Dos pilotos chilenos habrían sido abducidos hace más de 30 años en una competencia de rally en Argentina

El increíble caso todavía no tiene una resolución.

Guía de: Argentina

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Dos pilotos chilenos que a bordo de un Citroën GS 1220 participaban del Rally Vuelta a la América del Sud en 1978, habrían sido abducidos por un ovni en el anteúltimo tramo de la carrera. El episodio aún no ha sido resuelto.

Por las rutas de América

El Rally Vuelta a la América del Sud partió desde Buenos Aires el 17 de agosto de 1978 y en 39 días atravesó Sudamérica de sur a norte, retornando al sur para culminar en el lugar de partida. Fueron casi 30 mil kilómetros que culminaron el 24 de septiembre. Eran tiempos de rutas desiertas, con pueblos y ciudades con mucha menor cantidad de habitantes que los actuales y sin la asistencia o apoyo que hoy tienen los pilotos de competencias similares.

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El “famoso” citroën GS número 102 con Acevedo al volante y Prambs de acompañante.

Los pilotos chilenos Carlos Acevedo y Hugo Prambs, a bordo del Citroën GS 1220 integraban la citada carrera. A poco de finalizar, el 16 de septiembre, en Bariloche, Hugo Prambs alegó problemas de salud y fue reemplazado por Miguel Moya. El 23 de septiembre, mientras la nueva dupla de Acevedo y Moya transitaba el tramo entre Viedma y Bahía Blanca, alrededor de las tres de la madrugada, afirmaron observar una luminosidad creciente en el espejo retrovisor. Fue el comienzo del misterioso e inexplicable suceso.

Abducidos por un ovni

Según consta en los varios reportes del caso, la citada luz era densa y de tonalidad amarillenta que con gran rapidez alcanzó el Citroën inundando el habitáculo e impidiendo la visión de los pilotos. Carlos Acevedo aseguró que “en ese momento (cuando la luz inundó la cabina) el auto me pareció fuera de control. Miré por la ventanilla y vi que estábamos a casi dos metros sobre el asfalto“. Miguel Moya, por su parte, afirmó que su primera reacción fue escapar, pero no pudo abrir la puerta que “estaba como soldada”.

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Captura de pantalla de investigación.

El relato de Acevedo y Moya

El posterior relato pormenorizado de Acevedo y Moya ante el investigador especializado en este tipo de fenómenos, Guillermo Roncoroni indicó que en la madrugada del 23 de septiembre ambos recorrían los últimos mil kilómetros del Rally. Aproximadamente, a las dos de la madrugada se detuvieron en la estación de servicios del Automóvil Club Argentino de Viedma (provincia de Río Negro) donde repostaron combustible (llenaron el tanque estándar de 50 litros y un depósito suplementario de 40 litros), tomaron café y conversaron algunos minutos con otros competidores. A las dos y treinta minutos cruzaron el puente sobre el Río Negro y atravesaron la ciudad de Carmen de Patagones. Por delante tenían una ruta desierta hasta Bahía Blanca.

Cerca de las tres de la madrugada superaron sin novedad el cruce de la ruta con el camino de ingreso al pueblo Cardenal Cagliero. Se encontraban a la altura de la zona del Salitral del Algarrobo y la Salina de Pedro, a unos 30 kilómetros al Norte de la ciudad de Carmen de Patagones.

El momento inescrutable

Carlos Acevedo comandaba el vehículo que según el plan de carrera avanzaba a unos 100 kilómetros por hora, cuando observó una intensa luminosidad reflejada en el espejo retrovisor. Refirió que era una luz densa, amarillenta que al principio se distinguía como un punto en el espejo, pero que rápidamente alcanzó el vehículo e inundó de luz el interior. “En ese momento el auto me pareció fuera de control. Mire por la ventanilla y vi que estábamos a casi dos metros del asfalto. De inmediato pensé que habíamos saltado un ‘lomo de burro’ y comencé a volantear, preparándome para el momento en que tomáramos nuevamente contacto con el asfalto”. Culminó afirmando que “tras algunos segundos, no sé, quizás 5 o 10. Reaccioné. Quise mirar por la ventanilla, pero lo único que se veía era esa luz densa”.

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Miguel Moya relatando la circunstancia vivida.

En la declaración de Miguel Moya se detalla que en un primer momento también pensó que el incidente del “vuelo” era debido a un ‘lomo de burro’ y que se asustó ante la posibilidad de un vuelco. También notó que el auto parecía flotar en el aire y no descendía. “Lo miré a Carlos (Acevedo) y lo vi rígido, con los brazos extendidos aferrando el volante y la vista clavada al frente. Parecía que estaba gritando, pero yo no oí a nada. Lo veía como a través de una niebla amarilla, como si yo estuviera distante, en otro lado”, relató.

Acevedo declaró posteriormente: “Creo que había pasado un minuto, o dos, no sé realmente, cuando sentí una sacudida leve y de inmediato tuve la impresión de que el auto estaba otra vez sobre la ruta. En ese mismo momento la luz amarilla pareció hacerse menos intensa y de a poco pude ver a mi alrededor, vi el tablero, el capot del auto. Mire por la ventanilla y vi la tierra, estábamos en la banquina de la contramano, sobre la izquierda de la ruta, totalmente detenidos“.

Abandonados y confundidos

Acevedo prosigue con su minucioso relato: “La luz dejó el habitáculo y observé que se alejaba hacia el oeste algo así como un cono de luz amarilla, pero que no terminaba en punta, sino que estaba como truncado. No sé, sería como de cuatro o cinco metros en la base y dos o tres en la cúspide, y de unos seis metros, quizás siete, de altura. La base iluminaba el terreno, aunque en realidad no se veía que era lo que iluminaba, o sea no se veía a través de la luz. Unos segundos después la luz, ¿cómo podría decirlo?, se retrajo o se levantó como una cortina, de abajo hacia arriba, y lo único que quedo a la vista fue una luz blanco-amarillenta, ovalada, que siguió rumbo al oeste hasta desaparecer en la distancia”.

Luego de unos momentos de lógica zozobra y confusión por las extrañas circunstancias vividas, Acevedo descendió del vehículo para comprobar que “todo estaba en orden” y  retomaron la ruta. Pasados apenas unos 15 minutos arribaron a una gasolinera en la localidad de Pedro Luro. Fue ese momento en que constataron que el odómetro marcaba haber recorrido solo 52 kilómetros, pero la distancia entre Viedma, ciudad de la que habían salido, y Pedro Luro es de 127 kilómetros. Algo había pasado que no pudieron entender. Los testigos se sorprendieron ante el relato de los pilotos de las extrañas circunstancias vividas.

Interviene la Policía

En la estación de servicios comprobaron otros detalles, como por ejemplo que el tanque de combustible adicional estaba inexplicablemente vacío. Los pilotos atemorizados y confundidos decidieron concurrir al destacamento policial local para realizar la denuncia de lo sucedido. En la dependencia policial fueron recibidos por el oficial inspector, Daniel Osimi, a quien relataron los pormenores del incidente y solicitaron que por favor se les facilitara custodia hasta la ciudad de Bahía Blanca. El acta policial atestigua el relato de Acevedo y Moya.

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Aquí el acta policial de la denuncia presentada por los pilotos chilenos.

El caso fue tratado extensamente por el recordado programa Ovni, conducido por Patricio Bañado y producido por la TVN de Chile. Aquí puede asistir al programa especial dedicado al tema de los abducidos en el rally:

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