Crisis política en Argentina: Las claves para entender el complejo escenario del país vecino

La situación ha puesto a las instituciones democráticas de la República en alerta.

Guía de: Argentina

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Breve reseña de los acontecimientos políticos que ocurren en la Argentina, donde una lucha de poder interna dentro del partido gobernante ha estado a punto de quebrar la institucionalidad democrática del país.

El “lugar de los hechos”

La gestión económica, social y sanitaria del gobierno que asumió en diciembre de 2019 ha sido calificada de mala, muy mala y desastrosa por amplios sectores de la sociedad. Por lo que el gobierno, y el presidente en particular, luce debilitado por las erróneas decisiones y singulares actos de corrupción como las fiestas privadas que se realizaron en la Residencia Presidencial en plena restricción de las libertades de movilidad para el resto de los ciudadanos. El desagrado general se reflejó en el resultado electoral del pasado domingo.

El mayor problema para el gobierno es que no hay dinero para gastar o regalar antes de las elecciones de noviembre próximo. El país está empobrecido con más del 50% de la población bajo la línea de pobreza, escasa actividad comercial, aumento desmedido de impuestos, uno de los índices de inflación más alto del mundo, delincuencia creciente y empresas que se van del país aumentando el índice de desocupación e impeliendo a los jóvenes a la búsqueda de horizontes más propicios fuera del país.

El desencadenante

La derrota electoral del pasado domingo en las Primarias desencadenó una agria lucha interna en el partido gobernante. Ningún sector del peronismo quiere hacerse cargo de la derrota. La necesidad de “despegarse” de la debacle y elegir un “culpable” que asuma la mala gestión desencadenó acusaciones, actitudes despectivas y altercados subidos de tono desde la misma noche del domingo. Es que el resultado electoral, de repetirse en noviembre, significaría perder la mayoría en ambas Cámaras Legislativas con la consiguiente pérdida de poder cuasi dictatorial de tomar decisiones vía decretos desde el Poder Ejecutivo.

La disputa interna

No es secreto que el gobierno de Alberto Fernández hizo y hace todo lo que ordena su vicepresidente, Cristina Fernández. Así lo ha reconocido él mismo celebrando su obediencia en todos los aspectos a la líder de su movimiento político. La urgente necesidad de desplegar tácticas para recuperar parte del electorado perdido para las próximas elecciones de medio término exacerbó los ánimos ya bastante caldeados.

El pasado lunes, al día siguiente de la derrota, Cristina Fernández le habría ordenado al presidente que asumiera los costos de la derrota y cambiara en el gabinete de ministros a aquellos que no acataban sus directivas. Alberto Fernández no habría estado de acuerdo con todos los puntos indicados.

La batalla

Intentó dilatar las decisiones, pero de inmediato fue desautorizado por varios legisladores y funcionarios leales a la vicepresidente. Apenas media hora después que el presidente se expresara públicamente en que no habría cambios en el gabinete, presentaron sus renuncias varios ministros y funcionarios de primera línea leales a Cristina. Fue ese el momento en que la crisis interna del peronismo se hizo pública y evidente.

A la noche del lunes y primera hora del martes, varias “espadas” leales a Cristina se expresaron públicamente sobre la mala gestión de Alberto Fernández. Incluso se deslizaron audios donde se lo acusa de ser el responsable de la derrota adjuntando insultos soeces a su persona e investidura presidencial. Alberto Fernández continuaba resistiendo ya muy debilitado. No aceptó las renuncias presentadas y buscaba en gobernadores e intendentes fieles conformar un nuevo gabinete menos “cristinista”. No resultó. Al parecer todos tenían otra cosa que hacer.

El Presidente intentó a través de Sergio Massa, titular de la Cámara de Diputados, involucrar a sectores de la oposición que internamente son calificados como “palomas” por su proclividad hacia el peronismo. La orden en la oposición fue terminante: “Es un problema de ellos, que ellos deben solucionar“.  Tampoco funcionó. Durante todo el día jueves se especuló que si la intensa pelea interna del peronismo llegara a desencadenar la renuncia del Presidente cómo está compuesta la línea sucesoria expresada en la Constitución Nacional.

A última hora de la tarde se conoció una extensa carta de Cristina Fernández casi obligando al presidente a asumir como suyo el desastre de la gestión, al mismo tiempo que ella se exculpaba de toda responsabilidad. La presión interna era abrumadora.

Epílogo momentáneo

Hoy, viernes, pasado el mediodía, el presidente está reunido en Casa Rosada (sede del gobierno) haciendo un nuevo intento de conformar un gabinete que “agrade” a todos los sectores. Se especulaba  con que lo conseguiría durante el fin de semana y así, en cierta forma fue, ya que Argentina tuvo un nuevo cambio de gabinete, uno que fue el fiel reflejo de la realidad que se vive en la Casa Rosada, con ministros que renunciaron, pero que luego decidieron seguir en el cargo. Un cambio histórico, pero para mal.

Lo que no sería posible de reconstruir es la confianza en el gobierno. Algunos sectores consideran que estamos asistiendo a la caída final del peronismo como mito popular.

Como dato de color se comprobó que la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, cambió su nombre en su perfil de Twitter: Eliminó el apellido Fernández de su nombre, el mismo del presidente aunque sin parentesco, para llamarse Cristina Kirchner, a secas. No se informaron los motivos de tal cambio.

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