50 años de un mito urbano: ¿Cuáles son los enigmas de la portada de Abbey Road?
- Nicolás Chiesa, ex Guía de Rock
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Cincuenta años atrás, exactamente cincuenta años, hizo un calor bochornoso en Londres. Los Beatles se encontraban (con pocas ganas) enfundados en trajes para tomar las imágenes que vestirían “Abbey Road”. Es fácil imaginar la escena: Paul descansa a un lado esperando el turno, descalzo, con el saco a un costado y las sandalias por allí. Lo llaman para la toma, olvida calzarse, queda retratado. Todos interpretan: está descalzo porque en realidad Paul “está muerto”. Otro mito urbano que había nacido dos años atrás.
La mítica portada del último disco grabado por Los Beatles (el último editado es “Let It Be”) es un resumen perfecto de lo que es una leyenda urbana, una serie de ficciones que, sumadas del boca a boca, va tomando verosimilitud. A saber: Lennon viste blanco, el que era su color preferido: el sacerdote, o el santo que recibe al fallecido. Ringo de negro, el color del luto que usan los familiares ante una muerte. Paul sin el calzado y detrás, vestido de jeans como la clase trabajadora (hermoso prejuicio), George, el sepulturero.
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Más allá la patente de un coche: LMW – 28IF. Explicación: Linda McCartney Widow (viuda). El número no dice nada, pero el “IF” (si, sin acentuar, en castellano) también disparó la imaginación: si no habría muerto Paul tendría… 27. ¡Pero si tomas el último año de gestación te da 28!
Paul, zurdo, fuma con la derecha. Tal vez se había rascado la nariz un instante antes. Pero la imaginación colectiva prefirió pensar que su reemplazante era diestro. Y el policía detrás… se ha hablado de todo el pobre hombre, que tan solo fue quien cortó el tránsito para la toma.
¿Por qué es –biográficamente hablando– más correcto pensar que nada fue premeditado y todo se salió como salió. Porque los Beatles ya no querían hacer aquello. Cada cuál confiaba en lo suyo. Lennon jamás se hubiera molestado en vestirse para el montaje de una escena: él ya no quería hacer el disco y tenía lista su despedida de la banda. Que postergaría y sería ganada de mano por Paul, meses después.
La foto la tomó, a las apuradas, Ian MacMillan, que sólo sacó seis imágenes. El lugar escogido también fue elegido para simplificar las cosas: el disco iba a llamarse “Everest” (la marca de cigarrillos que fumaba el ingeniero de sonido Geof Emerick) y finalmente todos se decantaron por el nombre del estudio que los había forjado, que a su vez tomaba el nombre de la calle. ¿Y la foto? Justamente, en la calle.
Los Beatles apenas se interesaban por lo que hacían, en aquellos tiempos. Después de la grabación, ya no hubo más. Un último álbum sería editado en el invierno siguiente. John ya tocaba por su lado. Paul sacaría su disco solista y en pel anunciaría lo que nadie quería escuchar: Los Beatles eran historia. Lo que ni McCartney pudo preveer: allí comenzaba la leyenda.
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