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La Química del Amor: debates científicos en torno a un sentimiento que nos enloquece

Los científicos han realizado experimentos, análisis y observaciones para esclarecer el planteamiento bioquímico del amor en nuestros cerebros.

Desde hace poco más de una década, los científicos han realizado experimentos, análisis y observaciones para esclarecer el planteamiento bioquímico del amor en nuestros cerebros.

La precursora de estos estudios fue la antropóloga Helen Fisher, quien comenzó el año 2007 a analizar y observar el cerebro de personas locamente enamoradas y también el de los que se encontraban deprimidos por la pérdida de un amor. En sus estudios, descubrió la importancia de los factores biológicos y hormonales de las sustancias químicas en el proceso de amar.

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Fisher, es también autora de libros como ¿por qué amamos? Dónde describe cada aspecto del enamoramiento desde el punto de vista científico. Entre sus declaraciones más tajantes y aunque no tan sorprendentes, declara que sus estudios la han llevado a corroborar que los hombres se enamoran más de prisa que las mujeres, que los estímulos visuales tienen mayor acogida y activación de una zona cerebral en el género masculino (no es casual que la industria pornográfica tenga tanto éxito), y que tres de cada cuatro personas que se suicidan por “mal de amores” son hombres.

También descubrió que en el aspecto pasional y la forma de experimentar el amor, mujeres y hombres sentimos y sufrimos de un modo similar, sin embargo, declara que lo más sorprendente es que en los cerebros de las mujeres enamoradas se activaran tres zonas diferentes relacionadas con la memoria y la rememoración, es decir, con algo más profundo que un simple recuerdo, de ahí que ellas no olvidan cómo han sido tratadas, o cómo se comportó el hombre que ella ama en su cumpleaños o cómo reaccionó cuando ella lo necesitaba, estos son factores cruciales en la activación del enamoramiento femenino.

 

Para intentar descifrar la fórmula del amor, científicos y estudiosos de todo el mundo han realizado diversos experimentos para analizar cómo funciona nuestro organismo ante los estímulos del que amamos.

Investigadores de Londres tampoco se han quedado atrás y analizando imágenes captadas por cerebros enamorados, concluyeron que ante la persona amada se activan zonas del cerebro que también se activan con el estímulo de drogas sintéticas, produciendo sensaciones de euforia, y anulando las áreas cerebrales encargadas de realizar juicios sociales y de valor, lo que se traduce en que cuando observamos al amado, lo hacemos “ciegos de amor”.

Todos los estudios concluyen que nos atraen personas con rasgos similares a los nuestros y que tendemos a elegir el olor de quienes tienen un sistema inmunológico diferente al propio, incluso influye el tipo sanguíneo, pues la atracción suele ocurrir con las personas del mismo tipo(A, AB, B,O).

Con todas estas cartas sobre la mesa, el Dr. estadounidense Larry Young, plantea que sería posible desarrollar fármacos que disminuyan o aumenten nuestros sentimientos por los demás y agrega “algunos experimentos ya han demostrado que una inyección nasal de oxitocina aumenta la confianza y ayuda a entender las emociones de los demás”, ya en Australia se investiga cómo utilizar esta hormona en spray en apoyo a las terapias de pareja.

Y para concluir, un par de siquiatras de New York: Donald F. Klein y Michael Lebowitz, han detectado que cuando nos enamoramos estamos literalmente locos porque bajan los niveles de serotonina. La dopamina, la feniltilamina y la norepinefrina, que son los químicos responsables del insomnio, el anhelo, la euforia, la pérdida del apetito y las fijaciones mentales son segregadas por nuestro cerebro cuando estamos bajo el “hechizo” del amor, lo que se traduce en un aumento en la secreción de dopamina, el neurotransmisor que nos impulsa a repetir los comportamientos que nos provocan placer, que unida a las ya mencionadas oxitocina y norepinefrina (que son participantes activas en las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche de la madre), actúan como mensajero químico del deseo sexual…así el cóctel se dispone a crear todas las mezclas químicas necesarias para crear el enamoramiento.

Ser adicto al sexo y a las sensaciones producidas por el amor es similar a cualquier otra adicción, Amar por el placer de experimentar los cambios químicos que suceden sin importan si el otro merece nuestro amor es una forma de adicción como cualquier otra.

A tener en cuenta:

Personas sanas, sin desorden siquiátrico, cuando se encuentran muy enamoradas, comparten con el paciente siquiátrico una relación común a nivel de serotonina. En resumen, el amor es un estado de locura, o mejor dicho, la locura y el enamoramiento son estados químicos cerebrales similares. Y yo me pregunto ¿Qué sería de nuestras vidas sin llevar nuestros sentidos y fluidos químicos al extremo? ¿Qué sería de nuestra especie si evitáramos la euforia romántica para evitar ese incontrolable estado de locura? ¿Qué ocurriría si un día nos venden en la esquina un fármaco, para evitar o provocar el estado de enamoramiento? …el amor es un estado químico cerebral, es un motor en nuestras personalidades y es crucial para la preservación de la especie…

Conclusión: a vivir el día a día y experimentar la dulce e inocente entrega a nuestras reacciones químicas. El amor sigue siendo inevitable.

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