Glee, una serie para los niños de corazón
- Carolina Urzúa, ex Guía de Series de TV
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Glee llegó al más puro estilo de Broadway, pero con la audacia de los creadores de Nip Tuck.

Cada episodio de Glee implica un gran esfuerzo monetario y de producción, por las coreografías y los derechos de las canciones que usan.
Inicialmente pensada como película para la TV, es la historia de un grupo de chicos que asiste al instituto William McKinley en Ohio y que, por distintas razones, terminan formando parte de New Directions, el coro de la escuela, donde con el tiempo parecen encajar a la perfección.
Desde el principio queda claro que ésta no es una tarea fácil ni una serie más, pero tengo que admitir que cuando vi el primer capítulo no entendí cuál era la idea. ¿Por qué ésta tendría que ser diferente a tantas otras que anteriormente jugaron con el género musical, como Eli Stone o su antecesora Ally MCBeal?
Tal vez fue porque el piloto era una mera introducción a todo. Para mi gusto se trató de abarcar demasiado en una hora que, sin comerciales, termina convertida en sólo 43 minutos. Lo interesante vino más adelante, porque con cada episodio uno va quedando más enganchado y termina siendo un adicto más de esta Glee-manía.
Sí, los personajes son absolutos estereotipos, pero hay que recordar que es la visión norteamericana del colegio, por eso tenemos los típicos atletas populares, geeks que cada día sufren el abuso de sus pares, apartados sociales, profesores muy preocupados por sus alumnos y otros que dan miedo de sólo mirarlos. Las problemáticas también son bastantes similares a las que se podrían dar en cualquier escuela: amores no correspondidos, embarazos juveniles, discriminación, conflictos matrimoniales de los profesores, y otros.
En William McKinley se vive bajo la ley de la selva: los más fuertes sobreviven y a los más débiles los tiran al basurero o les dan vuelta una bebida fría en la cara.
Razones de la Glee-adicción
Si algo hay que reconocer es que Glee no es como ningún otro show en la TV, que es justamente lo que trataba de explicarle el otro día a mis amigas, mientras me miraban con cara incrédula.
Primero que todo, y más allá del éxito de audiencia que ya aseguró una segunda y tercera temporada, hay que entender que aquí el personaje principal es la música. The Beatles, The Doors, Kiss, Journey, Aeroesmith, Bon Jovi, Olivia Neuton John, Madonna, Beyonce, Lady Gaga y Rihanna son solo algunos de los artistas que han aprobado la adaptación de sus temas en esta suerte de musical postmoderno.
Pero no es fácil. Para que podamos ver los 5 a 8 números musicales que se presentan en cada episodio, hay todo un proceso de por medio. Ryan Murphy -uno de los creadores de la serie- elige los temas, se liquidan los derechos de la música y luego los actores ensayan y pre-graban las canciones. Después, Zach Woodlee se encarga de hacer y enseñar la coreografía al reparto, y recién entonces comienzan las grabaciones. El costo total de la producción es de al menos US$ 3 millones por capítulo, y vale cada centavo.

Segundo, en Glee los personajes son mitad actuación y mitad voz. Una de mis amigas –a las que estaba tratando de convencer de ver el show- me decía que le carga Finn, el cantante masculino principal, porque le dan temas muy grandes y la voz no le da, mientras que Rachel se roba la serie con el rango que tiene. Yo le trataba de explicar que en principio son actores y no cantantes, y que ella tiene gran ventaja porque viene de Broadway.
Tercero, como sucede en la vida real, en Glee todos tienen una cara para el público y otra para quienes realmente los conocen. Nadie es totalmente lo que aparenta ser y siempre hay un background que explica porqué eres cómo eres.
Y cuarto, esta es una serie para los niños de corazón, los optimistas, los soñadores y los que aún creen que uno puede decir mucho más con una canción que con un discurso. Y claro, para los amantes de los musicales.
La fuerza de Glee la llevó a ser la gran ganadora de los Globos de Oro 2011 para televisión, con tres galardones de los cinco a los postulaba conseguir. Los tres obtenidos fueron: Mejor Serie de Comedia o Musical, Mejor Actriz de reparto, para Jane Lynch, y Mejor Actor de Reparto, para Chis Colfer.
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