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Ceder el paso a una mujer puede ser interpretado como ofensa por supuesta superioridad del hombre

El debate de temas como ceder el paso, el asiento, o mujeres primero, hoy son puestos en duda por visiones feministas.
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Foto Wtop.

“Se puede decir que el que te deja pasar en el colectivo (transporte público) o te cede el asiento es porque se considera dueño de tales decisiones: yo decido quién pasa primero y quién permanece de pie…” expresa el escritor y conductor de radio Alejandro Dolina, citado por la periodista Paula Giménez en un reciente artículo sobre feminismo publicado en el diario La Nación.

Sin embargo, observando a quienes realizan esos pequeños actos de gentileza, caballerosidad o urbanidad, parecieran no darle trascendencia alguna a su acción. Pero nos enteramos de “…lo que sucede con estos inocentes gestos de amabilidad: se realizan por y para alguien que, se cree, se encuentra en inferioridad de condiciones y la pregunta retórica que se me ocurre es: ¿por qué suponen que las mujeres estamos en inferioridad de condiciones?”, según afirma Giménez.

Ambas ponencias indican que antes de realizar un “inocente gesto de amabilidad” como abrir una puerta, ceder el asiento o el paso, debe lograrse el consentimiento de la persona favorecida. Algunas personas sostienen que tal exigencia anula la amabilidad espontánea.

CEDE

¿Es tan malo ser amable?

La vida cotidiana en la ciudad de Buenos Aires nos indica que la amabilidad es un bien preciado. Si bien a través de los años se verifica en los porteños una importante pérdida de esa cualidad, aún lo normal es que ante la presencia de una embarazada, ancianos, padres con hijos pequeños o personas cargando grandes paquetes se le ceda el paso o el asiento en un transporte público.

Hay excepciones, lamentablemente, en las que mujeres y hombres hacen causa común. En esos casos, y en ambos sexos, se verifican súbitos ataques de sueño, ensimismamiento en la pantalla del teléfono celular o exacerbada atención en el paisaje urbano. Todos esperando que sea otro quien se sienta forzado a ceder su preciado asiento. Una extraña manera de alcanzar la igualdad a través del embrutecimiento general.

Caballeros eran los de antes

“Caballero no es cualquiera que sea amable, cordial o gentil, como suelen decir quienes defienden la inocencia del término, y más aún, las prácticas asociadas a él. Caballero, primero, es un término asociado a los hombres. Y afirmo que es elitista, porque no a cualquier hombre. Supone la adecuación a un código de conductas que provienen de un ideal medieval, militar y cristiano, extendido con el paso del tiempo a hombres adultos, occidentales, probablemente blancos y seguramente heterosexuales“, dice el licenciado en Ciencia Política (Universidad Nacional de Rosario) Luciano Fabbri, quien además es docente universitario y educador popular en áreas de género, masculinidades y feminismos.

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Foto: lelakisihat.com

El sutil y delicado encanto de la brutalidad

Deben celebrarse los avances en igualdad de oportunidades y respeto. En especial el empoderamiento de la mujer que enriquece a la sociedad en su conjunto. También, es de esperar, que se logre un punto intermedio entre la obtención de esos merecidos derechos y las posturas ultra radicales que actúan como lastre de ese crecimiento.

El tiempo dirá si los hombres, impelidos por las pautas de conducta ultra feministas, olvidarán sus últimos restos de caballerosidad. Si así fuera, podría entonces vislumbrarse un futuro de hombres impertérritos ante la aparición de embarazadas, ancianos, padres con niños o agobiados transeúntes cargados de paquetes. Dirán que es una exageración. Quizás tanto como los textuales publicados más arriba. En tanto, pase usted. Por favor.

Niños y mujeres primero, ¿o no?

El famoso imperativo de «mujeres y niños primero» es una especie de protocolo de conducta para ser observado durante una situación de peligro inminente. Su origen se pierde en el tiempo, aunque siempre ha estado estrechamente ligado a los naufragios marítimos. Investigadoras de la temática de género, como la británica Lucy Delap, afirman que tal imperativo “es un medio de subrayar las diferencias de los sexos y justificar las desigualdades entre hombres y mujeres”. De manera opuesta, otros autores, sostienen que el mítico protocolo de emergencia es un soberano acto de humanidad, tendiente a preservar la especie a través de salvación de las mujeres y niños. ¿Usted, cedería su salvavidas?

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Foto Big Bang News.

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