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El pop chileno de los 80, un nuevo amanecer de la música nacional (I)

Cuando para muchos era un sueño imposible pretender ser una estrella de rock en pleno gobierno militar, un valiente puñado de grupos y solistas chilenos lograría apoderarse de las radios y de las preferencias.

Guía de: Los 80

En los albores de la década del 80’, en pleno gobierno militar, un grupo de jóvenes chilenos desde diferentes trincheras se aprestaba, en forma más o menos premeditada a formar un nuevo movimiento musical. Y todos tenían dos cosas en común: las condiciones estaban en contra y la profesionalización de muchos de ellos debió partir de cero.

Carlos Fonseca, un joven melómano que escribía críticas musicales para exclusivas revistas de actualidad y trabajaba en la emergente disquería Fusión, propiedad de su familia, en los primeros años de los 80’ estudiaba Licenciatura en Música en la Facultad de Arte de la Universidad de Chile. Allí conocería a un compañero que no sólo conocía a varios de los grupos ingleses que a él tanto le gustaban sino que también llamaba la atención en la sala de clases por su fuerte personalidad. Su nombre era Jorge González.

González, un joven de clase media baja de la comuna de San Miguel que acababa de egresar de un liceo fiscal, le contó a Fonseca que tenía un grupo musical, junto a dos amigos de colegio, llamado “Los Prisioneros”. Habían grabado varios demos en condiciones casi artesanales, pero tenían material suficiente para grabar un disco. Fonseca quedó intrigado con el material, pero cuando lo escuchó quedó anonadado con la calidad de las composiciones y, especialmente, con las lúcidas y sarcásticas letras de Jorge, que derechamente no dejaban títere con cabeza. Usando el paraguas protector de “Fusión”, Fonseca logró que González y sus dos compinches (el guitarrista Claudio Narea y el baterista Miguel Tapia) grabaran un disco en un estudio de 12 pistas que se tituló “la Voz de los 80’”.

Pop chileno

Foto: El Mercurio

Los Prisioneros

Casi simultáneamente, Fonseca ya había hecho contacto con otro músico llamado Igor Rodríguez, quien junto a otros tres músicos tenía un grupo de techno pop llamado “Aparato Raro”. Fonseca también las ofició de productor y metió al cuarteto a grabar otro disco de estudio, que se llamó igual que el grupo. Entre el material grabado destacaban temas que con el tiempo ganarían popularidad, como “Calibraciones” y “El Futuro”.

A fines de 1984, sólo unos pocos y avisados clientes que entraban a la disquería “Fusión”, ubicada en el Drugstore de Providencia, lograron comprar los dos cassetes de los dos emergentes grupos chilenos. Los dos discos debuts eran de indudable calidad, pero lamentablemente en las radios chilenas sólo campeaba la música en inglés. Debió pasar todo el año 1985 y esperar hasta el verano de 1986 para que todo comenzara a cambiar.

Grupos argentinos

Ese verano, dos grupos argentinos -“Virus” y “GIT”- habían logrado posicionar dos singles en las radios nacionales: “Amor descartable” y “Acaba de Nacer”, respectivamente. La excelente respuesta de los fanáticos ante la música en español llamó la atención de varios programadores radiales, que comenzaron a fijarse con mayor detalle en la producción nacional, especialmente en el disco de “Los Prisioneros”, que era el secreto mejor guardado de la temporada.

Fueron dos radios, “Galaxia” y “Tiempo”, las que comenzaron a programar algunas canciones de los Prisioneros, especialmente los temas “Sexo” y “La Voz de los 80’”. Pronto se unirían otras emisoras y, a mediados de ese año, la Prisioneromanía ya era un hecho y las radios que no tocaban pop chileno (como la radio Concierto, que sólo programaba pop inglés o argentino) comenzarían poco a poco a perder la simpatía del gran público.

A fines de 1986 el cuarteto UPA! (Pablo Ugarte, Sebastián Piga, Mario Planet y Octavio Bascuñán) lanzaron su disco debut homónimo. UPA!” se transformaría con el paso del tiempo en un valioso emblema pop, gracias a un repertorio de inequívoco espíritu urbano. A diferencia de Los Prisioneros, el grupo optó por una reflexión social más sutil y poética, sostenida por la new-wave inglesa y chispazos de rock y jazz, con toques muy novedosos como el saxo de Sebastián Piga.

Con canciones como “Sueldos”, “Fotonovelas”, “Ella llora”, “Cuando vuelvas” y “La Bamba”, UPA! se convertiría en uno de los grupos más sólidos de la década. Sus mandamientos eran tres: “Tocar bien, cantar inteligente y tener un estilo personal”, y con ellos se situaron en un punto medio en el escenario pop de la época, entre la lapidaria crítica social de Los Prisioneros y las pretensiones comerciales de grupos como Cinema, con los cuales coincidieron en el Festival de Viña del Mar de 1987. Aunque la experiencia no fue grata para ellos, debido a que su disco recién había salido al mercado y nadie conocía sus temas, UPA! se cobró su revancha semanas más tarde, cuando se unió en la misma Quinta Vergara a Aparato Raro y los argentinos GIT y Sumo, un año antes del suicidio del vocalista Luca Prodán.

Creencias erróneas sobre músicos chilenos

El periodista Emiliano Aguayo, autor de los libros “Maldito sudaca, conversaciones con Jorge González” y “Las voces de los 80’”, relata que para escribir este último libro entrevistó a más de 60 músicos nacionales de la época, en dos exhaustivos años de trabajo. Y gracias a esas entrevistas pudo rebatir muchas creencias erróneas que se mantenían sobre el pop chileno de los 80’, como que los músicos chilenos eran unos meros aficionados entusiastas con ínfulas de rockstar.

“Muchos de los miembros de estas bandas tuvieron estudios formales de música, ya fuera en composición, interpretación o sonido. El pop-rock chileno de los 80’ se inicia en las academias universitarias, donde la mayoría de estos músicos estudian Música, Sonido, Canto, Instrumentos o Arte. Desde ahí los músicos dan sus primeros pasos hacia el profesionalismo. No era todo happy pop-rock como se le ha sindicado. Recordemos que el nuestro era un país precario, sin ayuda oficial a espacios culturales, con pocas tiendas de música, poca música en vivo, cero referentes de rock, un país en blanco y negro y con toque de queda. Para ninguno fue fácil hacer música en este contexto. Y tampoco separaría a estos músicos entre ricos y pobres, como se ha hecho, sino que los calificaría sólo como jóvenes amantes de la música, independiente de si vivían de Plaza Italia para arriba o para abajo. Ellos no eran lejanos a la realidad del país ni vivían en una burbuja, sino que como estudiantes universitarios tenían más que claro lo que sucedía. Sólo decidieron cambiar el blanco y negro y ponerle más color a un país gris, decidiendo adelantarse y hacer la música post Pinochet”.

Video de Los Prisioneros: “La voz de los 80′”

Video de Aparato Raro: “Calibraciones”

Video de UPA¡: “Cuando Vuelvas”

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