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El brutal asesinato de Alice Meyer: los puzzles de un impactante crimen sin resolver

En 1985 una hermosa joven de una rica familia fue asesinada en un descampado de Lo Barnechea. Los policías inculparon primero a un joven drogadicto y posteriormente a un empresario.

Guía de: Los 80

El miércoles 18 de diciembre de 1985 las páginas policiales de los diarios de la capital informaron de un alevoso crimen cometido en el solitario sector rural de Lo Barnechea. El día anterior, los policías habían descubierto en un canal de regadío el cuerpo sin vida de Alice Meyer Abel, una joven de 24 años de ascendencia alemana, hija del dueño del restaurant “Munchen”, ubicado en el sector alto de Santiago.

Las primeras indagaciones establecieron que la muchacha, cuyas ropas interiores estaban desgarradas, había fallecido por un fuerte golpe en el cráneo. Las pesquisas se inclinaron entonces por lo más obvio, es decir, que se trataba de un robo con violación, algo bastante extraño tomando en cuenta que Alice Meyer fue encontrada con todos sus objetos de valor, incluida la moto en la que se movilizaba.

alice meyerLos interrogatorios de los policías a varios testigos establecieron posterior y fehacientemente que la joven había sido vista por última vez con vida acompañada de un hombre fornido y de bigotes. Sin embargo, el 26 de diciembre sería encontrado un segundo cadáver en los mismos cerros de Lo Barnechea, también relacionado con el caso. Se trataba de Delfín Díaz, un flaco y joven drogadicto asiduo a esos solitarios parajes, quien fue encontrado ahorcado pendiendo de un árbol y, casualmente, portando un reloj de la víctima. La Brigada de Homicidios de Investigaciones, encabezada por su director Fernando Paredes, aseguró entonces que el caso estaba resuelto y que Díaz era el supuesto asesino de la muchacha (los detectives aseguraron que éste se había suicidado al no poder soportar el cargo de conciencia por haber matado a la joven).

Familia niega la versión

La familia de Díaz negó enfáticamente esta versión, al igual que el juez del 12º Juzgado del Crimen, Fernando Soto Arenas, quien ordenó proseguir las diligencias. El OS-7 de Carabineros, tras mucho investigar, dio por fin con el misterioso hombre fornido de bigotes que acompañó a Alice Meyer antes de su muerte. Se trataba de Mario Santander Infante, un próspero empresario conocido de la familia Meyer y quien además fue reconocido en la rueda de testigos. En abril de 1986 Santander fue encargado reo como presunto autor de la muerte de la joven, y encerrado en la ex Penitenciaría.

En el intertanto apareció en escena otro actor: José Contreras Araya, amigo del fallecido Delfín Díaz y conocido como “Topo Gigio”. Contreras, quien solía aspirar neoprén con Díaz en los cerros y descampados de Barnechea y junto al mismo Díaz acostumbraban espiar desde los arbustos a las parejas de enamorados que llegaban al lugar en busca de intimidad, relató que había visto cómo supuestamente Santander había intentando abusar sexualmente de Alice Meyer y, al no conseguirlo, la había golpeado hasta hacerla perder el conocimiento. Este hecho, según Contreras, llevó a su amigo a extorsionar al empresario, descartando su suicidio, aunque su relato nunca convenció del todo a la justicia.

Luego de varias pericias a las que el juez Soto Arenas se negó, la defensa de Santander acusó al magistrado de prevaricación. Esto significó que el caso pasara a la ministra en visita Raquel Camposano, quien el 24 de junio de 1987, en un fallo que sorprendió a todo el mundo, concedió la libertad al único sospechoso del homicidio, Mario Santander, previo pago de 100 mil pesos. El 3 de julio se revocó la decisión pero, posteriormente, después de pasar 19 meses en prisión preventiva, Santander fue liberado definitivamente, por lo que el crimen de Alice Meyer se cerró sin culpables. Semanas después, el propio “Topo Gigio” ratificaría en la prensa capitalina que “vi a Santander con Alice Meyer”.

Este año, a casi tres décadas de cometido el alevoso asesinato, el ministro en visita, Mario Carroza, decidió reabrir la investigación por el crimen de Alice Meyer. Ante el mismo magistrado, la familia de Delfín Díaz también presentó una querella, afirmando que los médicos legistas de la Brigada de Homicidios y del Servicio Médico Legal de la época habían respaldado la tesis del “ahorcamiento de tipo suicida” de Díaz mediante informes de autopsias falsas. El abogado de la familia Díaz, Álvaro González, manifestó que “a casi treinta años de ocurrido los hechos es una oportunidad única para que se conozca toda la verdad, tanto de la muerte de mi defendido como de la misma Alice Meyer”.

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