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Masacre de extranjeros en Tandil: La persecución y captura de “Tata Dios” Solané

Este es uno de los hechos sangrientos que marcó la historia de Argentina.
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Fotografía de Benito Panunzi, Pobladores del campo, ca. 1866. Colección Carlos Sánchez Idiart.  Muy probablemente, los gauchos de esta historia se hayan visto así.

En la madrugada del primer día de enero de 1872, medio centenar de enardecidos criollos montó a caballo y entró al galope, lanza en ristre, en la población de Tandil, situada a 350 kilómetros al sur de Buenos Aires. Entre la madrugada y las primeras luces del día asesinaron a 36 hombres, mujeres y niños al grito de ¡Muerte al gringo! ¡Viva la religión! ¡Mueran los extranjeros y los masones! Lo que sigue es la reconstrucción de la persecución y captura de aquellos delincuentes.

Tras los pasos de los asesinos

El griterío y galopes en la madrugada no pasó inadvertido para los vecinos de Tandil. Máxime cuando habían estado hasta tarde en la plaza del pueblo festejando el advenimiento del Año Nuevo. En cuanto pudieron se organizaron en milicias mixtas de militares y civiles y salieron a perseguir a los asesinos.

A media mañana, los bandoleros que regresaba desde el establecimiento del vasco Chapar, en el que habían matado a 18 personas, se topan con el grupo de militares y vecinos armados bajo el mando del comandante Jorge Ciriaco Gómez. Los dos grupos, con tan solo un arroyo de por medio, se miden. Pedro Rodríguez, en el grupo de bandoleros, se adelanta confiado. Desde la milicia le preguntan: “por qué andaban matando”. Rodríguez respondió “que mataban por orden de Tata Dios a los gringos y masones porque los sacrificaban o perjudicaban”, se dice que lo expresó con cierto aire triunfal, como quien realiza una buena acción.

Lo que no sabían Rodríguez, ni ninguno de los asesinos, es que “Tata Dios” Solané, se había unido poco antes, con tres personas más, a la milicia de vecinos que salió a buscarlos. Al oír lo expresado por Rodríguez, “Tata Dios” se adelantó desde la retaguardia gritando que era falso, “que él no había mandado a matar a nadie”. Replegándose luego entre la tropa.

Los bandoleros, y también el grupo de militares y vecinos, quedaron desconcertados. Unos ante la negación que desmentía las palabras de su líder, Jacinto Pérez. Los vecinos, sabedores al fin de las explosivas arengas de “Tata Dios” contra los gringos y masones, creyeron que podía ser cierto. Todos desconfiaron.

Ese momento de súbita confusión fue cortado secamente por el comandante Gómez, que intimó a los delincuentes a rendirse o los “pasaría a cuchillo”.  Los bandoleros reaccionaron intentando girar sus cabalgaduras y huir, pero el teniente Teófilo Urraco ordenó atacar, logrando herir de muerte a los cabecillas Jacinto Pérez y Rodríguez. En la persecución la milicia mató a diez de los bandoleros y apresó a ocho, aunque se cree que algunos pocos lograron huir.

Uno de los detenidos era “Tata Dios” Solané, quien fue apresado por el coronel Machado en la cercana estancia Santamarina. Las palabras de Rodríguez alegando que la matanza había sido ordenada por “Tata Dios” fue creía por todos. A tal punto que el coronel Machado amenazó con fusilarlo ahí mismo, pero “Tata Dios” habría suplicado por su vida. Fue detenido y encerrado con los demás. La cárcel quedó bajo la custodia de los vecinos… vascos.

El cuatro de enero, tres días después de los hechos, el gobernador de la provincia, Emilio Castro, informa de lo acontecido al ministro de Guerra y Marina, coronel Martín de Gainza: “que en el partido de Tandil ha tenido lugar el día 1° del corriente mes, el asesinato alevoso de más de cincuenta personas perpetrado por un considerable número de forajidos que se han dividido en grupos y dispersado enseguida por el partido”.

La sangre continúa corriendo en Tandil

El seis de enero, cinco días después de la matanza, “Tata Dios” Solané fue asesinado en su celda. Alguien le disparó con uno o dos trabucos desde la ventana que daba a la calle.  El mito popular tandilense afirma que quien custodiaba esa ventana era un vasco, y que entre aquellos “extranjeros” sedientos de venganza se habría echado a suertes quién lo ejecutaría.

En el Museo Histórico Fuerte Independencia, en Tandil, aún está el poncho agujereado de “Tata Dios”, quien, se dice, habría sido enterrado vertical y de cabeza en la puerta del cementerio, como una especie de maldición.

El resto de los detenidos fueron a juicio acusados por el asesinato de 36 personas, hecho agravado por alevosía y atrocidad. El fallo, que se conoció el 13 de septiembre de ese año, condenó a la pena de muerte a Cruz Gutiérrez, Juan Villalba y Esteban Lasarte.

Otros siete fueron condenados a 15 años de prisión: Pedro Torres, Claudio Villarruel, Juan Cresencio Moreno, Juan Arballo, Santos Peralta, Juan Ferreyra y Gregorio Larrea. Uno de los acusados, Juan Lucio Guzmán, no se le pudo comprobar que hubiera asesinado, pero fue condenado a un año de prisión por robar en las casas de las víctimas. Diez acusados fueron absueltos.

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Vitrina del museo donde se exhibe el poncho de “Tata Dios” Solané, con los agujeros de las balas.

Mañana, la última parte, en que podrá conocer las insospechadas derivaciones de esta historia y un regalo, el relato completo en audio.

Fuentes consultadas:

Archivo del Museo Histórico del Fuerte Independencia de Tandil. Departamento del Sud 1872. Asesinatos y robos en el Tandil el 1 de enero del corriente
año y el Sumario Levantado por varios comisarios con motivo de los sucesos ocurridos el 1 de enero de 1872.

Hachar un roble. Vascos y muerte en el Tandil decimonónico. Marcelino Irianni Zalacain. Mayo 2021.

La tormenta perfecta. Un cambio de época en el Tandil de 1872. Marcelino Irianni Zalacain. 2017

La historia de “Tata Dios” y una de las peores masacres ocurridas en la Argentina. La Nación. Noviembre 2017 – Juan Manuel Trenado y Sol Amaya.

Fundamentos de la inocencia de Solané. Autores varios. tatadios.ar

La Prensa. “Tata Dios”, o la xenofobia nacional. Omar López Mato. 04/01/2019.

Masacre del “Tata Dios” en Tandil. Jorge Prina.

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