Atentado incendiario contra el Grupo Clarín: ¿Escala la violencia política en Argentina?

Un grupo de personas arrojó bombas incendiarias caseras contra la puerta de ingreso del diario.

Guía de: Argentina

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Captura de pantalla.

En la noche del lunes 22 de noviembre un grupo de personas arrojó bombas incendiarias caseras contra la puerta de ingreso del Diario Clarín de Buenos Aires, uno de los más importantes del país. El hecho podría ser un punto de inflexión en la creciente ola de violencia verbal de la política: ¿Un regreso al sangriento pasado político de los años 70?

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Reconstrucción del recorrido de los atacantes. Diario Clarín.

El atentado

Las imágenes son elocuentes, el grupo se mueve con absoluta tranquilidad en la vereda de enfrente del edificio del Grupo Clarín en la ciudad de Buenos Aires. Encienden sus bombas incendiarias de fabricación casera y las arrojan en tres tandas contra el frente del edificio. En ningún momento se percibe preocupación o apuro en los movimientos de los atacantes. Actuaban como si estuvieran seguros de su impunidad. Una vez concluida la tarea se retiran. Cámaras de seguridad los detectan en varias motos y automóviles trasladándose con la misma tranquilidad con la que realizaron el violento acto intimidatorio.

Las cámaras de la Policía de la Ciudad, y los recursos de la Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal Argentina, permitieron determinar que eran nueve personas, seis hombres y tres mujeres. Lograron también reconstruir cómo fue su retirada y detalles que permitieron una identificación primaria de los atacantes.  Los analistas policiales conjeturaron que podría tratarse de un grupo de anarquistas que suele deambular por la zona sur de la ciudad realizando pequeños desmanes.  También obtuvieron una huella digital en uno de los elementos que no explotó.

Hubo amenazas previas

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Composición gráfica: Diario Perfil.

La exministra de Seguridad, Patricia Bullrich, mostró una reciente publicación en red social donde se hablaba de “hay que salir ya a quemar el multimedios“, no fue la única amenaza o velada amenaza. La vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner ha reiterado recientemente en un discurso su desprecio hacia “los medios hegemónicos” y en particular hacia Clarín. Le acusa de fomentar la desunión entre los argentinos propalando noticias falsas.

Si funcionarios gubernamentales, políticos y activistas hablan todo el tiempo en contra de “los medios hegemónicos”, es posible que grupos de exaltados fanáticos materialicen tales odios.

Una parte del universo político argentino condenó al atentado. Algunos lo hicieron con énfasis e indignación, otros apenas expresaron palabras de compromiso. Los partidos de izquierda prefirieron no emitir comentarios por lo que no se conoce su posición. En ese contexto, el conocido actor y dirigente Luis Brandoni, refiriéndose a la condena que realizó el presidente a través de redes sociales, expresó: “condenó el atentado como si él no fuera el presidente, como si fuera un ciudadano común, como yo”, se ofendió Brandoni tal como se aprecia en el video que acompaña esta nota.

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El frente del edificio en el día después, con guardia policial.

¿Hay clima de violencia institucional en Argentina?

No, o expresado de mejor forma, aún no. Existen sí reiterados enfrentamientos a tiros entre grupos sindicales afines al peronismo. Son peleas por ingresos económicos o poder, pero no entre facciones políticas antagónicas. Existen también enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes, especialmente en Rosario, provincia de Santa Fe, donde la crónica policial abunda en crímenes de este tipo todos los días. En el último tiempo se han sumado los incipientes actos de terrorismo en la Patagonia aunque aún no alcanzan la gravedad de los generados en Chile.

Existen agresiones, amenazas y “aprietes” políticos, incluso pequeñas escaramuzas callejeras, pero son actos puntuales y no una tendencia. De todos modos la violencia política verbal está en pleno auge, algo que debiera ser al menos morigerado por los propios políticos. Es que tales actos verbales podrían prosperar sobre la base de la miseria creciente (más del 50% de la población de 46 millones de habitantes es pobre o indigente según los datos oficiales), la desesperanza de los jóvenes ante un futuro incierto, en un proceso de descomposición social que podría desencadenar actos de violencia política y social.

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Ministro del Interior Aníbal Fernández.

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