: su derechazo viaja violentamente a las mallas superando la estirada de Marín una vez que supera la barrera celeste (67’). También ingresa Rivarola y recibiendo de Canales apura su gol y la aparición de Gokú (80’).

El discutido centrodelantero cierra la serie y un gran partido con su doblete con un derechazo apurado antes de encontrarse con la salida del corpulento Marín (86’), siete a uno y O’Higgins hace rato que pide la toalla, Bassay solamente piensa en la salida y, sin nada que ofrecer a los medios, en faltar a la conferencia de prensa.

La U derrotó inobjetablemente a un semifinalista que antes de este fin se semana era un equipo bien considerado y que incluso recibía frecuentes elogios de la opinión deportiva nacional.

La U descartó al aspirante celeste y enfrentará a la U. Católica en dos partidos. Los cruzados las tuvieron complicadas para zafar de los cementeros y su buen juego, pero carente de gol, un centro llovido anticipado por el grandote Andía los puso en la final.

Una diferencia entre ambos por estos días es que la U juega por abajo y con buen fútbol en cambio los cruzados lograron su clasificación de pelota parada. Igual se parte de cero con la salvedad que la igualdad en puntos beneficia los cruzados.

La U está donde debe estar, protagonistas de esta nueva final, ahora falta que el chuncho la gane.

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