La impactante foto de la niña negra de 6 años que debió ir al colegio escoltada por agentes federales

Ruby Bridges fue la primera alumna de un proyecto de John Kennedy que pretendía acabar con la segregación racial.

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En 1960 el gobierno del presidente John Kennedy echó a andar un proyecto federal que pretendía acabar con la segregación racial en las escuelas de los Estados Unidos. La primera alumna fue la pequeña Ruby Bridges, de 6 años.

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El 14 de noviembre de 1960 la pequeña, escoltada por tres alguaciles federales armados, se dirigió a la escuela William Franz en Nueva Orleans, en el estado de Louisiana, para ir a su primer día de clases, pero cuando entró a las dependencias del colegio se encontró con la institución vacía.

El cuerpo docente se había negado a enseñar a la niña negra y los padres del resto de las/los estudiantes blancos no los llevaron más a esa clase. Sólo una maestra se ofreció a enseñarle y lo hizo todo ese año, como si tuviera la presencia de más estudiantes en la sala.

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Al final del primer día de clase, los mismos tres alguaciles federales que la habían llevado al colegio, esperaban a Ruby para escoltarla a casa, frente a una multitud de casi 1.000 personas que la agredían verbalmente, la escupían y la amenazaban de muerte.

El Delegado federal Charles Burks recordaría más tarde: “Ella mostró mucha valentía, nunca lloró. Ella no lloró. Sólo marchaba como un pequeño soldado, y todos estamos muy orgullosos de ella”.

Hoy, Ruby Bridges tiene tiene 71 años y es una destacada activista de los derechos humanos. El año 2001 fue premiada por el presidente de Estados Unidos Bill Clinton y 10 años después el presidente Barack Obama la recibió en la Casa Blanca.

En una entrevista con la BBC recordaría así su experiencia:

“Recuerdo que el primer día de clases alguien golpeó a la puerta y, cuando mis padres abrieron, pude ver unos hombres blancos muy altos en trajes, con bandas amarillas en los brazos. ‘Somos policías federales. Nos ha enviado el presidente de Estados Unidos’. Estaban ahí para escoltarme a la escuela. Entré al auto con ellos. No sentí miedo. Llegamos a la escuela y había un montón de personas en la entrada y agentes de policía a caballo y en motocicletas. Todo parecía como un gran evento. Viviendo en Nueva Orleans, pensé que se trataba de las fiestas de Mardi Gras.

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Jamás imaginé que todo eso era por mí, que habían organizado una manifestación para impedir que yo acudiese a la escuela. Portaban pancartas, coreaban consignas. Los policías federales me tomaron y me metieron rápidamente en el edificio hasta la oficina del director. Vi cómo la gente de afuera entraba apresurada y me miraban por la ventana, gritando. Fueron a todas las aulas para sacar a sus hijos. Se los llevaron a casa dejando el colegio desierto.

Durante todo el día hubo gritos y más gritos. Unos aparecían sosteniendo una pequeña caja, que era un ataúd de bebé en el cual habían colocado una muñeca negra.

Cuando regresé el segundo día, la escuela estaba vacía. El rector me esperaba en el descanso de la escalera y me indicó dónde quedaba mi clase. Cuando entré vi a una mujer que dijo: ‘Hola, soy tu maestra. Mi nombre es Sra. Henry’. Lo primero que pensé fue: ‘¡Es blanca!’, porque nunca había tenido una profesora blanca y no sabía qué esperar.

Resultó ser la mejor maestra que jamás tuve y amé la escuela por ella. Era una mujer que había llegado desde Boston para enseñarme porque los profesores de la ciudad rehusaban darles clase a niños negros. Fue como una segunda madre para mí y nos convertimos en las mejores amigas”.

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