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La masacre de extranjeros en Año Nuevo: Crímen y xenofobia en el Buenos Aires rural

Hombres, mujeres y niños extranjeros asesinados bajo la influencia de las palabras apocalípticas de un curandero.

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En la madrugada del primer día de enero de 1872, medio centenar de enardecidos criollos montó a caballo y entró al galope, lanza en ristre, en la población de Tandil, situada a 350 kilómetros al sur de Buenos Aires. Entre la madrugada y las primeras luces del día asesinaron a 36 hombres, mujeres y niños al grito de ¡Muerte al gringo! ¡Viva la religión! ¡Mueran los extranjeros y los masones! ¿Qué pasó en aquella fatídica madrugada dónde se entremezclaron la política, intereses económicos, religión y xenofobia?

El preámbulo de la matanza

Los testimonios coinciden en que desde varios días antes, se citaba, de modo insistente y bajo amenazas, a los hombres de la zona para una reunión “muy importante” en la noche del 31 de diciembre, en las afueras de Tandil, más precisamente en el puesto “Peñalverde”.

En dicha reunión, que habría congregado a unas cincuenta personas, Jacinto Pérez, estrecho colaborador de “Tata Dios” Solané, arengó al grupo que para salvar a la Argentina y proteger a los criollos, había que matar a los “gringos, masones y vascos”. Se repartieron algunas lanzas y chuzas, además de cintas punzó, emblema del dictador Juan Manuel de Rosas, depuesto hacía ya veinte años.

Los vaticinios apocalípticos que blandía “Tata Dios” Solané, y la prédica contra los extranjeros fueron los cimientos de la arenga de Jacinto Pérez, alías el “El Adivino” o “San Francisco”.  Según anticipaba Solané, ese primero de enero, un huracán arrasaría al pueblo y se fundaría otro sobre sus ruinas. La única salvación estaba en acatar sus órdenes, exterminando a los impíos responsables de los males en este mundo: los masones y los extranjeros. 

Jacinto Pérez les dijo a los reunidos en “Peñalverde” que irían a Tandil para entrevistarse con el cura, el médico y otras autoridades, al tiempo que asistirían a la debacle bíblica que se avecinaba. Alertando, por las dudas, que quienes se negasen a la pueblada, sufrirían las consecuencias junto a sus familias.

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La masacre de Año Nuevo

A las tres y media de la madrugada del primer día del año 1872, los cerca de 50 paisanos reunidos montaron a caballo enarbolando lanzas, chuzas y facones entre vivas a la Santa Federación y ¡Muerte al gringo! ¡Viva la religión! ¡Mueran los extranjeros y los masones! Poco tiempo les llevó galopar la poca distancia que separaba “Peñalverde” del poblado de Tandil.  Algunos, no muy convencidos de su labor bíblica, se iban relegando en el galope. Al menos uno de ellos se sabe que regresó a su casa.

La turba soliviantada entró al galope en Tandil, dirigiéndose al Juzgado de Paz. Allí se apropiaron de algunos sables y liberaron a un preso, que dicen, se sumó al grupo. La siguiente parada fue la plaza del pueblo, allí degollaron a Santiago Imberti, organillero de origen italiano. Volvieron a montar y apenas salir del pueblo, a orillas del río, atacaron a unas carretas de comerciantes vascos que pasaban allí la noche. Degollaron a los nueve vascos que encontraron.

En una pulpería dejaron dos muertos, y en la estancia del inglés Guillermo Thompson lo mataron junto a su esposa y al dependiente y peones, saqueando además el lugar.  Galoparon luego hasta el almacén de ramos generales y hospedaje del vasco Juan Chapar, lo mataron de un lanzazo para luego degollar a sus hijos, de 5 y 4 años, y 5 meses, a su esposa y a sus empleados. Dieciocho personas en total. Saquearon el lugar y rompieron el libro donde Chapar anotaba a sus deudores.

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Representación de la matanza en el comercio del vasco Chapar.

Un buen resumen de los hechos lo aporta uno de los líderes del grupo asesino, Cruz Gutiérrez, desde las actas de la Justicia:

“El 17 de enero, comparece Crescencio Montiel, alias Cruz Gutiérrez, bonaerense, de 39 a 40 años de edad, casado y de ejercicio de ocupación en comprar cueros.

Preguntado ¿quién lo aprehendió, qué día y si sabe o presume la causa?, dijo que fue preso por el capitán Olivera el primero del corriente; siendo la causa que pasa a suponer: que habiendo sido conquistado por un tal Jacinto, a quien le decían el adivino que según cree era subalterno del que llamaban Tata Dios y cuyo nombre y apellido ignora y cumpliendo las órdenes del citado Jacinto, asistió a una reunión que tuvo lugar el treinta y uno de diciembre último a la noche, al otro lado de la Peñalverde, componiéndose dicha reunión de unos cuarenta a cincuenta individuos.

Que el nombrado Jacinto proclamó a la reunión diciendo que venían a cumplir los deberes que el Tata Dios les había impuesto. Que al día siguiente vendrían a la Plaza de este Pueblo a dar los vivas y hablarlo al Cura, al Médico Fuquini y dos o tres personas más que no recuerda. Que, en efecto, el día primero en la madrugada vino toda la reunión a la Plaza, encabezada por el Jacinto, quien después de haber vivado a la Confederación Argentina y dadas mueras a los masones y otros que no oyó, mandó una comisión de la que no formaba parte el declarante al Juzgado de Paz de donde cree sacaron un preso y en seguida sin haber intentado hablar Jacinto con el cura y las otras personas nombradas se dirigieron todos fuera del Pueblo y tomando la dirección hacia lo de Chapar.

Encontraron dos tropas de carretas y habiendo dado órdenes el mencionado Jacinto de matar a unos extranjeros que eran unos conductores, todos los acometieron simultáneamente y los ataron al efecto… Que de allí siguieron a una pulpería inmediata y dando la misma orden el referido Jacinto, mataron dos extranjeros. Que en seguida se dirigieron a la pulpería de Thompson, donde fueron muertos dos individuos y una mujer extranjeros. Que después fueron a la casa de un tal Chapar, a donde cuando el declarante llegó supo que habían sido muertos todas las personas que había allí, pero que el declarante solo vio a una mujer que habían sacado muerta de un carro. En seguida fueron a mudar caballos a lo de Santa Marina, y yendo en dirección a lo de Montiel, según dijo el citado Jacinto, cambiaron de resolución tomando la dirección de la Argentina, estancia de don Ramón Gómez, a pedir la bendición al Tata Dios, quien les iba a repartir lo que habían sacado de las casas de negocio. Fue en esa cruzada donde se encontraron con fuerzas que lo perseguían y fue tomado preso.

Preguntado ¿cuál era el objeto de la conquista que dice se le hizo?, contestó que el mencionado Jacinto, a nombre del Tata Dios, les había hecho creer y comprender que este último había venido a proteger y hacer la felicidad de los argentinos uniéndolos y que para ello era necesario matar a todos los extranjeros, quienes les habían causado grandes males. Que así mismo les había hecho entender que las fuerzas de la guardia y los indios, se les unirían con tal objeto que el indicado les había dicho.  Preguntado ¿si anteriormente se habían hecho algunas reuniones, en qué paraje y con qué objeto y quien las encabezaba?, contestó, que él no asistió a otra reunión que a la que ha referido, pero en la casa del Tata Dios que era en un puesto de Gómez, a una legua de distancia había siempre gran número de gente reunida, que creía en busca de remedios. Preguntado ¿si sabe que el Tata Dios o Jacinto estaba en relación con alguna persona de este pueblo y principalmente de las que arriba nombró?, contestó que lo ignora. Que cuando salió con la reunión llevaba como setecientos y pico de pesos producto de compras y ventas de cueros y lanas que hacía por su cuenta”.

Demás está mencionar que en su declaración intenta desligarse de la responsabilidad de encabezar la matanza. Algo que fue refutado por otros integrantes y sobrevivientes, quienes lo sindicaron como ejecutor de varios crímenes.

Mañana, lea la apasionante continuación de esta terrible historia: La persecución de los asesinos y las inquietantes revelaciones que surgieron

Fuentes consultadas:

Archivo del Museo Histórico del Fuerte Independencia de Tandil. Departamento del Sud 1872. Asesinatos y robos en el Tandil el 1 de enero del corriente
año y el Sumario Levantado por varios comisarios con motivo de los sucesos ocurridos el 1 de enero de 1872.

Hachar un roble. Vascos y muerte en el Tandil decimonónico. Marcelino Irianni Zalacain. Mayo 2021.

La tormenta perfecta. Un cambio de época en el Tandil de 1872. Marcelino Irianni Zalacain. 2017

La historia de “Tata Dios” y una de las peores masacres ocurridas en la Argentina. La Nación. Noviembre 2017 – Juan Manuel Trenado y Sol Amaya.

Fundamentos de la inocencia de Solané. Autores varios. tatadios.ar

La Prensa. “Tata Dios”, o la xenofobia nacional. Omar López Mato. 04/01/2019.

Masacre del “Tata Dios” en Tandil. Jorge Prina.

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