Los Ritchie Boys, los judíos alemanes que ayudaron a Estados Unidos a derrotar a Hitler

Miles de personas que huyeron del régimen de Hitler regresaron con las tropas de EE.UU. para luchar contra el Tercer Reich.

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Una de las tantas historias no contadas de la Segunda Guerra Mundial es la de los Ritchie Boys, un grupo de jóvenes judíos alemanes que huyeron de la Alemania nazi a principios de la década de 1930 cuando Hitler llegó al poder y regresaron a Europa como miembros de un grupo de élite del ejército de los Estados Unidos, transformados en interrogadores altamente inteligentes y adiestrados cuyo propósito era obtener toda clase de información de los prisioneros de guerra alemanes.

El soldado judeo-alemán Martin Selling (izquierda) interrogando a dos prisioneros alemanes. Selling fue detenido por los nazis junto con su tío en 1938. Tras ser liberado del campo de concentración de Dachau, huyó a Estados Unidos, pero pronto regresaría a su país de origen para reunir información de inteligencia para el ejército de los Estados Unidos.

El soldado judeo-alemán Martin Selling (izquierda) interrogando a dos prisioneros alemanes. Selling fue detenido por los nazis junto con su tío en 1938. Tras ser liberado del campo de concentración de Dachau, huyó a Estados Unidos, pero pronto regresaría a su país de origen para reunir información de inteligencia para el ejército de los Estados Unidos.

“En el curso de la guerra, decenas de miles de soldados del Tercer Reich recién capturados fueron interrogados por equipos de estos soldados judíos alemanes. Un informe de posguerra clasificado por el ejército encontró que casi el 60 por ciento de la inteligencia creíble reunida en Europa provenía de los Ritchie Boys”, relata Bruce Henderson, autor de “Hijos y soldados: la historia no contada de los judíos que escaparon de los nazis y regresaron con el Ejército de los Estados Unidos para luchar contra Hitler”.

El éxodo de la juventud judeoalemana comenzaría en noviembre de 1938 con la “Kristallnacht” o “Noche de los cristales rotos”, cuando Hitler ordenó a sus tropas de asalto nazis que saquearan y destruyeran las casas, los negocios y las sinagogas judías en Alemania. Posteriormente, miles de hebreos serían asesinados o enviados a campos de concentración, donde experimentarían una nueva clase de horrores aún no conocidos por el hombre.

La idea de los Ritchie Boys nació del genio de los planificadores de guerra del Pentágono de Estados Unidos, quienes se dieron cuenta de que quienes mejor conocían el idioma, la cultura o la psicología del enemigo eran los judíos alemanes que habían nacido en Alemania. De ese modo, a mediados de 1942 se reclutó a una “fuerza decisiva de alto secreto” que serían conocidos como los Ritchie Boys (“Los Muchachos de Ritchie”), porque habían sido sometidos a un duro y concienzudo entrenamiento de treinta y ocho semanas en Camp Ritchie, en las montañas remotas cerca de Hagerstown, en Maryland.

En Camp Ritchie, los Ritchie Boys incluso aprendieron a hacer correctamente el saludo nazi, para que los prisioneros de guerra del Tercer Reich no tomaran por sorpresa a los interrogadores con sus gestos aterradores.

En Camp Ritchie, los Ritchie Boys incluso aprendieron a hacer correctamente el saludo nazi, para que los prisioneros de guerra del Tercer Reich no tomaran por sorpresa a los interrogadores con sus gestos aterradores.

Al cabo, hubo 1.985 judíos nacidos en Alemania que fueron entrenados en Estados Unidos para interrogar a los prisioneros de guerra alemanes y enviados al extranjero con las unidades de primera línea para luchar contra los nazis.

“Estábamos peleando una guerra estadounidense, y también estábamos peleando una guerra intensamente personal. Estábamos comprometidos con nuestra misión con cada fibra de nuestro ser. Trabajamos más duro de lo que nadie podría habernos impulsado. Éramos cruzados. Esta era nuestra guerra”, relataría el Ritchie Boy Günther ‘Guy’ Stern, quien enfatizó que ellos también tenían una vendetta personal, pues querían destruir el régimen de Hitler que no sólo les había robado su patria y los perseguía a ellos y a sus familias, sino que también estaba exterminando sistemáticamente a millones de hebreos en toda Europa.

“Hasta el día de hoy, las hazañas y la importancia estratégica de los Ritchie Boys son poco conocidas. Participaron en todas las batallas y campañas importantes de la guerra en Europa, recopilando valiosa inteligencia táctica sobre la fuerza del enemigo, los movimientos de tropas y las posiciones defensivas, así como la moral del enemigo”, escribió el autor Bruce Henderson en su mencionado libro.

Los Ritchie Boys practicaron sus habilidades de interrogatorio de prisioneros alemanes con prisioneros simulados en Camp Ritchie. Se dirigían a ellos en alemán, y les ofrecían una silla, agua o un cigarrillo antes de ponerse duros.

Los Ritchie Boys practicaron sus habilidades de interrogatorio de prisioneros alemanes con prisioneros simulados en Camp Ritchie. Se dirigían a ellos en alemán, y les ofrecían una silla, agua o un cigarrillo antes de ponerse duros.

Como miembros de la Inteligencia Militar del Ejército de los Estados Unidos, a los Ritchies Boys se les prohibió hablar sobre su entrenamiento o servicio durante la Segunda Guerra Mundial incluso años después de que terminara el conflicto. No hubo reuniones, ni organizaciones de veteranos para estos héroes y, curiosamente, su acento alemán, que habían aprendido a disfrazar mientras estaban en servicio, los hizo desagradables en los grupos de veteranos estadounidenses.

Después de la guerra, muchos de los Ritchie Boys servirían como traductores durante los Juicios de Núremberg y varios de ellos tendrían carreras exitosas en el ámbito de la política o de la ciencia, incluyendo a varios hombres públicos prominentes como Hans Habe, Klaus Mann, Stefan Heym, Hanus Burger y David Seymour.

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