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La compleja relación de The Beatles con la religión: Supuestas apariciones incluidas

Citó su famosa frase acerca de la popularidad de la banda y tiempo después una extraña visita instauró un interrogante jamás resuelto.

Guía de: Rock

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John Lennon había nacido para cosas grandes. Al hombre no le fueran con pequeñeces. Los Beatles habían conmovido al planeta entero como jamás otros músicos lo harían y John lo explicó en palabras… desafortunadas.

“El Cristianismo se irá. Desaparecerá y se encogerá. No es necesario discutir sobre esto: será así. Ahora mismo Los Beatles somos más populares que Jesús. No sé qué desaparecerá primero, si el rock & roll o el cristianismo”, dijo Lennon. Para qué.

En 1966 la banda estaba en su mejor momento y comenzaba a vislumbrar lo que luego sería el rock de estadios: eternas giras en las que los artistas embolsarían ganancias aún más grandes que con los discos y los contratos. Pero John lanzó aquello y todos alzaron las cejas. Había ido demasiado lejos. Estados Unidos se ofendió con esas palabras como ninguna otra nación. Organizaciones realizaron quema de discos de la banda y boicotearon al grupo. Las últimas presentaciones de Los Beatles sufrieron una insólita baja en la venta de tickets. Entonces la banda tomó una decisión histórica: dejar de tocar en vivo.

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La idea era sencilla: desarrollarse en el estudio de grabación y armar las mejores canciones de todos los tiempos. En eso estaban los muchachos –grabando el álbum más grande de la historia–, luchando por lo que creían con sus estrictas reglas: Los Beatles (todavía) no dejaban entrar a nadie al estudio. Ni abogados, ni groupies, ni charlatanes. Nadie.

Todo sucedió así: la banda se encontraba grabando “Fixing a hole” en el frío invierno de 1967, un título que despertaba un par de lecturas posibles. «Fix» significa “reparar”. Pero también solía usarse en el slang británico como “inyectar”. De hecho, para un drogadicto, una dosis resulta una suerte de dudosa reparación… de tiempos efímeros, por supuesto.

Un día de febrero, alguien tocó el timbre de la casa de Paul McCartney, que se preparaba para salir a Abbey Road. El músico solía atender a quienes tocaban a su puerta y los desafiaba: si no eran interesantes los echaba amablemente. El recién llegado llamó su atención: “Soy Jesucristo”. Paul explicó años después que no creyó que lo fuera: “Lo más probable es que no sea –pensó en ese momento– ¿por qué habría de venir a visitarme a mí? Pero si acaso lo es, no voy a echar a Jesucristo de mi casa”, concluyó Paul. Lo invitó a pasar y le sirvió una taza de te. Al cabo de unos minutos ambos fueron al estudio Regent Sound (dato interesante: “Fixing a Hole” es el primer tema de la banda grabado en Inglaterra fuera de Abbey Road).

Llegaron antes que los demás. “Y éste quién es”, se preguntaban todos a medida que entraban y veían al hombre. Estaban por echarlo cuando McCartney respondió: “Dice que es Jesucristo, pero es inofensivo”. Macca le dijo que permaneciera en silencio en un costado, sin molestar. Así fue. El hombre no dijo una palabra y en algún momento, cuando le dirigieron la mirada, ya no estaba más. Ningún portero del Regent dijo haberle abierto.

Los Beatles no volvieron a saber de él. A diferencia de cuanto personaje haya sido aludido siquiera por una estrofa o anécdota de Los Beatles, el joven jamás se presentó en ninguna redacción, no escribió libros aprovechando su segundo de fama al lado de los Fab Four, nada de nada. La historia la contó el propio Paul en su biografía “Many years from now”, de Barry Miles, en 1997. “Fixing a hole” formó parte del álbum “Sg Pepper´s Lonely Hearts Club Band”. El disco fue un suceso mundial. ¿Qué sucedió aquella jornada? La anécdota, no tan conocida en la mitología beatle, quedó como un enorme signo de pregunta. ¿Jesus se le apareció a la banda, tal vez por aquellas desafortunadas declaraciones de John? ¿O fue para advertir sobre el uso de drogas? Tal vez, claro, se trató solo de un lunático.

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