Argentina: La crisis interna que dejó la muerte del fiscal Nisman

Las personas o animales que caen en las ciénagas se hunden poco a poco. Cada uno de sus intentos por salir de la trampa los embarra y hunde cada vez más profundo. Una situación similar parece estar viviendo Argentina.

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La dudosa muerte del fiscal Roberto Nisman, a días de haber presentado una denuncia por encubrimiento que involucra a la presidente Cristina Fernández y a altos funcionarios de su gestión, marcó un antes y un después en la vida política y social argentina. Hace tres semanas que se encontró el cuerpo del fiscal. Ese tiempo ha sido suficiente para dejar al desnudo las debilidades y falencias de las instituciones y política argentina.

El poder Ejecutivo respondió de la peor manera. Durante varios días la presidente intentó ignorar que uno de sus fiscales federales apareció muerto en circunstancias por demás extrañas. Justamente, el mismo fiscal que la había acusado de encubrimiento tan solo unos días atrás. El estupor y descrédito social a las versiones que intentaban imponer algunos funcionarios acorraló al gobierno. Entonces, la presidente se expresó, ¡pero lo hizo con una carta publicada en Facebook! Un hecho lamentable para un jefe de Estado.

Pero, además, en ella intentaba defenderse al tiempo que desacreditar al fiscal. Dos días después, una segunda carta publicada también en Facebook agravó la situación al decir lo contrario que en la primera. Unos días más tarde, ante el repudio social, apeló a la cadena nacional. En ella, la presidente se mostró en silla de ruedas, vestida enteramente de blanco, sin joyas y el cabello suelto, todo lo contrario de la habitualidad de la presidente. Se presume que fue para dar énfasis a la teoría gubernamental de ser víctima de una confabulación internacional. La cadena nacional duró una hora y en ella se dedicó a cuestionar la investigación, denunciar sin nombrar, acusar a opositores y medios de comunicación no oficialistas y dudar de la independencia del fiscal. En ningún momento, le dio el pésame a la familia del fiscal. Triste y lamentable actitud.

El poder Judicial mostró su habitual ineficiencia y falta de independencia para con el Ejecutivo. No actuaron con la celeridad requerida, no supieron imponer la ley ante funcionarios gubernamentales que se entrometían en la investigación y dejaron que los funcionarios judiciales afines al gobierno realizaran maniobras tendientes a diluir o direccionar la investigación. Solo un puñado de fiscales y jueces supieron reaccionar a tiempo, superando apenas la endeblez e inacción judicial. Esos mismos funcionarios convocaron a una marcha por sentirse amenazados, condicionados y huérfanos de la natural protección oficial para ejercer su labor. Quieren y necesitan sentir el apoyo de la sociedad, el único que les queda, y que deberán corresponder con acciones inmediatas, concretas y efectivas. Se presume que la marcha del 18F será multitudinaria.

El poder Legislativo, al contar el oficialismo con mayoría propia en ambas Cámaras, es anodino, ineficiente y apenas declamatorio, sin poder ni voluntad para cambiar la realidad. Solo algunos legisladores están a la altura de las circunstancias, muy pocos. El resto, forma parte de la anodina y tradicional clase dirigente argentina más ocupada en sus rencillas internas y figuración personal que en cumplir su rol de dirigentes sociales.

Argentina en la ciénaga

Argentina se sumerge cada día en una ciénaga nauseabunda, no se tiene en claro como salir de esta situación. Desde el gobierno se intenta huir hacia adelante, la clase dirigente mira sin atinar a nada y los ciudadanos asisten estupefactos a la degradación institucional y social. Quizás, el deseo de la mayoría de las personas por dignidad, justicia y un país mejor se vea expresado en las calles el próximo 18 de febrero. Pero, ¿y después qué?

 

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