Chile vs Brasil: Los mejores 10 ejemplos de que la historia en mundiales se puede quebrar

Mientras se espera el pleito ante Brasil, los registros históricos muestran que ya hubo momentos en que la estadística o el peso de la camiseta del favorito no impidió la victoria del que menos se pensaba.

Guía de: Selección Chilena

Desde que se formalizó que Chile se medirá con Brasil, este sábado en Belo Horizonte, se han publicado desde videos motivacionales con personajes tan disímiles como un ciudadano común o un personaje histórico anglo, hasta teorías metafísicas en que se están dando similares resultados a los anotados en épocas pretéritas.

Sin embargo, en lo concreto en la historia de los Mundiales –y también de otros importantes torneos como la Eurocopa- hay registros de que cuando un favorito ya giraba a cuenta de una potencial victoria, gracias a la estadística a favor y/o el tonelaje que inspira su camiseta, el rival de turno también mostró sus argumentos dando vuelta la historia.

Historia, palabra que en este ámbito futbolero no es más que las ya mencionadas estadísticas previas que, a su vez, son sólo número que completan cuadernos, revistas y sitios web.

De cara al pleito de la Roja –que, ojo, cuenta con avales de juego para protagonizar un batatazo- con el monumental favorito brasileño –del que hay que temer no lo que ofrece en la cancha, sino de lo que se insinúa de su entorno- presentamos ejemplos de partidos donde se demuestra que no siempre el que tiene la mayoría de las preferencias celebra al finalizar el partido.

HUNGRÍA vs ALEMANIA FEDERAL 2-3: 4 de julio de 1954, Berna. Final del Quinto Mundial. La invencible Hungría llegaba a la instancia que le permitiría formalizar el rótulo de ser el Mejor Equipo del Mundo. Nadie dudaba de aquello, ni la prensa especializada ni la hinchada. Salvo los alemanes, obvio.

La confianza de los magiares se fortalecía con los 31 partidos sin perder que registraban desde 1950. Mucho mejor, en la primera ronda ya habían goleado a los germanos por 8-3. Y cuando se cumplían 10 minutos de aquel partido por el título ya ganaban 2-0.

Sin embargo, los teutones reaccionaron y –ante la sorpresa de propios y ajenos- terminaba el primer tiempo igualado 2-2. La sorpresa se consumó faltando seis minutos para el último pitazo cuando un remate de Helmut Rhan venció al portero Gyula Grosics, dando pie al bautizo de ese cotejo como El Milagro de Berna.

ARGENTINA vs PERÚ 2-2: 31 de agosto de 1969, cancha de Boca Juniors. Argentina –apostando a su linaje histórico- se tenía fe que iba a lograr la victoria sobre los irreverentes peruanos para forzar un partido de definición que determinaría el clasificado al Mundial de México. Además, programando el encuentro en La Bombonera el factor público sería determinante para intentar amedrentar a los del Rímac.

Sin embargo, a los dirigidos por el brasileño Didí ni siquiera les dio cosquillas. Apelando siempre a su juego de toque –y haciendo patente el liderazgo de Chumpitaz, León y un bisoño Nene Cubillas- los herederos de los incas consiguieron el empate que les aseguró su cupo en el certamen azteca.

Este resultado fue una de las primeras postales en Sudamérica que mostraban que los tiempos en que se ganaba mostrando la camiseta comenzaban a archivarse.

INGLATERRA vs POLONIA 1-1: 17 de octubre de 1973, mítico estadio de Wembley en Londres. Los siempre orgullosos ingleses estaban urgidos porque debían vencer en su casa a los sorprendentes polacos para clasificar al Mundial de Alemania.

Un sector de los británicos daba por descontada la victoria, y se burlaban del portero visitante, Jan Tomaszewski, a quien calificaron de “payaso”. El caso es que ese “payaso” les contuvo todas las intentonas a los que habían sido campeones mundiales siete años antes.

Para colmo, la presión para los súbditos de S.M. aumentó cuando a los 57’ Jan Domarski abrió la cuenta. La ansiedad se apoderó de los isleños, quienes lograron empatar gracias a un penal convertido por Alan Clarke a los 63’. Pero a esa altura, los polacos estaban anímicamente más enteros ante los terrores de los ingleses, quienes fueron eliminados en su propia casa… a pesar de su historia.

YUGOSLAVIA vs ESPAÑA 0-1: Este partido, fechado el 30 de noviembre de 1977, es conocido como La Batalla de Belgrado. En el último duelo del correspondiente grupo, los eslavos necesitaban ganar a los hispanos para forzar un partido extra, en campo neutral, para definir el clasificado al Mundial de Argentina. Tal como había sucedido cuatro años antes, donde el equipo del Mariscal Tito se impuso en Frankfurt al mismo antagonista.

Para conseguir su objetivo, se declaró una tácita guerra en contra de España, con amenazas de que habría más que fútbol en la cancha. Fue tal la paranoia, que el DT de los ibéricos, Ladislao Kubala, verificaba en persona las comidas de sus jugadores en el hotel para evitarse sorpresas con algún alimento contaminado. Además, en los Balcanes se declaró ese día de noviembre feriado para que todo el país estuviera pendiente del pleito.

El estadio de Belgrado estaba lleno de yugoslavos que convirtieron el escenario en un infierno. Para peor, apenas se escuchó el pitazo inicial los locales sacaron sus mejores cócteles de patadas para bajarle el ánimo a los españoles. Aun así, la visita mantuvo la sangre fría y anotó, en los 71’ gracias al argentino nacionalizado Rubén Cano.

Cinco minutos después, y hay que señalar que el español igual puso lo suyo, el delantero Juanito recibió un botellazo en la cabeza cuando era reemplazado, por mostrarle al público el pulgar hacia abajo. Era la guinda de la torta, por recurrir al lugar común.

URUGUAY v PERÚ 1-2: Los peruanos nuevamente protagonistas de un batatazo. Al frente, los orgullosos uruguayos que, ausentes del Mundial de 1978 y con el envión de haber ganado el Mundialito de Campeones, tenían por objetivo sí o sí clasificar al Mundial de España 82.

Esa tarde del 23 de agosto de 1981 el estadio Centenario era un hervidero. Los charrúas ganando comenzaban a asegurar su potencial inscripción mundialista. Sin embargo, los peruanos traían la herencia de lo que 12 años antes habían escrito en La Bombonera de Buenos Aires.

Perú, con goles de Guillermo La Rosa y Julio César Uribe, escribió lo que su prensa tituló como el Centenariazo. Los de la banda roja lograron abstraerse del ambiente y de las estadísticas para imponerse, tirando a la basura todo aquello de… la historia. Tal como lo habían hecho seis años antes cuando superaron, por la semifinales de la Copa América, a Brasil por 3-1 en Belo Horizonte… el mismo escenario donde jugará Chile.

ESPAÑA v HONDURAS 1-1: El 16 de junio de 1982, en Valencia, la Selección Española hacía su entrada en “su” Mundial ante un rival ideal para comenzar con una victoria, la bisoña Honduras que debutaba en estos torneos.

La localía, la mayor tradición mundialista y la motivación de que el día anterior el otro elenco centroamericano en el torneo, El Salvador, había sido goleado 10-1 por Hungría, fortalecían la potencial victoria de los peninsulares.

Sin embargo, toda la nación, desde el Rey hasta el más sencillo de los hispanos, quedó paralizada –y con un toque de terror- cuando a los 7’ un tipo llamado Héctor Zelaya adelantó a los visitantes.

España no lograba hacer sentir su preeminencia porque quedó desorientada. Sólo mediante un penal servido por Roberto López Ufarte, a los 65’ y con servicio repetido, estableció la paridad 1-1 que no alcanzó para tapar la vergüenza ibérica ante el humilde elenco americano.

ALEMANIA OCCIDENTAL v HOLANDA 1-2: Primera semifinal de la Eurocopa 1988 en canchas teutonas, fijada para el 21 de junio en Hamburgo. El duelo tenía el morbo de un deja vú de la final del Mundial disputada 14 años antes. Los alemanes se aferraban a esto para intentar sentar superioridad sobre su rival, y así pasar a la final.

Sin embargo, los naranjas contaban con tipos como Gullit, los hermanos Koeman, Rijkaard y Van Basten para superar el escenario adverso. Ni siquiera se urgieron cuando Mattheaus abrió la cuenta. Faltando cuatro minutos establecieron el 2-1 que los clasificó a la última instancia… y rompieron con la historia que acarreaban desde 1974.

ARGENTINA v COLOMBIA 0-5: El 5 de septiembre de 1993 es una de las fechas negras en la historia de la Selección Albiceleste. Ese día, en el Monumental de River, sólo le bastaba anotar un gol a los cafeteros para clasificar directamente al Mundial de Estados Unidos.

A lo mejor, pensaron que teniendo a un artillero como Batistuta y con el peso de la camiseta los caribeños se iban a asustar. Pero parece que se les había olvidado que ese mismo elenco, seis años antes, los había derrotado en esa cancha en la definición del tercer lugar de la Copa América.

Los colombianos ni se asustaron con la muchedumbre que los insultaba ni con los ataques iniciales de los locales. Consecuentes con su juego, comenzaron a rotar el balón y le dieron un baile, pero baile-baile, al mencionado Batistuta, Leo Rodríguez, Simeone, Redondo y Goycochea. El marcador mostraba que la historia no chutea el balón.

ITALIA V ARGENTINA 1-1: Mundial de 1990, 3 de julio, Nápoles. El cuadro local iba directo al título, apoyado en su condición de local, en contar con una valla imbatida gracias al portero Walter Zenga y a los goles de su delantero revelación, Salvatore Schillachi.

Los trasandinos, en tanto, habían accedido a la ronda de los 16 como uno de los cuatro mejores terceros. Con un esquema defensivo y apostando a alguna luminaria de Diego Armando Maradona, había llegado a semifinales casi a los tumbos.

Todo lo anterior daba por casi listo a la azzurra en la final. Más, si el Toto ya había adelantado a su equipo en el marcador. Pero a los 67’ el testazo de Claudio Caniggia que estableció el empate definitivo.

El golpe de gracia a los peninsulares llegó con el alargue y la definición a penales, que puso a los argentinos en la última instancia. A pesar de que tenían a todo un país en contra.

BRASIL v URUGUAY 1-2: Simplemente, el partido conocido como El Maracanazo. El gran paradigma que reafirma que la historia en el fútbol se puede quebrar, a pesar de las estadísticas previas, del público en contra y las bravatas antes del primer pitazo.

Aquel 16 de julio de 1950 todo Brasil esperaba cumplir el trámite de jugar con Uruguay para adjudicarse, por primera vez, la Copa Jules Rimet. Sólo le bastaba empatar, ya que –por única ocasión- en vez de una final se disputó un cuadrangular cuyo ganador era el campeón.

Los locales salieron a la cancha del Maracaná luciendo dos aplastantes victorias (7-1 a Suecia y 6-1 a España), mientras que sus vecinos orientales registraban un disputado empate (2-2 con los hispanos) y un apretado triunfo (3-2 a los escandinavos).

Para peor, antes de salir a la cancha los dirigentes uruguayos les dijeron a sus jugadores que con evitar que los golearan estaban satisfechos. Eso molestó al capitán Obdulio Varela, quien arengó a sus compañeros con la célebre frase “Cumplidos, sólo si somos campeones”.

El resto se escribió en la cancha. Cuando se cumplían los 81’ el veloz Alcides Ghiggia arrancó, nuevamente, por la derecha y cuando los brasileños esperaban el centro el puntero remató entre el primer palo y el portero Barbosa.

Sólo se escuchó el grito de un pequeño grupo de uruguayos ante el silencio absoluto de más de 200 mil brasileños presentes en el  estadio. Ese es, tal vez, el mejor reflejo de que la llamada historia sólo está en los libros. Y que no juega en la cancha.

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