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Mickey Rourke: la accidentada historia del mayor ícono masculino de los 80’

Antes del reinado de Brad Pitt, Leo Di Caprio y Johnny Depp, este rudo actor norteamericano que popularizó el pelo grasiento y la barba de cuatro días fue uno de los mayores referentes para el sexo fuerte del planeta.

Guía de: Los 80

Si John Travolta fue el ídolo absoluto de la década del 70′, él fue la cara más cool y emblemática de los años 80′. Los hombres querían imitarlo y las chicas acostarse con él. La carrera actoral de Mickey Rourke comenzó en las prestigiosas aulas del legendario Actor’s Studio, el mismo sitio donde se forjaron estrellas del Séptimo Arte como James Dean y Marlon Brando. Tras debutar en la cinta “1941”, Rourke actuó en papeles secundarios en films como “Las Puertas del cielo” y “Diner”, pero fue en 1983 cuando llamó la atención del público y la crítica especializada. Fue convocado por el mítico director Francis Ford Coppola para actuar en la cinta de culto “La ley de la calle” (“Rumble Fish”), donde personificó al enigmático “Chico de la moto”, el hermano mayor de Rusty James, el protagonista personificado por el actor Matt Dillon. “Lo contraté porque tenía un estilo único. Combinaba un aire de misterio y un atractivo extraño”, confesó por ese entonces el director de “El Padrino”.

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A partir de ese momento, la carrera de Rourke entraría en tierra derecha con tres películas que lo convertirían en ídolo cinematográfico y sex symbol mundial. En 1985 protagonizó la violenta cinta “Manhattan Sur” (“The Year of the Dragon”), de Michael Cimino. Al año siguiente actuaría en “Nueve Semanas y Media”, un drama erótico dirigido por Adrian Lyne en la que compartía pantalla con la sensual Kim Basinger. Y en 1987 protagonizaría la que quizás sea su mejor película de los años 80’: “Corazón satánico” (“Angel Heart”), del director británico Alan Parker. En esa cinta Rourke interpretaba a Harry Angel, un decadente detective privado que, sin quererlo, entraba en tratos con el mismo diablo, encarnado por un grandioso Robert de Niro. Esta película, por cierto, causó cierta polémica por una recordada escena de sexo explícito de Rourke con la actriz Lisa Bonet.

El impacto que supusieron estas tres películas para la carrera de Rourke fue decisivo. En Francia, cuna del cine, todavía se le recuerda especialmente por “Manhattan Sur” y “Nueve semanas y media”, que permaneció dos años en la cartelera de los Campos Elíseos. El público francés, de hecho, elevó al actor a la categoría de máximo representante de la cultura americana. “Si hubiera muerto después de “Corazón Satánico”, Mickey Rourke sería recordado como un James Dean o un Marlon Brando”, dijo en su momento el director inglés Adrian Lyne después de trabajar a su lado en “Nueve semanas y media”.

Por esta época, además de su desempeño actoral, Rourke patentaría un look que sería imitado por millones de hombres en todo el mundo: ropa casual, el pelo grasiento peinado hacia atrás y barba de cuatro o cinco días. Un aspecto descuidado, pero rebelde y transgresor, definitivamente cool. A esas alturas, Rourke era considerado por muchos como una nueva versión de Marlon Brando, James Dean o Paul Newman. Alguien igual de legendario, pero de una generación más próxima.

En 1987 Rourke también cosecharía buenas críticas por su interpretación del escritor de los bajos fondos americanos Charles Bukowski en la cinta “Barfly”, con quien entablaría una sincera amistad; y por la cinta “Johnny Handsome”, de Walter Hill, donde compartió pantalla con los actores de color Morgan Freeman y Forest Whitaker.

Caída en picada

Cuando se acabaron los años 80’, casualmente –o quizás no- la carrera de oro de Rourke caería de a poco en picado. Tras protagonizar la película “Harley Davidson y Marlboro Man” y la cinta erótica “Orquídea Salvaje”, junto a su esposa Carrie Otis, Rourke comenzó a boxear profesionalmente, un deseo que perseguía desde su niñez. Fue el adiós del actor Mickey Rourke y la llegada de “Marielito”, el nombre que adoptó como púgil. Tras cuatro años de pelear sin demasiado éxito, Rourke debió retirarse de los cuadriláteros por consejos de sus médicos. A esas alturas ya había perdido la memoria inmediata, llevaba cinco operaciones en la nariz, había sufrido dos o tres contusiones y tenía rotas las manos y el hueso de la mejilla.

Las malas compañías (fue amigo del gangster John Gotti y del rapero Tupac Shakur) y sus excesos y salidas de madre (donó parte de su sueldo al IRA y se tatuó su apoyo a la banda terrorista, mientras su esposa lo denunció a la policía por malos tratos) le fueron restando relaciones y amistades y le fueron construyendo una imagen de chico malo. Con el rostro dañado por las peleas y reconstruido por varias cirugías plásticas y luchando contra su fuerte carácter, que a menudo lo hacía pelear con directores y actores ( Alan Parker, tras dirigirlo en “Corazón Satánico”, describió la experiencia como “una pesadilla, porque es alguien peligroso y nunca sabes lo que va a hacer”), el otrora niño bonito lleno de talento y de sonrisa magnética se vio relegado a papeles secundarios y cintas de escaso nivel y de bajo presupuesto que lo fueron alejando del gran público. Además, para rematar la faena, tomó pésimas decisiones artísticas, como rechazar papeles en cintas como “Los Intocables”, “El silencio de los Inocentes” y “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino era un declarado admirador suyo y le ofreció el papel del boxeador que al final interpretó Bruce Willis).

Pese a ello, muchos prestigiosos jóvenes actores y directores que fueron confesos fans suyos, como Vincent Gallo, Sean Penn, Steve Buscemi y Robert Rodríguez, lograron convocarlo a cintas como “Buffalo 66”, “El Juramento”, “Factoría Animal” y “Sin City”, respectivamente. En esta última película, basada en el cómic de Frank Miller, la actuación de Rourke fue particularmente alabada con críticas muy favorables.

Resurrección artística

Pero en el 2009 se produciría la esperada resurrección del actor que deslumbró a millones de espectadores en los años 80’. El director Darren Aronofski lo convenció para interpretar a Randy “The Ram” Robinson, una decadente ex estrella de la lucha libre que tiene el dinero apenas suficiente para vivir en un remolque y que tiene una hija que descuidó en su infancia y que ahora no le habla, en la cinta “El Luchador” (“The Wrestler”). “Darren no la escribió ex profeso para mí, pero supongo que me tenía en mente y a medida que trabajamos juntos la hicimos más cercana. El guión tocaba todos mis puntos débiles y fue un reto. Para cuando concluimos el rodaje, por primera vez en mucho tiempo, lo había dado todo. Me había olvidado de esa sensación, algo que no sentía desde que era estudiante de arte dramático. Conmigo nunca fue un problema de habilidad, de mi capacidad para ser actor. Eso nunca estuvo en duda. Con lo que tuve problemas fue con mi comportamiento en sociedad, con ser capaz de responsabilizarme de mis actos”, confesó Rourke después del estreno de la película.

Rourke asegura todavía que en esta película hay una escena que particularmente lo emociona, pero que también odia, quizás por porque es demasiado cercana a su propia vida. En una parte de la cinta, “The Ram” Robinson, alejado de los cuadriláteros por consejo de los médicos, debe ponerse a trabajar vendiendo fiambres en un supermercado para poder sobrevivir. Todo marcha bien hasta que un cliente le reconoce y le dice: “¿no te he visto antes?”. “En ese momento “The Ram” siente la mayor de las humillaciones, una sensación terrorífica”, comenta Rourke, recordando que en lo más bajo de su carrera uno de los pocos amigos que le quedaban le prestó una vez 200 dólares para que pudiera comer y pagar el alquiler del tugurio en el que vivía.

“El Luchador” supuso un triunfo absoluto para el ex paria de Hollywood. Mickey Rourke ganó un Globo de Oro, un premio Bafta, un premio Spirit y un premio del sindicato de EE.UU. como mejor actor dramático. También logró ser nominado a un Premio Oscar pero, pese a ser un marcado favorito de la mayoría de la crítica especializada, fue derrotado por Sean Penn.

En la actualidad Rourke sigue haciendo películas, aunque quizás más importante que eso sea que por fin exorcizó a los demonios que le arruinaron su carrera y le quitaron fama, prestigio, familia y esposa. Los mismos demonios que nacieron con los abusos y golpizas que sufrió cuando era niño y que intentó ocultar tras la apariencia de actor bien parecido y duro. “Nunca pude aceptar la fama. Para entonces no quería alabanzas. Eso fue lo que me llenó de rabia, que recibí toda esa atención cuando era un hombre, y nunca de niño. Como en “El luchador”, yo reaccionaba sin pensar, no aceptaba ninguna responsabilidad. No quiero volver a ese lugar. Ni que me vean como un acabado, porque todavía respiro. Que me metan en la caja cuando esté muerto, pero no mientras me quede aliento”, concluye el actor que marcó a fuego los años 80’.

Escena final película “Corazón satánico”:

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