“Jonathan Strange y el Señor Norrell”: Dan ganas de entrar en este libro

Susanna Clarke nos lleva magistralmente a la Gran Bretaña de principios de 1800 para asistir al resurgimiento de la magia inglesa. Un libro brillante y diferente.

Hace tiempo estaba en una de mis típicas búsquedas de buenos libros y me encontré con “Jonathan Strange y el Señor Norrell”, primer trabajo de la británica Susanna Clarke.

Jonathan Strange y el Señor Norrell

Foto: El Mercurio

Afuera, en la portada, decía: “una de las mejores novelas de fantasía de todos los tiempos”. Eso, por supuesto, me provocó curiosidad, pero el libro era bastante grande y su precio superaba mi presupuesto en ese momento.

Hoy, años después, al fin logré tener ese libro en mis manos y empezar a responder la pregunta que me hice aquella vez en la librería. ¿Es realmente tan bueno?

Por supuesto, la publicidad exageraba con la frase “de todos los tiempos”. Pero, dejando eso de lado, “Jonathan Strange y el Señor Norrell” es una novela de fantasía diferente. Diferente para bien, para muy bien.

La revista “Time” la calificó como la mejor novela de ficción en 2004 y ese mismo año recibió los premios Hugo y el World Fantasy.

Susanna Clarke nos lleva a la Gran Bretaña de principios de 1800, en plenas guerras napoleónicas. Por esos días, los magos ingleses —otrora poderosos y reconocidos en toda Europa— no son más que un grupo de estudiosos de la magia, de su teoría, pero sin ser capaces de ponerla en práctica.

La magia está desaparecida del mundo desde la partida del Rey Cuervo, amo y señor de los magos ingleses, mitad hombre, mitad criatura feerica. En este contexto aparece de pronto el Señor Norrell, un mago que efectivamente es capaz de poner en práctica lo que lee, cuya ambición es usar sus poderes para ser un caballero reconocido por la alta sociedad y ser útil a la corona británica.

Pero cuando Norrell logra sus objetivos, de la nada surge otro mago, Jonathan Strange, de carácter y ambiciones totalmente diferentes.

Es en el contraste entre ambos donde surge el primer gran atractivo de la novela. Norrell es temeroso, introvertido, huraño y egoísta. Mientras que Strange es todo lo contrario: encantador, intrépido, ansioso de explorar otros mundos y de compartir su magia. En lo que dura el libro se pelean, se convierten en maestro y discípulo, se odian a muerte, y se reencuentran. Funcionan como una especie de luz y sombra e incluso cambian en esos papeles. Brillante.

Jonathan Strange y el Señor Norrell

Foto: Agencias

Susanna Clarke

El otro gran punto a favor de este libro es la narración. Clarke lleva al lector con facilidad a la Inglaterra de esos años. Su estilo, aunque a veces irónico, es un homenaje a escritores como Charles Dickens y Jane Austen. Y también al carácter británico. Un ejemplo de esto es cuando se le pregunta a Strange si un mago inglés podría matar a un enemigo con sus poderes. “Un mago inglés quizás. Un caballero jamás”, responde éste.

La forma en que Clarke habla de la magia y su reaparición, como si fuera algo cotidiano, es a la vez hilarante e intrigante. Las descripciones son como mirar un cuadro. Dan ganas de entrar en el libro.

Pero no todo podía ser perfecto. ¿No odian cuando un final les arruina un libro? A mí me pasó con “Jonathan Strange y el Señor Norrell”.

Clarke pone todas las piezas en el tablero de ajedrez, dispuestas a hacer un jaque mate perfecto, y termina botando a su propio rey. El final es abrupto, confuso, un anticlimax total en el momento en que el lector solo puede parar de leer para comerse las uñas de nervio.

Salvo una burda explicación final, no queda claro lo que ocurre con los dos protagonistas y con otros personajes muy importantes. Hay una especie de despedida romántica, desprovista totalmente de emoción y un epílogo sin sentido.

Se dice que Clarke prepara la segunda parte. Es de esperar que corrija el lamentable final, para retomar el camino que tan brillantemente desarrolló durante casi todas las páginas de su debut como escritora.

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