Argentina “cerrada” por fútbol: La pasión y el fanatismo de los hinchas llena el país
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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“Seguro que vamos a escuchar y leer cosas atroces de la unidad argentina respecto al éxito y esas gansadas”, desliza el sociólogo e identificado con los colores del club Vélez Sársfield, Pablo Alabarces, en reciente nota de Alejandro Duchini en el diario Clarín. ¿Será cierto?
La maquinaria ya está en marcha
El aluvión de publicidades apelando a los más “bajos instintos” sociales ya está desplegada golpeando a cada ciudadano desde su smartphone, avasallantes pantallas en ultra color, cartelería callejera, balcones y vehículos embanderados. El mensaje predominante es que somos todos buenos, menos pobres, que también somos capaces de olvidar nuestras diferencias y que nos queremos y abrazamos como hermanos angustiados o exultantes según las peripecias que viva el Seleccionado de fútbol en Qatar.
Lo anterior se complementa con los “permisos sociales” para que afloren los mencionados “bajos instintos” sociales. En nombre del fútbol estará permitido ser y parecer tonto o limitado de entendederas, según aquellas sabias definiciones de nuestras abuelas. También será lícito gritar enardecido, llorar como niño burlado, vociferar como energúmeno, maldecir como habitualmente lo hacemos, romper adornos o muebles en nombre de la exaltación (y no de la Cruz). Incluso dejar llorar al nene (justo ahora se le ocurre a ese…) o comer como pantagruélicos, emborracharse desde un poquito pasado de más, hasta niveles estratosféricos. Todo parecerá casi normal.
“No nos une el amor, sino el espanto”
La cita previa corresponde a estrofas de un poema del maestro Jorge Luis Borges. Resulta ideal para desgranar una descripción de las vivencias mundialistas y que a algún incauto pudieran parecer exageradas.
Durante 1982 se desarrollaron dos situaciones relacionadas con la Argentina. Transcurría la Guerra de Malvinas y el Mundial de Fútbol en España, al mismo tiempo. La gente festejaba los logros de la Selección nacional en los campos españoles, al igual que cuando las noticias anunciaban el hundimiento de una nave enemiga.
Más aún, durante 1978 se llevó a cabo el Mundial en Argentina. El gobierno militar hacía dos años que había derrocado al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón (1976). El militar, a cargo interino por decisión propia de la presidencia de la Nación, asistía a los partidos del Seleccionado y la gente aplaudía feliz. Después se quejaban amargamente sobre que la dictadura era terrible. Claro, después de terminado el Mundial, mientras tanto todo fue jolgorio. Ese Mundial lo ganó Argentina.
La industria ya está en marcha.
Poema “Buenos Aires”, de Jorge Luis Borges (París, agosto de 1983)
Y la ciudad, ahora, es como un plano
De mis humillaciones y fracasos;
Desde esa puerta he visto los ocasos
Y ante ese mármol he aguardado en vano.
Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
Me han deparado los comunes casos
De toda suerte humana; aquí mis pasos
Tejen su incalculable laberinto.
Aquí la tarde cenicienta espera
El fruto que le debe la mañana;
Aquí mi sombra en la no menos vana
Sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
Será por eso que la quiero tanto.
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