Celebraciones por el Mundial agravaron alejamiento entre la selección y gobierno de Fernández: Desaires incluidos
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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La jornada del 20 de diciembre marcó un hito en Argentina. Se produjo la mayor movilización espontánea de personas que deseaban saludar al seleccionado de fútbol por la obtención del máximo trofeo mundial. Las estimaciones variaron entre 3 y 5 millones de personas que colmaron los accesos y el centro de Buenos Aires.
Detrás de este hecho histórico se produjeron una serie de situaciones políticas que afectaron los festejos y generaron tensiones innecesarias. Conozca la breve historia de cruces, insultos y traiciones entre funcionarios y la delegación que pudo haber desembocado en una tragedia.
Cuando la política se entromete
En la medida que el Seleccionado Argentino de Fútbol avanzaba en la Copa del Mundo, el gobierno argentino intentaba incluirse en sus logros deportivos, a falta de éxitos en lo económico y social.
La primera situación fue el fallido viaje del presidente Fernández a Qatar. La intención declarada era la de saludar a los jugadores y presenciar la final ante Francia. Lo importante para el gobierno era la foto del presidente junto al exitoso plantel.
Tal intento no habría sido bien recibido en Qatar, transformándose en el primer desencuentro entre la delegación y el gobierno argentino. En la Casa Rosada recibieron la negativa con evidente incomodidad. Poco después, la vocera presidencial relativizó el presunto viaje y lo calificó como una versión no oficial. Sin embargo, el propio presidente de AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, confirmó la existencia de tales gestiones.
Una vez concretada la obtención de la Copa del Mundo, se intensificó la sorda lucha interna dentro del gobierno para apropiarse de la situación. El entorno del presidente Fernández dio por descontado que los jugadores visitarían la Casa Rosada, sede del gobierno, y saludarían desde el balcón de la residencia, junto a él, por supuesto. Era la foto tan ansiada. Para tal fin colgaron una bandera argentina a todo lo largo del balcón y ordenaron un lunch para agasajar a la delegación, funcionarios y periodistas elegidos.
El ministro de Seguridad, Alberto Fernández, dispuso un operativo de seguridad coordinado por la Casa Militar y la Policía Federal para que la delegación accediera al tradicional balcón. Parecía que lo lograban, pero durante la parada técnica en Roma, la delegación decidió que no iría a la Casa Rosada para no politizar los festejos.
No solo fue una negativa, además definieron que abordarían un bus desde el Complejo Deportivo de AFA donde se hospedarían e irían hasta el Obelisco de Buenos Aires para saludar y recibir el cariño de la gente. Por tal respuesta, desde el canal oficial se tildó a los jugadores de “desclasados”, por no respetar los designios gubernamentales. Puede verse esta situación en el video adjunto.
A esta altura de la situación, las presiones a la delegación por parte de funcionarios gubernamentales eran intensas. De modo paralelo, quienes se agrupan en torno de la vicepresidente Cristina Fernández habrían planeado aguarle la foto al presidente.
Cuando el avión llegó en la madrugada a la Argentina, se encontró con una delegación de funcionarios encabezados por el ministro del Interior, Eduardo de Pedro (afines a la agrupación La Cámpora, leal a Cristina Fernández). Los jugadores ignoraron a los funcionarios que solo obtuvieron el saludo del presidente de AFA. Fue el primer desplante. El teléfono de Tapia, desbordaba ya de llamados de funcionarios y los ánimos se caldeaban (según expresaron quienes escucharon dichas conversaciones).
El frustrado Paseo de la Victoria
En la mañana del martes todo se terminó de complicar. El ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, se hizo presente donde estaba alojada la delegación para reunirse con Tapia y tomar las últimas decisiones del operativo. Si bien el gobierno afirmaba que respetarían lo que decidiera el plantel, el plan era llevarlos a la Casa Rosada. Testigos del encuentro afirman que hubo gritos e insultos entre ellos. En las horas siguientes fue posible ver lo que el desencuentro y las intrigas políticas generaron.
Cabe señalar, que el presidente, Alberto Fernández, tiene una relación difícil con el presidente de AFA, Claudio Tapia. Ocurre que en el pasado reciente habría impulsado a otros dirigentes más afines para que desplazaran del cargo a Tapia. Tal operación se frustró y de ahí vendría el mutuo encono.
Durante las aproximadas cinco horas que duró el trayecto en bus de la Selección, desde Ezeiza a la Ciudad de Buenos Aires, el Gobierno, la AFA y las FFSS se debatieron en una estéril puja política y de Seguridad.
En tanto, el público se agolpaba en calles, avenidas, parques y autopistas, conformando una multitud de entre 3 y 5 millones de personas que se movían casi sin ningún margen de seguridad. Estaban librados a su suerte. De hecho, hubo muertos, heridos, robos, saqueos, desmanes y hechos vandálicos.
La multitud se movía a impulsos espasmódicos siguiendo las contradictorias novedades en cuanto a recorrido del bus con la delegación. Las Fuerzas de Seguridad desplegadas eran absolutamente insuficiente para intervenir. En ese estado de situación no ocurrió una desgracia por simple casualidad.
La pelea entre el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, y el presidente de AFA, Claudio Tapia, pasó del teléfono a las redes sociales. Tapia culpó de la desorganización al gobierno, al mismo tiempo que quiso ensalzar las virtudes de la gestión en Seguridad de la provincia de Buenos Aires, mencionando a Sergio Berni, ministro de Seguridad de dicha provincia y enfrentado a Aníbal Fernández.
A ese momento ya se sabía que el bus con la delegación no podía avanzar más. Los tres o cuatro cambios de recorrido sobre la marcha agregaron más confusión y la situación comenzaba a desbordarse en las calles. El gobierno dispuso que la delegación fuera evacuada del lugar en helicópteros ante las dudas sobre su seguridad personal.

Algo que fue inmediatamente respondido por el ministro Aníbal Fernández. Todos los protagonistas del entuerto trataban de mantener las formas en la superficie y públicamente, sin embargo, la pelea interna era feroz. A tal punto, qué terceras líneas de funcionarios deslizaban a oídos de la prensa que Tapia y La Cámpora no quisieron que la delegación ingresara a la Ciudad de Buenos Aires. Por su parte, desde las filas contrarias, se afirmaba que el gobierno estaba haciendo lo posible para terminar el festejo allí mismo, en devolución por la no concurrencia a Casa Rosada.
Minutos más tarde, terció otro personaje de la política peronista, Luis D’Elía, que puso en público lo que aquellos funcionarios de tercera línea decían en privado:
Los helicópteros, tal como afirmó Aníbal Fernández, hicieron el recorrido previsto en tierra desde el aire. Existen referencias a que hubo discusiones a bordo entre el plantel y quienes coordinaban el operativo. Al parecer, los helicópteros iniciaron un descenso sobre el helipuerto de Casa Rosada, cosa que fue fuertemente impedida por los jugadores. ¿Hubo un amague de forzar la visita a Casa Rosada? No se sabe, aún.
Tal versión puede reflejarse en el hecho que los helicópteros viajaban a unos 500 pies de altura, y sobre Casa Rosada descendieron a 250 pies, hicieron dos círculos para luego elevarse y mantener los 500 pies. ¿Qué ocurrió a bordo? Cabe mencionar que en ese momento el jefe del operativo era el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández.
Las líneas rojas reflejan el recorrido de los helicópteros sobre Buenos Aires, según el sitio especializado AirNav.RadarBox.
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