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El escándalo de John Deacon que lo alejó del mundo y sus excompañeros de Queen

En 2002 un lío romántico empujó al músico a tomar su drástica decisión: Retirarse de la música para siempre.

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De John Deacon lo sabemos todo. O casi. Era el menor de los Queen. El más callado. No era un virtuoso del bajo, pero tenía el genio compositor que sumó buenas páginas a La Reina. Que Rolling Stone lo escogió como el 32avo bajista de la historia. Que sufrió como ningún otro la muerte de Freddie Mercury. Que vive ermitaño en su mansión, alejado de todo.

Lo que no todos saben es qué fue lo que terminó de hacerlo decidir. Recapitulemos… En 2002 Deacon atravesaba una depresión. Su mente se hacía a la idea de que no había Queen sin Freddie y los intentos de sus compañeros Brian May y Roger Taylor no terminaba de decidirlo. Célebre es su lacónica reflexión tras la prueba a Robbie Williams para cantar We are the champions… y eso que Robbie ya era también una estrella. Williams terminó y todos se quedaron mirando qué opinaba el bajista. Deacon levantó la mirada y espetó: “Señores, este señor decididamente no es Freddie Mercury”.

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En aquellos días de rumores de reemplazos. John se sumó a sus compañeros para dos aventuras más con Queen, ya sin el genio del bigote: la terminación de Made in Heaven (1995) y la filmación de No one but you, aquel tema del 2000 que resultó su adiós.

 

Pero hubo un hecho puntual que sucedió en 2002 que precipitó las cosas. Los diarios amarillistas hicieron un escándalo en base a las visitas de John a un club de strippers. Así parece, Deacon tenía un palco vip reservado en un club de Londres donde frecuentaba siempre a la misma bailarina.

Al enterarse los medios, las ofertas corrieron para que testigos delataran al bajista. Así se supo que ella tenía 25 años, que él le había regalado un Mercedes Benz, que había pagado costosas vacaciones a Marsella para toda su familia. La stripper tuvo honor y resistió las tentaciones: jamás contó sus vivencias por dinero, el mismo que sí aceptaba por bailes eróticos.

Imaginen a Deacon. Casado hace 46 años con Veronica Tetzlaff, con seis hijos, las portadas sensacionalistas no eran para él. Se recluyó en su mansión y se aisló de todos. Incluso de sus viejos amigos a quienes sólo trató (a veces) por medio de e-mails. Apenas si salió de su casona en los últimos veinte años: fuma un cigarrillo, mira con mala cara a los paparazzis, vuelve a entrar. “No nos contesta algunos mails, pero acepta todos los cheques”, explican los Queen años después. Bien merecido los tiene.

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