Solteros abandonan aplicaciones de citas para reunirse en grupos: Conoce las nuevas dinámicas
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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En tiempos de inteligencias artificiales, realidades aumentadas o virtuales, y mundos paralelos, el ser humano repara en que necesita casi desesperadamente conectarse con otros humanos en el plano de la realidad amigable y tangible.
La vida a través del teléfono inteligente
Educadores, como por ejemplo, Catherine Le’Ecuyer, sostienen desde hace años que hay que alejar teléfonos inteligentes y tabletas de los niños, a fin de preservar su desarrollo cognitivo. ¿Y los adultos? Lentamente, referentes de la cultura, la ciencia y política, se inscriben en una todavía incipiente tendencia a poner un cierto límite a la tecnología. Sostienen, que la sensación de opresión por dependencia hacia el teléfono y la hiperconectividad estaría acotando la libertad individual de decidir y haciendo mella en la psiquis de las personas.
Citas fallidas
En ese contexto, la búsqueda de simpatía, amor o tan solo confianza es una de las actitudes humanas más castigadas: “Los afectos se han digitalizado” es lamento habitual de personas desencantadas de su experiencia en las aplicaciones de citas como Tinder, Happn, Badoo y otras. Detallan las dificultades para relacionarse virtualmente con un ser del que no saben sobre su existencia real, su apariencia y mucho menos determinar afinidades o intenciones.
Es así que nos enteramos a través del diario La Voz del Interior, que en Córdoba, Argentina, se conforman grupos de personas con afinidades etarias o de objetivos para hacer realidad la antigua magia de verse cara a cara, conversar e intercambiar entre personas reales. Dicha tendencia ha ido creciendo y se comenta que están activos grupos en otras ciudades argentinas como Rosario y Buenos Aires, también chilenas como Santiago y Concepción, y en algunas europeas.
Clubes de solteros
Estos nucleamientos o agrupamientos surgen por afinidad y derivación desde grupos de trabajo, de padres, de estudios y sobre otros intereses en redes sociales, incluso ya hay sitios web especializados que ofrecen realizar el necesario filtro de seguridad previo a los invitados e incluso programar el lugar y las actividades iniciales: Clubes de Solteros.
Graciela, de quien omitiremos su apellido a su pedido, es oriunda de Córdoba, cuenta con 45 años, separada. Comenta que resulta liberador el poder conversar con libertad y amplitud con otras personas sin tener que vivir la tensión de un encuentro físico a partir de la virtualidad. “Es como ir a una fiesta de amigos, donde hay amigos de los amigos”, sonríe. “Es una reunión donde te puede gustar alguien o no, tampoco es una imposición”, concluye.
En la web de uno de estos clubes se afirma que tales encuentros “Logran un equilibrio saludable entre la conectividad y la presencialidad, a diferencia de las aplicaciones que estimulan la conexión constante y favorecen el Síndrome del Ermitaño Moderno (aislamiento social voluntario y conectado virtual). El Club impulsa a sus miembros a llevar los planes a la acción, salir del chat y aprovechar los beneficios de la socialización en persona para la salud, ayudando a superar la ansiedad social”.
Cerebro en estado de alerta
El neurocirujano argentino Dr. Juan José Gigliotti, además neurocientífico, psicoanalista y subdirector de la Fundación para el Estudio de la Neurociencia Aplicada, publicó en agosto de 2020 el ensayo “Cerebro aislado en estado de alarma”. En él detalla los efectos nocivos que provoca el aislamiento en las personas, ya sea este forzado, por decisión propia o por otros motivos.
Refiere, en su trabajo, a la obra previa del psicólogo Abraham Maslow, quien estableciera que el primer propósito del cerebro humano es lograr la supervivencia, y cuando no logra este cometido primordial, ingresa en un estado de “alerta u amenaza” siendo esta real o imaginaria, ya que no distingue una de otra.
En esta situación, el cerebro incluye en los instintos básicos hambre o sed, a “la soledad, el aislamiento, el no contacto social”, convirtiéndose, entonces, en un “cerebro estresado” que puede generar conductas y hábitos perjudiciales para la salud de las personas, inclusive hasta los más graves.
La Pirámide de Maslow
El psicólogo Abraham Maslow, desarrollo el concepto de la jerarquía de necesidades del ser humano en su artículo “A Theory of Human Motivation” en 1943, que amplió posteriormente en su libro “Motivation and Personality”.
Maslow, describe en su teoría que existe una jerarquía en las necesidades humanas, que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide). Por tal motivo se representa como una pirámide, la pirámide de Maslow.
La idea básica es que solo se atienden necesidades superiores cuando se han satisfecho las necesidades inferiores, es decir, todos aspiran a satisfacer necesidades superiores. Las fuerzas de crecimiento dan lugar a un movimiento ascendente en la jerarquía, mientras que las fuerzas regresivas empujan las necesidades prepotentes hacia abajo en la jerarquía.
Quizás, en la interpretación de esta pirámide estaría la causa del desencanto hacia las relaciones surgidas de redes sociales. Sin contacto humano que satisfaga las primeras etapas de la pirámide (fisiología, seguridad y afiliación), sería difícil alcanzar la confianza, el respeto y la autorrealización.
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