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Dos caballos protagonizan graciosa aventura: Ingresaron a comercio para consumir golosinas

El hecho ocurrió en las afueras de Córdoba.

Captura de pantalla.

Dos caballos ingresaron a un comercio en las afueras de la ciudad de Córdoba y procedieron a consumir una bandeja de las populares golosinas “cañoncitos de dulce de leche”. Posteriormente, se dieron a la fuga desconociéndose hasta el momento su paradero.

Algo para endulzar la tarde

El titular del almacén recibió un llamado de su empleada que le dejó perplejo: “Pablo, hay un caballo acá en el negocio y no lo puedo sacar. Se metió otro y están tirando todo”, explicó Florencia del otro lado del teléfono. En tanto, los animales disfrutaban de su merienda y mostraban interés por otros productos allí exhibidos.

Las cámaras de seguridad mostraron como se asoma un caballo en la puerta del local mientras un cliente departía con Florencia, la encargada del mismo. Sin sentirse intimidado por la presencia humana en tan reducido espacio, el caballo ingresó al local dirigiéndose al mostrador. El cliente prefirió dejar lugar ante el riesgo de una reacción violenta del animal y trató de convencerle en buenos términos para que saliera del comercio. El caballo ignoró el llamado y puso su atención en la bandeja de “cañoncitos de dulce de leche”. “No es mío, estaba acá al lado”, se desligó el cliente desde la puerta de calle.

Acto seguido, y ante los estériles esfuerzos de la atemorizada dependiente, el caballo se apropió de la bandeja tirándola al suelo. El secuaz del caballo, también de la misma especie, viendo la oportunidad, ingresó en ese momento y entre ambos procedieron a degustar el apetitoso manjar.

Florencia, dice que ahora lo cuenta con una sonrisa, pero en ese momento sintió miedo. “Cuando entró el segundo (caballo) me fui corriendo para la parte del baño esperando que llegue mi patrón que tampoco podía hacer nada por miedo de que le tire una patada el caballo. Es una locura”, comentó. Sin embargo, se sobrepuso al miedo y atinó a intentar espantarlos con un paño y un rociador de alcohol (producto remanente de la pandemia), con escaso resultado.

Nadie sabe de dónde son los caballos. A pesar de que según comentarios fueron vistos en varias oportunidades en las cercanías del negocio, especialmente en un descampado próximo. Los vecinos y clientes elucubran que quizás se hayan escapado dado que estaban en buenas condiciones. Al momento se ha dispuesto una discreta vigilancia en los alrededores del local a fin de individualizar a los golosos equinos y pedir el correspondiente resarcimiento económico por su consumo impago.

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Cañoncitos de dulce de leche.

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