Violación grupal: Ácida critica de la víctima a programas de TV que la identificaron
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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Captura de pantalla de cámara de seguridad donde se aprecia a la víctima abrazada o sostenida por uno de los jóvenes acusados, mientras que otros dos acusados les rodean.
“La protección de la identidad de la víctima no es un favor, es un derecho”, advirtió la mujer víctima de violación en grupo a través de una extensa carta que su abogado defensor, Hugo Figueroa, hizo llegar a la Agencia Oficial de Noticias Télam.
La carta a los medios de comunicación
“Me dirijo a ustedes con el motivo de invitarlos a reflexionar sobre los hechos ocurridos en las últimas semanas y su estrecha relación con los medios masivos de comunicación y la opinión pública. Para ello, los invito a mirar este vínculo desde mi perspectiva, la damnificada”. Así comienza la extensa carta que trasluce su estupor por haber sido identificada mediante su rostro y datos personales en programas de televisión que no identifica.
La carta, que reproducimos íntegra respetando su puntuación, sintaxis y redacción, solo señalando en letra Itálica las palabras que no existen en el Diccionario de la RAE, a fin de representar lo más fielmente posible la intención de la damnificada. El léxico y la redacción no dejarían dudas en cuanto a su autenticidad, ya que es comparativamente similar a la forma de expresión habitual de personas de su rango etario.
Pulsando sobre la imagen permite ampliar para su lectura:
Por una parte, la víctima plantea que la repercusión mediática del caso ha permitido que se “haga justicia”, señalando que al mismo tiempo se ha sentido hostigada por parte “de los medios” aunque no los individualiza en la extensa misiva.
Expresa sentirse impactada por “que se ponga en duda una víctima de agresión de género y abuso sexual”, algo que no es una novedad, afirma. Agrega que “desde el momento en el que pude recobrar un poco de fuerzas no solo estuve preparándome para el dolor y la angustia que me genera la situación (…) sino también preparándome mentalmente para lo que se venía: La exposición de un caso y de una víctima como un circo mediático”.
Más adelante agradece nuevamente a la exposición del caso y las cámaras de seguridad de la ciudad, pero plantea que si esas pruebas fílmicas están bajo investigación, “¿Por qué seguir televisando las imágenes una y otra vez?“
La afectada sostiene que los mensajes públicos de apoyo a su situación pierden consistencia al no difuminar convenientemente su rostro para evitar su identificación, hecho que “lejos de ayudar, hace que me remita al hecho constantemente”. Alega que tuvo que desconectar su teléfono por la cantidad de llamados solicitando una nota o tener que soportar la presencia de periodistas frente a su domicilio.
Sorprende su narración de “la defensa” que ensayaron en el programa televisivo, quienes alegaron que con dar un nombre de pila no la podrían reconocer y que es una “causa pública” siendo además que la víctima ya había dado a conocer su orientación sexual en otro programa, como si ello validara cualquier otra acción.
Aclara la damnificada que tal situación fue consensuada y autorizada por ella para que su abogado fundamentara que era imposible que hubiera existido aceptación de intercambio sexual por su defendida con el grupo de jóvenes, ya que tal situación no estaría en sus preferencias sexuales. “Y, por si no quedó claro -reafirma- no tengo ningún problema en manifestar que mi inclinación sexual implica que no tengo interés sexo afectivo con hombres”.
La identificación de los agresores
Apenas se conoció el suceso, los acusados fueron identificados con nombre y apellido, profesión, domicilio y militancia política, además de mostrar sus rostros con la misma o más reiteración que se hizo con la víctima. Aquí señalamos que eso era incorrecto, tanto como la situación que denuncia la víctima. Están detenidos e imputados “abuso sexual con acceso carnal, agravado por la participación de dos o más personas y lesiones leves, los que concurren de manera real entre sí”, delito con una pena de entre 8 y 20 años de cárcel.
Las pericias toxicológicas podrían agravar aún más la situación de los acusados. Los últimos peritajes revelaron que la víctima tenía residuos de marihuana, metanfetaminas y anfetaminas en su organismo, además de un dosaje de 1,3 gramos de alcohol. Testigos habrían declarado que dentro del lugar bailable circulaba un trago mezclado con pastillas de “meta” (por metanfetaminas), informaron fuentes judiciales.
“Lo único que en su declaración la víctima reconoció haber consumido esa madrugada es alcohol y marihuana. La presencia de metanfetaminas y anfetaminas en su orina refuerza la hipótesis de que algo le dieron, de que la drogaron para dejarla en el estado de vulnerabilidad del que después se aprovecharon para abusar de ella”, expresó Télam, sin identificar la fuente.
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