Columna: Mi deuda con Terry Pratchett, adiós al creador de Mundodisco

Tras el fallecimiento del destacado escritor británico, José Luis Flores dedica estas líneas a su influencia y al legado que dejó su obra.

La historia tiene la costumbre de cambiar a las personas que creen que la están cambiando a ella.

 T.P

 Se nos suele preguntar sobre nuestro quehacer como escritores, de dónde sacamos esta o la otra inspiración. A veces contestamos honestamente, otra contestamos atrapados por nuestras narrativas. Pero sea cual sea la respuesta, siempre es incompleta si es que no menciona nuestra experiencia como lectores.

¿Cuántos escritores puedo nombrar como mis esenciales? Quizás demasiados, o muy pocos. Pero independiente de las tramas tratadas en novelas y cuentos breves, mis autores favoritos son capaces de crear un telar en el cual me siento al mismo tiempo cobijado narrativa y moralmente. La lista de favoritos que logran pasar esa prueba es muy corta y pocos están más alto que Sir Terry Pratchett.

Terry Pratchett siempre gustó de usar sombreros de ala ancha / Reuters.

Ayer, a los sesenta y seis años, después de una lucha de al menos ocho años contra el Alzheimer, se nos fue un ser al mismo tiempo inocente, burlesco e inteligente, con una inmensa capacidad para la ternura humana y el humor.

¿Qué le debo yo en lo personal? Bueno, yo era un joven hiperserio. Venía de lecturas malditas, de la muerte de mi padre y de lecturas fantásticas que me decían: “Esto le pasa a otros, no a ti”. Yo no me sentía identificado con elfos rubios en los bosques, tampoco con pálidos vampiros o jóvenes destinados a la grandeza en un imperio espacial. Entonces llegó él y me devolvió la sonrisa. Una que podía ser honesta y vivir dentro de los libros.

No voy a llenarlos de datos, usen Google o Wikipedia, no sean flojitos. Les contaré que el hombre comenzó como periodista, pero su quehacer se vio infiltrado lentamente por extraños y descabellados universos.

“The Carpet People” fue la primera historia que contenía la delirante capacidad de Pratchett para construir mundos, sin perder su prosa moderna, mordaz y ágil. Le gustó a la crítica, no a la gente. Se alzó de hombros un rato y siguió trabajando, hasta como comunicador de prensa en una planta nuclear.

Un día algo hizo crack. Así, simplemente, ahí por 1983, surgió Mundodisco, su universo propio. Es verdad que al comienzo parecía solamente una sátira a los mundos más serios de la fantasía, pero fue adquiriendo un peso único basado no tanto en geografías fantásticas, sino en grandes personajes.

Las novelas de Mundodisco llevaron la fantasía y la literatura a otro nivel / DeBolsillo.

Rincewind, el mago que realmente no puede usar ningún hechizo porque en su cabezota dura está encerrado uno de los conjuros más poderosos del mundo. Sam Vimes, un policía comprometido con el pueblo, cuyas botas estaban tan delgadas que podía sentir en qué parte de la maravillosa y terrible ciudad de Ankh-Aorpork estaba. Havelock Vetinari, el líder y confabulador principal de la ciudad. Moist von Lipwig, un bandido que termina de cartero. Tiffany Aching, que concentra las aventuras para jóvenes. Un orangután que es el bibliotecario de la universidad. En fin, son una hermosa veintena de locos, cada uno con sus novelas, las que se juntan y se alejan de manera disparatada.

Amor, política, religión, impuestos, movimientos sociales. Todo eso puedes encontrar en unos 41 libros. Y claro, les dije que lo importante eran los personajes, por encima de la geografía, pero esta tampoco es secundaria del todo: es un mundo plano sostenido por cuatro elefantes que, a su vez, se apoyan en el caparazón del Gran A’Tuin, la tortuga estelar. El escenario es medieval fantástico, aunque algunas partes del mundo están más avanzadas y lucen como una suerte de era victoriana.

Pero Terry cada año sacaba también novelas en otros mundos, como “Good Omens”, con Neil Gaiman o la Trilogía de los Gnomos. El hombre respetaba la tecnología y experimentó con juegos y series de televisión para llegar más lejos en sus historias.

En 1998 lo declararon Caballero, se volvió un Sir, con todo y un divertido escudo de armas.

El 11 de diciembre de 2007 anunció  que padecía una forma de Alzheimer prematuro. Un “golpe fantasma” recibido en el pasado que había salido a la superficie. Así lo definió.

Pratchett dijo tomarse este problema con “filosofía” y un “suave optimismo”. Se nos fue en Stonehenge, Salisbury, Inglaterra.

Se dirán muchas cosas, estoy seguro que vendrán excelentes columnas escritas por sabedores de la fantasía y/o literatura, yo estoy despidiendo a un viejo amigo, a un miembro de mi familia. Sin él no existe “El Mago del Desierto”, “La Delirante Compañía de los Sueños” o “¡Soy una Biblioteca!”. Él me los sopló y me dijo que era posible. Es verdad que hay cientos de otras lecturas en mis obras, y que a veces voy a lugares más siniestros, pero si necesito reír, si necesito dejar de tomarme tan en serio, regreso al Sir del Mundodisco.

Dejo esta columna hasta aquí, debo leerle “¿Dónde está mi vaca?” a mi hija Sofía. ¿Qué diría el viejo Sam Vimes si fallo en mi compromiso?

José Luis Flores es escritor y dentro de sus obras se incluyen “El Mago del Desierto”, “La Delirante Compañía de los Sueños”  y “Las Bestias”. Actualmente trabaja en su próximo libro de cuentos.

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