Guía desentraña los secretos del “raro español” de los Argentinos: Conoce sus modismos
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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“No todos los argentinos decimos “Che”. En el norte se dice “pue” y en el sur, a veces, “jue“, define Silvana Spinelli en su “Mini guía para el raro español de los argentinos, desde la Puna a la Patagonia”.
Repasamos algunos de sus hallazgos e incluimos otros de uso común. No se incluyen aquí modismos ligados a ámbitos delictivos o costumbres marginales, solo aquellos que las personas utilizan coloquialmente y dejan al lego con una expresión boquiabierta. Veamos.
Recorriendo el peculiar habla de los argentinos
Por ejemplo, los oriundos de la norteña provincia de Tucumán no engañan o intimidan. No, ellos “empaburan”. Cuando se refieren a alguien que está durmiendo dicen cruzando un dedo sobre los labios que está “apoliyando”. Si alguien no come dicen que esa persona está “enyanta”. ¡Ah!, en Tucumán los investigadores no investigan, ellos “ututean”.
Corresponde también intentar despejar el entramado del habla “porteña”, término que define el gentilicio de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires, y por extensión al estilo altivo que cultivan (con más del 50% de pobreza sería razonable poner “cultivaban”) en gran parte de la provincia homónima aunque habiten tierra adentro.
Los buses del transporte público en Buenos Aires son “bondis”, las mujeres son “minas” y si son muy lindas están “re fuertes”. Los amores pasajeros masculinos son “chongos”, por extensión el salir con amigas a divertirse y seducir es salir a “chongear”. Los taxis hace mucho tiempo pasaron a ser “tachos”, y los agentes de Policía, independientemente de su jerarquía en el escalafón, son “canas”.
Los porteños no tañen una guitarra, ellos “tocan la viola”. El término “chabón” se utiliza para referirse a otra persona relativamente joven, es un término que aún se utiliza aunque está en lento declive. Si algo es falso o es una copia de mala calidad es “trucho”, término que se popularizara en los últimos debido a los cuantiosos casos de corrupción. Ya dejando Buenos Aires agregamos que en estos lares no se va a comer, se va a “morfar”. Luego, algo muy curioso, tanto hombres como mujeres no van a orinar, van a “pillar”, y algunos pronuncian “pishar”, viste (esta última palabra “viste” suele utilizarse al final de cada frase como remarcando lo expresado).
El sur no queda exento de la parafernalia de términos inextricables. En la Patagonia las personas rubias son definidas como “galenzos”. En los días invernales recurren a la calefacción del “calorama”, por calefactor. Si indican aumentar la intensidad de algo, que bien puede ser la calefacción, dirán “dale guaraca”.
Antes de llegar a Chile pasamos por la provincia de Mendoza, donde quizás para ir acostumbrando el oído es habitual escuchar la muletilla “weon”, apócope de huevón, al final de cada frase.
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