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La terrible agonía de Omayra Sánchez: La niña que murió delante de las cámaras de televisión

En 1985, tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, esta niña de 13 años quedó atrapada entre el lodo y los escombros.

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En 1985 la última vez que el “Nevado del Ruiz” -un volcán de 5.400 metros de altura ubicado a 220 kilómetros al occidente de Bogotá- había entrado en erupción, había sido hace 140 años. De todos modos, los habitantes de la zona habían bautizado al volcán como “el león dormido”, pues temían que, de un momento a otro, despertara de su sueño y desatara su furia destructora.

Volcán Nevado del Ruiz.

Volcán Nevado del Ruiz.

En la noche del 13 de noviembre de 1985 el “león dormido” finalmente despertaría de su letargo, vomitando 35 millones de toneladas de materiales y generando varios afluentes de lava, agua y hielo que comenzaron a arrasar todas las poblaciones cercanas. El poblado más castigado fue Armero, que recibió en cosa de minutos una gigantesca avalancha de lodo, tierra y escombros que se tragó literalmente al pueblo, hasta convertirlo en un cementerio gigante.

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Cuando los equipos de rescatistas llegaron a Armero en busca de sobrevivientes, localizaron a Omayra Sánchez, una niña de 13 años que se encontraba atrapada entre el lodo y los restos de su propia casa, con el agua al cuello, encima de los cuerpos de sus familiares fallecidos. Los rescatistas, cuando intentaron ayudarla, comprobaron con espanto que para sacarla necesitaban amputarle las piernas.

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En ese momento las cámaras de televisión comenzaron a registrar los denodados intentos de rescate para sacar a Omayra de la trampa mortal. Para sorpresa de los rescatistas y los periodistas que se encontraban en el lugar, la niña en ningún momento mostró signos de pánico, sino que una entereza a toda prueba. Además, hablaba con una tranquilidad sobrecogedora cada vez que alguien le preguntaba algo. “Estoy preocupada, hoy era el examen de matemáticas”, dijo en una oportunidad, agregando que “toco con los pies en el fondo la cabeza de mi tía”.

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A medida que las horas pasaban y el rescate comenzaba a mostrarse como imposible, la niña confesaba con serenidad que “tengo miedo de que el agua suba y me ahogue, porque yo no sé nadar”, a lo que los rescatistas le contestaban con palabras de aliento: “Te juramos, Omayra, que vamos a sacarte de aquí”. Ella, al oír esta frase, les respondió con ternura: “Váyanse a descansar y vuelvan después para sacarme”.

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El desastre natural en Armero llamó la atención de la prensa de todo el mundo y fueron cientos los periodistas extranjeros que llegaron al lugar. Uno de ellos fue el fotógrafo Frank Fournier, quien se haría famoso meses después por ganar el World Press Photo, en 1985, con una imagen de Omayra que daría la vuelta al mundo y se convertiría en una de las fotografías más conmovedoras de la historia.”Cuando llegué a donde se encontraba Omayra, unas pocas personas la rodeaban en tanto algunos trabajadores de rescate ayudaban a otra persona un poco más lejos. Ella estaba dentro de un gran charco, atrapada de la cintura hacia abajo por concreto y otros escombros de casas que fueron destruidas. Ya llevaba unos tres días en esa situación, estaba dolorida y muy confundida”, recordó el fotógrafo.

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Frank Fournier ganó el World Press Photo en 1985 con esta dramática imagen de Omayra que daría la vuelta al mundo.

A las 10 de la mañana del sábado 16 de noviembre, después que la niña colombiana completara tres días atrapada entre los escombros – ante los flashes de los fotógrafos y las miradas de los periodistas-, los especialistas comprobaron que la opción de amputarle las piernas era imposible, ya que no contaban con el material quirúrgico y las condiciones necesarias como para que sobreviviera. Los rescatistas realizaron un último intento de succionar con una motobomba el fango que no paraba de crecer, pero todo fue en vano. Era imposible sacar a la niña de esa trampa mortal.

Curiosamente, durante esos tres días de agonía, Omayra pensaba solamente en volver al colegio y en sus exámenes, al mismo tiempo que le mandaba un mensaje a la prensa para que ayudaran a su madre: “Yo quiero que ayuden a mi mamá, que ahora está en Bogotá, porque ella se va a quedar solita”, les dijo a los periodistas.

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Al tercer día, cerca de la 1 de la mañana, Omayra comenzó a delirar. Testigos señalan que dos horas después la niña comentó: “Ya el Señor me está esperando”. Al poco tiempo, la menor cerró sus ojos para siempre. Testigos cuentan que antes de morir levantó su carita y miró a los rescatistas y los periodistas e intentó esbozar una sonrisa.

Periodistas de la BBC relataron posteriormente que “Omayra no nos miró con súplica, no estaba derrotada, había mucho de valentía en su mirada”. La noticia de su muerte, por descontado, dejó consternados a todas las personas que habían intentado rescatarla, como el médico colombiano Mauricio Sarmiento: “No es justo, Dios, no es justo. Después que luchamos tanto y ella aguantó”, se lamentaría entre sollozos el galeno.

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La entereza y ternura infantil con las que esta niña colombiana de 13 años afrontó los esfuerzos de un rescate imposible mientras las cámaras de televisión retransmitían sus últimas horas de vida, la convirtieron al cabo en la víctima más famosa de las 25 mil víctimas que dejó la erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985. Actualmente, en el sitio donde la pequeña Omayra padeció su cruel agonía es una especie de lugar de peregrinación para muchos colombianos (la niña fue enterrada allí mismo, ya que su madre no quiso que le cortaran las piernas para sacarla de allí y enterrarla en un cementerio). Muchos la consideran una santa y en el lugar, de hecho, hay más de un centenar de placas puestas por personas que le dan las gracias a la pequeña Omayra por los “favores” recibidos.

Video que recuerda la dramática historia de Omayra Sánchez:

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