Argentina empieza a afrontar graves consecuencias por la extensión de la cuarentena hasta julio

Los datos económicos y sociales indican una brutal caída de ocupación, ingresos y nivel de vida para la población argentina.

Guía de: Argentina

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La decisión del gobierno del Presidente, Alberto Fernández, de extender el confinamiento estricto hasta el 17 de julio encamina al país a una crisis económica, social, política y moral de consecuencias aún inciertas.

Mensaje grabado

“Desde el 1 de julio al 17 les pedimos que se queden en sus casas”, dijo, franqueado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Ambos políticos administran el área metropolitana donde habita el 37% de la población total del país. La extensión de cuarentena, que ya supera los 100 días, será llevada a 124 días cuando finalice el plazo fijado.

Ningún funcionario está en condiciones de asegurar que será la última extensión de cuarentena. De hecho, a través de voceros, varios funcionarios han deslizado que se podría extender nuevamente hasta el mes de septiembre, o incluso hasta diciembre.

Algo de la gravedad y el daño que tal decisión infringe a la gran mayoría de los ciudadanos se coló en varios pasajes de la exposición presidencial: “Estamos dando una batalla en conjunto, hemos dejado a un costado toda diferencia política. Les pido que entiendan y les pido que nos ayuden”, expresó el Mandatario con tono paternalista y a la vez admonitorio. Luego mencionó “comprender” el agobio que la cuarentena provoca en los bolsillos. “Sabemos que tiene un impacto económico, no soy un necio“, aseguró.

Por su parte, el jefe de la ciudad, Rodríguez Larreta, expresó: “Sabemos que genera un gran angustia para los que aún no pudieron abrir y los que abrieron unas semanas. Es muy duro, angustiante“. El gobernador de Buenos Aires se enredó en su discurso habitual de datos inexactos e increíbles, como el que se necesitaron de 28 aviones y dos barcos para transportar 5,4 millones de barbijos.

De todos modos, y a pesar de las palabras de comprensión del Jefe de Estado y del jefe de gobierno de la ciudad, ninguna de las tres administraciones anuló, postergó o bajó impuestos ni vencimientos. Tampoco aceptaron donar el 30% de sus ingresos al fondo común creado para solventar los gastos de la pandemia. La justificación para tal falta de solidaridad fue que los funcionarios están disponibles muchas horas al día: “Yo soy parte de un Gobierno de funcionarios que los llamás a las 7 de la mañana y están; y los llamas a la 1 de la mañana y están, y siempre tienen respuestas para todo”, expresó el 4 de abril.

Es la economía, Presidente

En un minucioso trabajo del investigador, Sergio Serrichio, para Infobae, detalla en base a datos de la producción y el comercio el inquietante panorama económico y social argentino.

Según datos de IPA, entidad que aglutina a las pequeñas industrias, a fines de abril 2020 habían ya cerrado sus puertas 17.798 pequeñas empresas. Por su parte, la Cámara de Comercio Argentina evaluó en algo más de 100 mil los negocios que no volverán a abrir sus puertas.

La cámara que agrupa a las empresas medianas informó que la caída interanual (con un 2019 ya recesivo) fue del 52%. La utilización de la capacidad instalada tuvo un retroceso del 23,8%. Debe agregarse que el índice de producción industrial pyme (IPIP) de mayo 2020, indicó caídas del 60% en los principales rubros.

La “Encuesta de Percepción y Actitudes de la Población. Impacto de la pandemia y las medidas adoptadas por el Gobierno sobre la vida cotidiana”, realizada por UNICEF, relevó que desde el inicio del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, en el 59% de los hogares (unos 3,6 millones de viviendas en las que habitan 15 millones de personas) los ingresos laborales cayeron. El porcentaje aumenta al 62% en la Provincia de Buenos Aires. También señala el informe que el 56% de pérdida de ingresos es debido al cese de la actividad cuentapropista, 15% a menores consumos, 12% a la reducción de horas de trabajo y el 17% a suspensiones laborales.

En el 31% de los hogares relevados se dejó de comprar algún alimento por no tener dinero, y esta situación se agudiza en asentamientos donde las privaciones nutricionales afectan a 5 de cada 10 hogares, según UNICEF en el citado informe.

A principios de junio, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina indicó que 900 mil personas (básicamente en el sector informal) perdieron su ocupación. Otro informe de una división de las Naciones Unidas proyecta que la pobreza infantil se elevaría a fin de año al 58,6%.

La estimación del volumen del desastre económico para Argentina es de USD 50.000 millones, en términos de PBI.

Paliativos limitados

A fin de contener, en parte, tal debacle económica y social, el Estado se está haciendo cargo de porcentajes de los sueldos de empleados de empresas que no pueden abrir sus puertas. También distribuye ayudas en forma de bolsones de alimentos o dinero a sectores empobrecidos. Sin embargo, el Estado al no generar ingresos por sí mismo y extraer fondos de impuestos que pagan los ciudadanos, queda encerrado en un círculo vicioso: A menor nivel de actividad, menos impuestos se pagan y en consecuencia menos dinero habrá para repartir.

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