“La Carretera”: Una novela que es mucho más que una historia postapocalíptica

Aprovechando que su versión cinematográfica finalmente llegó a las salas nacionales, vale detenerse a revisar esta magistral novela de Cormac McCarthy.

Guía de: Literatura Fantástica

Mucho se ha escrito sobre cómo puede ser el fin del mundo. O de nuestra civilización. O de ambos. Desde pavorosos cataclismos —terremotos, erupciones volcánicas, tormentas devastadoras, maremotos que cubren ciudades, choques con asteroides— hasta desastres en que esté presente la mano del hombre, como la guerra nuclear, un arma biológica o la contaminación medioambiental llevada al extremo.

La Carretera

Foto: Guioteca

Ejemplos no faltan: “Soy Leyenda”, de Richard Matheson; “El cartero”, de David Brin o “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle.

Pero también la literatura se ha hecho cargo de aquel “día después”. Es decir, lo que ocurre con los restos de la humanidad en medio de un escenario apocalíptico, cómo sobreviven (o no) e incluso si vale la pena dar esa pelea.

Después de meses de retraso, finalmente está en los cines chilenos “La Carretera”, adaptación de la novela homónima escrita por Cormac McCarthy uno de los autores más importantes de la narrativa estadounidense de las últimas décadas. Y el responsable de “Sin lugar para los débiles” (llevada al cine por los hermanos Coen en 2008), junto a otras novelas como “El guardián del vergel”, “La oscuridad exterior”, “Meridiano de sangre”, “La Frontera”.

McCarthy no es un escritor de ciencia ficción, ni mucho menos. Pero su imaginación y sobre todo su prosa construyen un escenario en el que realmente más vale morir que intentar seguir viviendo.

La novela comienza cuando el mundo hace tiempo que dejó de existir. La humanidad ha quedado reducida a puñados de sobrevivientes sumidos en la barbarie, intentando sobrevivir día a día en medio de los restos de un Estados Unidos cubierto de cenizas, donde no existe el gobierno, ni ciudades o los hospitales. Y donde no queda nadie capaz de ofrecer ayuda.

Los pocos que sobreviven lo hacen escapando de bandas de caníbales armados que violan y matan sin piedad, siempre bajo un cielo gris que hace mucho no muestra el sol.

Pero en medio de este desolador panorama, un padre y su hijo viajan por las carreteras —lo único que va quedando relativamente intacto— hacia el sur, con la esperanza de llegar al mar, escapando de un frío omnipresente que recorre toda la novela.

En este futuro apocalíptico los nombres carecen de sentido. Él es sólo un hombre enfermo y cansado, pero con los sentidos alertas ante cualquier amenaza, recorriendo aquel camino empujando el carrito de supermercado donde lleva sus pocas pertenencias. Porque el único sentido que le va quedando a su vida es salvar a su hijo. Salvarlo del hambre, de los caníbales que recorren los caminos y sobre todo de la tentación de rendirse y morir.

El padre lleva un arma y las balas contadas, en caso de que haya que matar a alguien. O, si las cosas salen realmente mal, él deba matar a su hijo para ahorrarle un destino cruel y espantoso.

Cormac McCarthy obtuvo el premio Pulitzer en 2007 precisamente por “La Carretera”. Y con justa razón. Este es un libro que da cuenta del infinito amor de un padre por su hijo, los máximos sacrificios a los que está dispuesto y sobre todo del miedo inabarcable a fallarle.

La temática de “La Carretera” podría caer dentro de cierto tipo de ciencia ficción postapocalíptica, pero es mucho más que eso. Es un libro de vida que debería estar dentro del plan de lectura obligatoria de la Educación Media chilena, sólo porque nadie permanece igual después de leerlo.

En la vida siempre hay libros que resultan imborrables y “La Carretera” es uno de esos.

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