Los 7 pecados capitales de la Roja en las Clasificatorias: Esto se perdió mucho antes

Cuando comienzan los análisis tras el fallido proceso a Rusia, hay algo que está claro: el paso al Mundial no se perdió ante Brasil, sino que mucho antes.

Guía de: Selección Chilena

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No se trata de ser general después de la batalla sino que es un intento de autocrítica por los errores cometidos en este proceso. Por un lado, no se desconoce que la llamada Generación Dorada del fútbol chileno entregó una década con inéditos triunfos y logros para el país. Pero eso no estriba para realizar las debidas observaciones, siempre con altura de miras, e intentar llegar a las debidas conclusiones de por qué se falló esta vez.

A continuación, nuestra propuesta para propiciar el diálogo y así, ojalá, evitar convivir con los mismos ripios en futuros compromisos internacionales.

1. Las fallas de Pizzi y su equipo. Si algo se le criticó al estratego fue su reacción tardía para hacer ajustes tácticos en algunos partidos cuando Chile quedaba abajo en el marcador. También, la falta de autoridad sobre los jugadores para que se concentraran en el partido y no, por ejemplo, permitir a Alexis Sánchez que se ausentara por un rato de Pinto Durán para negociar con el Manchester City sólo horas antes del partido con Paraguay en Santiago. Ni hablar de las tardes libres, que cuando las otorgaba uno llegaba a rezar para que alguno de los seleccionados no protagonizara algún incidente. (Y eso que no se incluyó la crítica de la esposa de Claudio Bravo, que le echó más bencina al incendio que recién se inicia…)

2. Las farras. Si hay algo que no se puede discutir es que la clasificación al Mundial de Rusia no se perdió en Sao Paulo, sino que durante el proceso al extraviar puntos valiosos que podrían haber cambiado el panorama. Por ejemplo, lo sucedido con Argentina en Buenos Aires, el 23 de marzo pasado cuando se perdió 1-0 con un penal cuestionado. En ese pleito, la Roja enfrentó a un representativo albiceleste mediocre, que otorgaba la gran oportunidad de un resultado histórico. Pero no se concretó en goles, otra de las grandes falencias del equipo en el proceso. Ni hablar de los partidos, como local, ante Bolivia –aunque después se ganó por secretaría- y Paraguay.

3. Con la cabeza en otro lado. Cuando los jugadores se concentraron en lo que debían hacer en la cancha, los resultados se disfrutaron. Pero cuando estuvieron en otra, ni hablar. Lo patente de aquello fue el partido ante Paraguay en Santiago, el 31 de agosto, cuando Arturo Vidal estaba más preocupado de explicar el numerito de sus amigos en el Monticello, y Alexis Sánchez pateaba la perra porque había fracasado su traspaso al Manchester City –ni hablar que los noteros faranduleros andaban vueltos locos tratando de sacar información de su vida amorosa-. El ambiente extrafutbolístico afectó, qué duda cabe.

4. Calladito te ves más bonito. Sucedió tras la conquista de la Copa América Centenario. En la previa del cotejo ante los paraguayos en Asunción, Arturo Vidal se despachó la cuña de que Chile era “el mejor equipo del mundo”. Eso picó a los guaraníes que antes de los 10 minutos ya iban ganando 2-0 –ni hablar después de las mofas de las cuales fue foco la Selección Nacional-. También, lo sucedido en Lima tras el 4-3 sobre Perú en la segunda fecha, cuando se dejó escrito en el muro del vestuario “más respeto con el campeón de América”. Donde siempre se tiene que hablar es en la cancha, no afuera.

5. La Marea Roja se mareó. La hinchada también tiene culpa. El sentirse “campeones de América” extravió no sólo el norte, sino que todos los puntos cardinales de los autodenominados adictos a la Roja, permitiéndose insultos xenofóbicos hacia los rivales lo que derivó en el castigo de no jugar en el Estadio Nacional. También, las denuncias en contra de Mario Moreno, el líder de la Marea Roja, por supuesta reventa de entradas para los partidos de la Selección. Ni hablar cuando un grupo insultó a Johnny Herrera en la Copa de las Confederaciones. La barra tuvo ganas de apoyar, pero le faltó humildad.

6. Cautiverio infeliz. Por supuesto que Jorge Sampaoli también tiene su cuota en todo esto. Porque iba todo bien… hasta que se comenzó a destapar el lío de las cuentas privadas en paraísos fiscales. Hasta ahí llegó la concentración en la planificación de partidos, lo que costó un empate con Colombia en Santiago y la derrota 3-0 en Montevideo ante Uruguay –donde, en todo caso, Chile cayó en las beneméritas mañas charrúas que se utilizan desde los tiempos de Obdulio Varela-. Lo que vino después fue el show del casildense, apelando a todo para salir de Pinto Durán porque se sentía “cautivo”.

7. El ánima de Díaz. Volviendo a lo netamente futbolístico, más allá del error en la final de la Copa Confederaciones o la mano ante Bolivia en La Paz, la importancia de Marcelo Díaz en el mediocampo chileno fue demasiado notoria en los dos últimos partidos de estas Clasificatorias. Sobre todo, en Sao Paulo donde Charles Aránguiz hizo lo que pudo en el primer tiempo, mientras que su reemplazante Erick Pulgar estaba muy nuevo para afrontar una responsabilidad como lo era ese pleito. Penó el recuerdo de Car’e Pato.

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