Entrevista a Alejandro Vilches, autor de “Tierras Blancas. La Civilización Perdida”

“Me di cuenta que este era el género que debía escribir, porque me resultaba relativamente fácil, natural”, afirma este escritor nacional.

Los Homs son una civilización pacífica que vive al interior de las montañas en correcta armonía con los humanos, sin interferir en la vida del otro y viceversa. De hecho, ambos pueblos no están muy seguros de la existencia del otro, aunque en tiempos muy lejanos sí vivieron juntos. Sin embargo, un enemigo externo se cierne sobre ellos y su pacífico pasar. 

Esta es la idea principal de “Tierras Blancas. La Civilización Perdida” (Editorial Mágica / $7.500), la más reciente novela de Alejandro Vilches Aguayo. Oriundo de Chiguayante (Octava Región), conoce de dulce y de agraz en esto de la literatura fantástica chilena. Su primera novela, “Realidades Paralelas. La expulsión del Templo”, se dio a conocer poco a poco entre los adolescentes, y hoy cuenta con lectores incluso fuera de Chile. Por eso y ahora con más confianza, Alejandro se atrevió nuevamente a publicar.

Tierras Blancas

“Tierras blancas, la civilización perdida” / Editorial Mágica

-Seguramente te han preguntado muchas veces de dónde nace la idea de “Tierras Blancas”, así que no comenzaré por esa pregunta. Lo que sí noto es que tanto en esta novela como en “Realidades Paralelas”, lo sobrenatural es una parte importante de cada argumento. ¿Qué tan sobrenatural te ha parecido la experiencia de escribir literatura fantástica en Chile?

-Mis primeros acercamientos con la fantasía fueron a través de la poesía, que a mi parecer no se aleja tanto, al menos en la construcción de ideas abstractas. Y fue el cine el que me trajo a este tipo de libros, que antes solía ignorar. Así me di cuenta que la fantasía era un género bastante amplio en el que tendrían lugar algunas de las ideas que jamás había pensado en construir por medio de un libro catalogado como juvenil. La experiencia fue enriquecedora en términos personales, porque en Chile había muy pocos referentes y la producción era bastante pobre y demasiado segmentada. Lo que me llevó a aprender por medio de la experiencia.Efectivamente, sobrenatural es la palabra que mejor representa a quienes optamos por este camino, que durante muchos años fue considerado un género sin importancia dentro de la novela. Sobre todo porque hay un público creciente pero que necesita cautivarse por lo nacional, ya que arrastran muchos prejuicios, transferidos por la sociedad, acerca de la calidad de nuestro trabajo. La magia ocurre cuando alguien decide leer lo que escribes y se da cuenta que está al nivel de los libros que se comercializan a nivel mundial. Eso es impagable. 

-¿Te sentiste cómodo desde el primer momento escribiendo sobre magia y relatos sobrenaturales? ¿Fue algo que te salió naturalmente o implicó un trabajo de investigación previa?

-Sí, me di cuenta que este era el género que debía escribir porque me resultaba relativamente fácil, natural. Y como en “Realidades Paralelas” hablo acerca de creencias dentro de un marco fantástico, mis experiencias personales en materia de seres sutiles me sirvió mucho. Por lo mismo, no me significó mucha investigación, pero sí fortalecer el argumento para que fuera creíble dentro de la trama.En “Tierras Blancas” el proceso fue de introspección. Tuve que apartar lo social de mi cabeza e imaginar un mundo sin influencias. Pero ambas historias tienen directa relación con la forma en la que veo el mundo, aunque llevado a un escenario mágico. 

-Hablando de quitarle influencias ajenas a tu mundo, ¿quisiste delinear una utopía? ¿Cómo definirías a esta civilización respecto a la humana?

-Le quité influencias literarias y sociales. Quería crear una especie que pudiera ser un “referente”, un antepasado que no estuviera inspirado en los seres que comúnmente leemos en la literatura europea. No digo que seguir esas tendencias esté mal, pero las posibilidades que ofrece nuestra propia historia y geografía son infinitas.En “Tierras Blancas” se delinea la idea de que el hombre en el pasado no era la única y principal criatura inteligente. Respecto de los humanos, los Homs son seres que conservan la pureza que hemos perdido. 

Alejandro Vilches, autor de “Tierras Blancas”.

-¿Cuál dirías que es la imagen génesis de “Tierras Blancas”? Sé que tú comienzas por los títulos al escribir, pero por lo general un escritor pone sobre el papel determinadas imágenes para empezar a contar su historia.

-Quería escribir acerca de seres que tuvieran contacto con el hombre, pero no quería forzarlo, por lo que la idea de comenzar la trama por medio de la separación me pareció atractiva. Para luego reencontrarlos cuando ninguno tuviera certeza de la real existencia de los otros. También quería nieve, montañas, bosques, animales, naturaleza y magia. 

-Escribes desde la perspectiva de un otro, un ser distinto a lo que normalmente conocemos, con una cultura diferente, un modo de vivir distinto, una historia en común con los humanos pero que se separó en un determinado momento y que los convirtió en “el otro”, el opuesto… ¿Cómo enfrentaste eso a la hora de escribir la historia?

-Eso me significó visualizar a los Homs, sus movimientos, sus costumbres, su anatomía y su convivencia comunitaria. Porque aunque tienen conductas que parecen humanas, en la historia se plantea la hipótesis de que ellos fueron la principal influencia de los hombres, por lo tanto somos nosotros quienes hemos adquirido sus conductas y las hemos hecho propias. Pero como nuestra esencia es diferente, con una marcada tendencia o debilidades más marcadas, nos hemos degradado. 

-¿Algo así como un hijo que reniega de su padre?

-Un hijo que descubre que es diferente y no teme serlo, aunque eso signifique dañar a otros, incluso a su padre. Es como el huevo del cisne en el nido de los patos. Sencillamente, son diferentes y eso tarde o temprano se manifiesta. 

-Tomaste paisajes del sur de Chile para recrear tu novela. ¿Crees que no se le ha sacado provecho a la belleza nativa de nuestros paisajes para desarrollar la literatura fantástica? ¿Que miramos mucho los bosques medievales europeos o que la gente tiene un prejuicio por las historias desarrolladas en nuestro país?

-Sí. De hecho, en esta ocasión me detuve a pensar acerca de qué escribir. Me encontraba en Los Ángeles y miré por la ventana, desde donde se veía el Volcán Antuco, y sentí que era un escenario maravilloso para desarrollar una historia. Digamos que esa imagen fue la que me inspiró.Personalmente nunca he pensado en escribir acerca de escenarios que no conozco, por lo que considero un riesgo dejarnos influenciar por lo que vemos en las películas o leemos en libros de otros escritores, porque la falta de conocimiento y experiencias físicas y sensoriales pueden convertirse en el “Talón de Aquiles” para un escritor. Evito decir Chile, para que el lector sienta que el escenario es cualquiera, aunque efectivamente se delinea el paisaje nacional. Y sí, creo que los chilenos nos sentimos poco orgullosos de nuestra mitología. Ignoro el motivo, aunque me atrevería a inferir que se debe a que las producciones cinematográficas y literarias desvían nuestra atención. 

-A esta altura de la evolución humana, con todos los descubrimientos arqueológicos y los enigmas en torno a ellos, ¿crees que haya existido una civilización paralela a la humana en algún punto de nuestra historia?

-Creo que existen formas de vidas que aún no descubrimos; seres más sutiles, imperceptibles a nuestros sentidos o que viven escondidos, lejos de nuestros alcance, porque en el fondo nos temen y sufren por lo que le hemos hecho a la Tierra. Si pudiéramos escucharlos, si tuviéramos ese privilegio, creo que el solo mirarlos nos ayudaría a extrañar lo que alguna vez fuimos. Seres sensibles, que se conmueven con la belleza, que disfrutan una buena conversación, que no necesitan de internet para comunicarse y que nos hemos alejado de lo que en realidad somos: parte de la Tierra. Imaginar ese contacto me eriza la piel y siento que muchos tendríamos que decidir qué camino seguir, el que nos acerca a la vida o el que nos distancia del único mundo que conocemos.

Alejandro hará una próxima presentación de sus libros en agosto, en las ciudades de Los Ángeles y Chillán.

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