Timoclea, la mujer griega que mató a su violador y fue perdonada por Alejandro Magno

Durante la toma de Tebas, en el año 335 a.C., se produjo un insólito hecho.

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Cuenta el historiador Plutarco, en su obra “Alejandro”, que en el año 335 a.C. las tropas de Alejandro Magno sitiaron y tomaron la ciudad griega de Tebas. Unos soldados tracios de su ejército asaltaron por entonces la casa donde vivía Timoclea, una de las la damas principales de la ciudad, quien terminó siendo violada por el capitán del grupo, mientras varios de sus soldados saqueaban sus bienes.
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Después de forzar a la mujer, el capitán le preguntó a Timoclea si tenía oro y plata escondidos en alguna parte y ella respondió que había escondido sus bienes más preciados en el fondo de un pozo que había en su jardín. Cuando el oficial tracio se asomó al pozo para comprobarlo, Timoclea lo empujó dentro y, posteriormente, le lanzó piedras hasta matarlo.

Tras descubrir el cadáver, los soldados invasores llevaron a Timoclea atada a presencia de Alejandro Magno. Cuando el joven conquistador macedonio le preguntó quien era, ella, sin dar indicios de temor, le respondió que era hermana de Teágenes, el comandante tebano que había combatido contra el rey Filipo -padre de Alejandro- en la Batalla de Queronea por la libertad de los griegos, precisamente para evitar que las mujeres de la ciudad tuvieran que sufrir terribles experiencias como la que ella acababa de pasar.
Timoclea

Plutarco, en su obra “Mulierum virtutes”, relata que Timoclea “apareció, en apariencia y andadura, llena de dignidad y valor, mientras, sin turbación ni temor, dijo: ‘Mi hermano era Teágenes, que cayó contra vosotros en Queronea por la libertad de los griegos, para que no sufriéramos esta violencia; pero ya que he sufrido esta indignidad, no me niego a morir: y de hecho quizá sea mejor que no soporte, sobreviviendo, otra noche como ésta’”.

Alejandro Magno, admirado por el discurso, la valentía y la dignidad de aquella mujer tebana, la dejó inmediatamente libre, junto con sus hijos.

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