El caso de Ivana Rosales: Condenan perturbadora indefensión de mujeres ante la Justicia
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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El 18 de abril de 2002 por la noche, “en la zona próxima al aeropuerto local, en el interior del rodado en el que se movilizaban, habría primero intentado ahorcarla con un alambre, y luego fuera del mismo, la golpeó con una piedra”, expresa un pasaje de la sentencia condenatoria contra el agresor de Ivana Rosales, quien sobrevivió al ataque perpetrado por su entonces pareja. Sin embargo, su internación durante casi dos meses y proceso de recuperación no pudo evitar que las secuelas físicas y neurológicas consumieran su cuerpo desencadenando su muerte en 2017.
Si la violencia expuesta en el fragmento antes citado resultara monstruosa a la simple lectura, el detalle de los padecimientos posteriores de Ivana y sus dos hijas, Abril (4) y Mayka (8), es indignante y perturbador. A tal extremo, que ante el cúmulo de pruebas el Estado argentino se vio obligado a disculparse ante la Comisión Interamericana de Derechos humanos por permitir, mediante la omisión de Justicia, las reiteradas vejaciones sufridas por las víctimas. Lo que sigue es la crónica dura de un caso de violencia doméstica e indefensión de las víctimas.
“Como casi siempre pasa”
En 1990, Ivana, entonces una joven de 16 años de edad, se traslada a la ciudad de Neuquén conviviendo allí con su novio en una pensión. Pierde un embarazo y posteriormente su novio regresa a la provincia de Mendoza. La situación económica de Ivana era precaria. Recibe una propuesta de trabajo en un restaurante de Rincón de los Sauces y no duda en mudarse. Allí es donde conoce a Mario Garoglio, quien primero le propone un mejor trabajo en la cercana localidad de Plottier. Poco después suma la propuesta de conformar una familia.
De la unión nacen dos niñas y un varón. Pero todo no era tal como lo imaginara y deseara Ivana. Al poco tiempo comenzaron a surgir en la pareja esas “pequeñas violencias” cotidianas que alertaban lo que se incubaba aunque, no fueron tenidas en cuenta. La situación de violencia intrafamiliar escaló a tal punto que Ivana, en 2002, tomó la decisión de separarse de Garoglio.
Sin embargo, él la convence y ella acepta regresar al hogar. En la noche del retorno, cuando el vehículo que conducía Garoglio tomó por un camino de tierra mal iluminado ya era tarde para Ivana. Detuvo el auto en la oscuridad y desata la brutal agresión que describieron los jueces en la sentencia.
Un vecino del lugar observó movimientos extraños en la oscuridad. Avisa a la policía. Un vehículo policial acude al lugar encontrando la cartera de Ivana con sus documentos y rastros de sangre. Ante la presunción de un delito los agentes repasan la corta guía telefónica de Plottier buscando los apellidos Garoglio y Rosales.
En tanto, Garoglio llega a su domicilio. Al abrir el baúl percibe que Ivana comenzaba a recobrar la conciencia y la golpea nuevamente: “Yo voy preso, pero vos no vivís más“, fue lo último que escuchó Ivana, semi inconsciente. No supo que Garoglio se encaminó hasta el galpón de la casa para buscar una pala. El sonido del teléfono detuvo sus pasos. Era extraño que alguien llamase a esa hora de la noche. Igual atendió. Desde la Comisaría de Plottier preguntaban por Ivana Rosales.
El parte policial indica que la respuesta de Garoglio fue: “Sí, sí, pero está descompuesta…”. “¡Llevala a un hospital, ya!”, le ordenaron, intuyendo lo peor. “Un móvil policial está yendo a tu casa para acompañarte”, agregaron para intentar evitar lo que se estaba consumando.
Garoglio no esperó. Condujo hasta la Comisaría con su mujer en el baúl. “Soy Mario Garoglio. Golpeé a mi mujer y creo que se me fue la mano“, se defendió ante el oficial de guardia. Los policías la encuentran en el baúl, ensangrentada y exánime, trasladándola de urgencia al hospital. El primer diagnóstico fue traumatismo severo de cráneo y edema cerebral. Estaba viva, pero el suplicio recién comenzaba.
Un caso aberrante
Ivana se fue recuperando lentamente. Tuvo que volver a aprender a hablar y caminar aunque mantenía dificultades de movilidad. Comenzaron los episodios de epilepsia, una de las tantas secuelas neurológicas y físicas que también tuvo que afrontar con medicación de por vida.
En forma paralela al proceso de recuperación de Ivana, el agresor fue sometido a juicio. Lo notable en el juicio fueron los alegatos del fiscal Eduardo Velazco Copello, quien pidiera una atenuante ante la ineludible condena: “Ella se lo buscó”, “no fue una buena madre ni una buena esposa”, fueron algunos de sus argumentos.
Durante el juicio se cuestionó la moralidad de Ivana -recordemos que era la víctima de un intento de homicidio- se argumentó, como si ello fuera una atenuante, que habría ocurrido una supuesta infidelidad de Ivana, y que los celos de Garoglio llevaron al triste final. Pero también hubo un tirón de orejas para el casi homicida: La supuesta infidelidad era “algo que estaba en las probabilidades de la mujer que eligió”.
Es que la abogada defensora de Garoglio expuso que era un caso de “emoción violenta” al alegar: “A que hombre le gustaría recibir un sopapo de su mujer que le dice: Sí, fui adúltera“. Ocurría que Ivana le habría expresado a Garoglio que se iría a vivir con otro hombre.
Relativizaron, también, las lesiones que presentaba Ivana. “No son tan graves, ya que no le provocaron incapacidad laboral. No le falta un brazo, una pierna o un pulmón”. En definitiva, los tres jueces Emilio E. Castro, José V. Andrada y Eduardo J. Badano, dictaminaron una condena de cinco años de reclusión por homicidio agravado en grado de tentativa con circunstancias atenuantes. El día de la sentencia Garoglio se dio a la fuga. Reapareciendo cuando la sentencia prescribió.
Libertades concedidas
El 7 de junio de 2002, a tres meses del intento de homicidio, y sin el culpable en prisión, se suspende la prisión preventiva de Mario Garoglio. Es que Ivana había solicitado que Garoglio pudiera trabajar para poder mantener a sus tres hijos. La Justicia consideró su pedido y le otorga la libertad condicional además de la tenencia de los tres niños. Sin embargo, de algún modo, fueron severos con Garoglio; recomendaron que no consumiera bebidas alcohólicas y residiera en un domicilio diferente al de Ivana.
El fallido renacer
A pesar de todo, Ivana se recuperó lo suficiente como para poder trabajar y retornar a su casa con sus hijas, que había sido ocupada por intrusos. Organizaciones civiles se interesaron por su caso y logra el auspicio del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) para acudir ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en demanda ante el Estado argentino por violación de Derechos fundamentales en juicio y maltrato.
El terror no había terminado. La paulatina recomposición familiar permitió que se abrieran nuevas heridas. El varón se fue a vivir con el padre. Las niñas, que concurrían a atención psicológica, relataron que fueron abusadas reiteradamente por Garoglio mientras este estaba a cargo de ellas. Especialmente Maika, la hija mayor, que no pudo soportarlo y se quitó la vida cuatro meses después que el padre violador fuera condenado a cuatro años de prisión (de los cuales solo cumplió dos). Corría febrero de 2012. El 6 de septiembre de 2017, a los 41 años de edad, fallece Ivana luego de una crisis epiléptica. Estaba nuevamente embarazada.
En 2019, el Estado neuquino reconoce su responsabilidad junto al Estado Nacional. El gobernador de la provincia del Neuquén, Omar Gutiérrez, acompañó al Estado Nacional en el acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional y el pedido de disculpas por las violaciones de derechos que sufrieron Ivana Rosales y sus hijas, Abril y Mayka. En el mismo evento, también se firmó el primer acuerdo de solución amistosa ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Se instituye el 6 de septiembre, día del fallecimiento de Ivana Rosales, como Día Provincial de la Lucha contra Todas las Formas de Violencias hacia las Mujeres (Día Provincial de la Lucha contra Todas las Formas de Violencias hacia las Mujeres) en la Provincia del Neuquén.
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