Denunció por abuso a su marido: Luego se arrepintió y declaró que solo era sexo duro

El caso se ventiló en los Tribunales de San Martín, donde se mezclan sexo, violencia, mentiras y manipulación. Conozca los entretelones.

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La mujer del caso. Foto Infobae.

Un caso ventilado en los Tribunales de San Martín, Buenos Aires, nos remite a la novela de Robert Louis Stevenson, “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, esta vez en el cuerpo y mente de una mujer, mostrándonos que no todo lo aparente resulta cierto. (Podcast del artículo pulsando aquí)

La denuncia

Una mujer de 25 años de edad denunció al marido por violación reiterada, abuso, violencia y secuestro. Agregó que al violarla le había apuntado con un arma y luego le rapó la cabeza, golpeándola de tal manera que la víctima terminó internada en el hospital de la localidad de Pablo Nogués.

Los detalles del caso resultan aberrantes por la saña con que fue golpeada y abusada. El hombre fue detenido y comenzaron las investigaciones para comprobar los hechos y dictaminar su grado de culpabilidad.

La investigación y las dudas

Al avanzar el juicio, la mujer pidió cancelar la investigación aduciendo que había mentido por despecho y que, en realidad, solo había sido una sección más de las habituales de “sexo duro” a que le obligaba su marido. Tal situación alertó a los investigadores que profundizaron en el caso y comenzaron a desenredar una madeja con revelaciones insospechadas.

Llamaba la atención que en los registros del hospital de Pablo Nogués constaba que fue su marido quien la llevó al establecimiento. Sintieron mucha más extrañeza los investigadores cuando varios vecinos aportaron que ella afirmaba haberse arrojado desde la terraza hacia la vereda para escapar de los golpes del hombre. Los médicos que intervinieron certificaron el estado de la mujer y el testimonio del hombre que la acompañaba, su marido.

Los antecedentes eran suficientes para mantener al marido detenido aún a pesar de las dudas que iban surgiendo de la investigación. Lo cierto es que el marido negaba insistentemente haber violado o golpeado a su esposa. Sin embargo, reconoció haberse enojado porque ella le había sido infiel con dos hombres en su casa, y al mismo tiempo. Surgía, entonces, la sospecha e hipótesis que los golpes habían sido de él y las lesiones sexuales causadas por los dos hombres con los que ella había mantenido relaciones.

La declarante en acción. Foto infobae.

El trueno entre las hojas

Las revelaciones durante los alegatos en el juicio helaron la sangre de los doce jurados. En principio, y con la evidente intención de salvar a su marido de la segura cárcel, la mujer dio detalles escalofriantes de su conducta. Afirmó sin inmutarse que era ella la que azuzaba a su marido para que la maltratara físicamente y exigía ser abusada en reiteradas oportunidades.

En un momento de su declaración, se sintió condolida por el sufrimiento de su esposo, ya que: “…tuvo que bancarse los cuernos que le meto todos los días, y más de una vez al día”. Admitió luego que ella sufre de cierto fervor sexual que le llevó a tener relaciones con un albañil que trabajó en su casa, con el carnicero y varios vecinos. Además, se comprobó que visitaba a su esposo encarcelado para tener sexo con él, el mismo que había denunciado por ella de abuso y violación.

El infierno tan temido

Narró que llegó a falsificar un certificado de concubinato para entrar en otro recinto carcelario para tener sexo con reclusos. Afirman en el Tribunal que llegó a presentar fotografías elocuentes de su conducta afirmando: “Esa soy yo”.

Ante el tenor de las declaraciones, el presidente del Tribunal le interrumpió para preguntarle si prefería declarar sin la presencia de público, pero ella se negó. Aceptó que sus denuncias eran mentiras y producto del despecho. Afirmó que nunca fue violada y que “las relaciones siempre fueron consentidas, siempre”, recalcó. Justificó su actitud al decir que: “Teníamos relaciones intensas, a mí me gustaba ver porno para tener sexo duro y si no veíamos yo me enojaba. (Y le decía) ‘o vemos o no pasa nada’”.

La delgada línea roja

El fiscal de la UFI N.º 14 de Delitos Sexuales no se dejó conmover ante la declaración de la mujer, que buscaba de todas maneras exculpar a su marido, y mantuvo la acusación: “Había suficiente prueba de manipulación y pericias sobre ella que la mostraban como un personaje capaz de ser doblegada por él. Además, sobre algunos hechos había pericias médicas”, según relata el periodista Fernando Soriano para Infobae, señalando que el discurso de la mujer era poco creíble.

“Se denigró lo máximo que pudo. Fue de manual -afirmó una fuente de la investigación- ella lo miraba a él y decía ‘pobrecito, demasiado aguantó las cosas que le hice’. Se colocó como una adicta sexual que le fue infiel y no puede parar. Era (una actitud) muy compatible (y afín) con el discurso de él” y aclaró la fuente: “Por eso se planteó que ella está sumergida en un proceso de violencia permanente y que su estrategia de retractarse es un episodio más del esquema de violencia del tipo”.

El juicio

La pasada semana se llevó a cabo el juicio por jurados. Se escucharon a ambas partes, a las defensas y a la fiscalía. Tras cuatro horas de deliberación el jurado determinó que el marido no era culpable de todos los hechos denunciados, pero sí de abuso sexual gravemente ultrajante y privación ilegítima de la libertad. Se estima que el próximo martes, cuando se anuncie la sentencia, la pena podría rondar los 16 años de prisión. Surge la duda si para ella, tan enferma como él, habría algún tipo de sanción o inducción a tratamiento. Esperemos.

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