La sombra de la serpiente: Fin a la trilogía egipcia de Rick Riordan

Con “La sombra de la serpiente”, el creador de Percy Jackson pone el broche final a una historia pensada y escrita para jóvenes lectores.

Guía de: Literatura Fantástica

Las aventuras de los hermanos Kane llegan a su fin. Carter y Sadie se aprestan a dar la batalla final por nuestro mundo, en un esfuerzo titánico por detener al dios egipcio Apofis, que ha desatado el caos por doquier.

Su plan de contar con la ayuda de Ra ha fracasado, ya que el dios del sol está fuera de sus cabales. Un grupo de magos rebeldes liderado por Sarah Jacobi los persiguen, responsabilizándolos de todas las desventuras ocurridas y sólo les queda un último plan: capturar la sombra de Apofis. Algo que nadie ha logrado antes. Una frágil esperanza, considerando que el precio de fallar es el exterminio.

La sombra de la serpiente

Foto: Montena

“La sombra de la serpiente” (Montena), del mundialmente famoso escritor Rick Riordan , pone el punto final a una trilogía que a lo largo de sus títulos previos, “La pirámide roja” y “El trono de fuego”, construyó una historia amena y original, con un ritmo que no ofreció respiro a los lectores y que convirtió a Carter y a Sadie en ese tipo de personajes literarios por los cuales resulta inevitable sentir afecto.

La historia comienza de la misma forma que las anteriores, con el propio Rick Riordan contando que ha recibido una grabación de parte de estos hermanos separados en su infancia. Y a partir de ahí, arranca con la trama.

Muchas veces se echa de menos que los personajes protagónicos de una saga no muestren algún grado de evolución en su carácter. En el caso de “La sombra de la serpiente”, el objetivo está cumplido a medio camino, ya que Carter parece seguir siendo el mismo, aunque es Sadie quien demuestra cómo los acontecimientos previos la han marcado.

Riordan alterna las voces de los hermanos, sazonándolos con importantes cuotas de humor. Y eso se agradece. En especial cuando se trata de resolver los intereses románticos de cada uno: Zia con Carter, y Sadie enfrentada al dilema de elegir entre Anubis o Walt.

Sin duda, un final acorde con lo que ha sido el resto de la trilogía. Y aunque su autor desliza ciertas pistas que podrían dejar abierto el final, el desenlace cumple sin dejar cabos sueltos (al menos los importantes).

La comparación con “Percy Jackson” es inevitable, aunque majadera. Las aventuras del joven semidiós griego ya tienen un lugar dentro del corazón de los lectores y Riordan lo sabe. Por eso, aunque en esta ocasión cambia dioses griegos por deidades egipcias, las historias son muy diferentes entre sí y eso se agradece. Posiblemente Riordan tiene más claro que cualquier otra persona que no podía correr el riesgo de copiarse a sí mismo. Y sale airoso del desafío.

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