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Salfate, la culpa no es del chancho ni del que le da el afrecho

Mucho se ha hablado a estas alturas del fenómeno Salfate. ¿Gurú o no? Da lo mismo, el tema pasa por algo más profundo. ¿Por qué la gente le cree a una figura televisiva en temas que son científicos?

Salfate lo volvió a hacer.

Por segunda vez predijo, con cierto margen por cierto, un sismo en nuestro territorio y su base de seguidores subió abruptamente llegando a la categoría de gurú religioso y líder de secta espiritual.

Juan Andrés Salfate

La verdad es que no me voy a meter a opinar sobre si lo que hace tiene bases científicas o cae en el azar. No tengo los conocimientos, ni la base para hacerlo, por lo mismo me parece contraproducente hacer el mismo ejercicio que todos hacen sin tener un mínimo de cimientos teóricos para comentar.

El tema es otro, bien dateado (por los brasileros de Quake Red Alert y Pedro Gaete) o no, la gente le cree. ¿Pero por qué le creen a un comunicador por sobre a instituciones o científicos?

En la credibilidad está la respuesta, y lamentablemente nuestras instituciones y científicos no están validados por nosotros, la masa social.

Instituciones como la ONEMI o el SHOA, que en otroras situaciones gozaban de la credibilidad de la gente cayeron en desgracia luego del terremoto del 27/F, y lo cierto es que aun cuando se nota un esfuerzo de las actuales autoridades gubernamentales y fuerzas armadas para mejorar la cara de estas instituciones, descoordinaciones como evacuaciones por alertas de tsunamis ante temblor de 6 grados o falsas alertas no ayudan mucho a limpiar la imagen de dos organismos cuestionados por errores que incidieron en los 525 fallecidos en el pasado maremoto de febrero del 2010.

Por otro lado están las comunidades científicas, donde con contadas excepciones sus actores se caracterizan por un notable egoísmo intelectual haciendo que la masa social se sienta en extremo lejana a ellos.

Acá quiero aclarar: con “egoísmo intelectual” no me refiero a no compartir conocimiento, sino a cómo se comparten estos conocimientos.

Por un tema de ego, de deformación profesional o simplemente flojera, no se ve un esfuerzo (salvo el de las ya mencionadas excepciones) por entregar un mensaje tan vital como es el de la educación sísmica en un país sísmico a personajes tan variados como los que presenta nuestro abanico social.

Tectónicas de placas, la diferencia entre Richter y Mercalli, la Licuafacción del Suelo, o los tipos de ondas no son parte de la oferta que una Señora Juanita o un Don José quieren consumir. Ellos sólo quieren saber el cuándo, el dónde, el que hacer, y cómo hacerlo en caso de emergencias.

Y ahí está Salfate, capitalizando las fallas de unos y la negligencia de otros, entregando de forma alarmista información sensible, mientras los mismos responsables de este fenómeno de masas lo apuntan con el dedo sin mirarse por un segundo la pelusa en el ombligo.

Entonces, al final de quien es la culpa. En este caso no es del chancho, ni tampoco de quien le da el afrecho.

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