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¿Por qué México está en los últimos lugares del mundo en Educación? (I)

La actual realidad educativa en el país es lamentable. México destina uno de los mayores presupuestos del mundo a Educación, pero los índices de aprovechamiento escolar están entre los peores

Estudiar en México es, hoy, una pesadilla.

Crónicas, reportajes, documentales, historias de vida y textos literarios han abordado el tema. Pero el problema se mantiene. Los gobiernos no han sido capaces o no han querido poner orden, los líderes sindicales se refugian en sus millonarias ganancias y los maestros hacen literalmente lo que les da la gana, con total impunidad.

Mientras tanto, los niños y adolescentes mexicanos egresan en oleadas cada año sin tener los conocimientos mínimos para desempeñarse en el mundo.

Cuando se investigan las causas de este retraso estructural comienzan a surgir aspectos increíbles, muchos con tintes surrealistas. Es una historia que aglutina ineficiencia gubernamental, sueldos fabulosos, corrupción sindical, estudiantes que no saben leer, maestros que no saben leer, escuelas que durante décadas se caen a pedazos y la endémica propensión de muchos sectores de México por vivir a costa del trabajo de los demás. Entre otros factores.

Educación México

Foto: Reuters

Tumbó a políticos, influyó en las decisiones presidenciales, acumuló una riqueza incalculable… Elba Esther Gordillo es sindicada por muchos como una de las principales causas de la crisis educativa en México.

El tema es complejo y condensar varias décadas de historia es difícil en un texto corto. Para abordarlo de la manera más didáctica posible, me he propuesto dividir por tema. Hoy analizaremos al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). El segundo texto abordará a sus rivales aglutinados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Y el tercero, a la Reforma Educativa y a los vicios que con ella se pretende superar. Así, me parece, quedará mejor cubierto el asunto.

Veamos.

Para los sindicatos educativos, el 2013 es época de crisis. La aprobación de la Reforma Educativa el 25 de febrero de 2013, y principalmente la detención de la máxima líder del SNTE, la inefable Elba Esther Gordillo, modificaron para siempre el mapa político-educacional en el país. De paso, desataron el quiebre.

Durante décadas la educación mexicana no estuvo en manos del estado sino del SNTE, encabezado por “La Maestra”. Desde aproximadamente 1990 el SNTE decidió el uso de los recursos públicos, puso y quitó ministros (en México llamados Secretarios) a su antojo, obtuvo ganancias estratosféricas, determinó plazas (puestos de trabajo), salarios y cargos, amenazó con generar ingobernabilidad y, en síntesis, enquistó la corrupción como forma de operar.

El poder del SNTE, el sindicato más importante (y quizá más sucio) de Latinoamérica, estribó en su capacidad de movilización. Según los cálculos, casi 5 millones de mexicanos forman parte o dependen directa o indirectamente del él. Y esa cantidad de electores potenciales le permite pactar con senadores, ministros y presidentes de la República.

En la práctica, el SNTE fue (y muchos dicen que aún lo es) una mafia. Tras casi tres décadas de gestión, logró obtener para sus afiliados prestaciones que ni los ejecutivos de las más grandes empresas podrían soñar. Sueldos fabulosos por solo organizar y asistir a congresos sindicales; vehículos de lujo y del año (y a veces hasta dos o tres, o hasta 10 o 20, en un año) para sus líderes; trato directo con los más influyentes personajes del país; y, principalmente, una autonomía absoluta respecto del uso de los recursos obtenidos de las cuotas sindicales y del estado mexicano.

Porque el SNTE, valiéndose de un tergiversado concepto de independencia sindical cuando se conducía a través de la legalidad,  y de la amenaza, el chantaje y la fuerza el resto del tiempo, jamás le rindió cuentas a nadie.

Con certero instinto ante la evidencia, durante décadas los mexicanos supieron que el SNTE existía para beneficiar a sus integrantes y no para mejorar la educación. ¿El problema? No había pruebas porque nadie era capaz de meterse con “La Maestra”.

Hasta ahora.

En febrero de 2013 el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto encarceló a Gordillo desatando primero el júbilo y después la reticencia. Pasada la primera fiebre -en un país que observa con indignación cómo políticos, funcionarios y líderes se convierten en millonarios de la noche a la mañana-, muchos vieron en esa acción una movida estratégica del presidente para legitimarse tras las acusaciones de fraude electoral (un clásico en México), y que, como en El Gatopardo de Lampedusa, en realidad se trata de un cambio para que finalmente nada cambie. El hecho es que hoy Elba Esther Gordillo permanece detenida.

Cuando se le revisaron sus cuentas se descubrió que “La Maestra”, que decía precibir dos salarios como profesora que sumaban 35 mil pesos mexicanos (poco menos de 1.400.000 pesos chilenos), poseía departamentos en Miami y un penthouse en New York, un jet privado y varias mansiones en algunas playas de México.

Otra cosa es su sueldo. Las cifras más conservadoras indican que La Maestra percibía un sueldo real mensual de, al menos, 100 millones de pesos mexicanos (poco más de 8 millones de dólares). Sin impuestos ni preguntas.

Hoy, mientras el gobierno aún no decide qué hacer con los interminables bienes de Gordillo, la mayor parte de las aulas mexicanas del sistema público siguen cayéndose a pedazos.

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